Al rescate del auténtico Peter Pan

El primer Peter Pan no era como lo imaginamos.

Para empezar, ni siquiera era el protagonista principal. J. M. Barrie lo creó en 1902 para su novela “The Little White Bird”, una historia (algunos críticos dicen que semiautobiografica) sobre un hombre que se obsesiona de tal modo por un niño pequeño que quiere apartarlo de su propia madre. Para atraer al pequeño se inventa la historia de Peter Pan, un bebé que puede volar y que juega con las hadas en los jardines de Kensington en Londres.

Peter Pan es un bebé especial: cuando cumplió una semana de vida dejó de crecer, pero a él tanto le daba, porque lo único que quería era salir volando por su ventana y jugar con las hadas, confiando en que siempre podría volver a su hogar. Pero un buen día, las ventanas de su casa se cerraron con gruesos barrotes y Peter Pan no pudo regresar. Su madre, además, ya lo había olvidado por completo y se dedicaba a cuidar a otro bebé.

 Ilustración de Antonio Lorente para la edición de "Peter Pan" de Edelvives
Ilustración de Antonio Lorente para la edición de “Peter Pan” de Edelvives

De esa novela de 1902, Peter Pan saltó a su propia obra. En 1904 se estrenaba la obra de teatro “Peter Pan, or the Boy Who Would Not Grow Up”, en 1906 aparecía el libro “Peter Pan en los Jardines de Kensington” (ilustrado por Arthur Rackham) y en 1911 se lanzaba otro volumen, originalmente titulado “Peter and Wendy” y que después se conoció simplemente como “Peter Pan”.

Se cree que para crear esta historia Barrie se basó en su propia relación con George Llewelyn Davies, un chiquillo de cinco años que había conocido en los jardines de Kensington cuando el perro de Barrie (que luego serviría de inspiración a Nana) corrió hacia el niño. Pronto el escritor inglés desarrolló un profundo afecto por aquel pequeño, que se extendió también a sus hermanos: John, Michael, Nicholas y Peter.

Se ha especulado hasta la saciedad hasta qué punto había un interés sexual de Barrie en aquellos chicos y la verdad es que nunca se sabrá a ciencia cierta, aunque uno de los hermanos, Nicholas, negó categóricamente cualquier comportamiento impropio al revelar que Barrie era una persona asexual que nunca había experimentado ningún “sentimiento erótico por nadie, mujer u hombre, adulto o niño”.

 Ilustración de Antonio Lorente para la edición de "Peter Pan" de Edelvives

Ilustración de Antonio Lorente para la edición de “Peter Pan” de Edelvives

Sea como fuere, la historia original de aquel Peter Pan era mucho más fúnebre y oscura que la versión excesivamente edulcorada que nos regaló Disney y que hoy damos como buena. También su dureza era premonitoria de la tragedia que se blandiría sobre aquellos niños que Barrie acabaría adoptando cuando murió su madre en 1910 (su padre había muerto en 1907): George murió en la Primera Guerra Mundial, Michael se ahogó días antes de cumplir los 21 años, John murió en 1959 después de una larga enfermedad pulmonar y Peter se suicidó en 1960, a la edad de 63 años. Sólo Nicholas falleció de causas naturales en 1980.

Después de tantas tragedias, Barrie llegó a la conclusión que su obra, Peter Pan, tenía un significado oculto que no había querido aceptar: no era, como él había pensado al principio, un niño que no quería crecer, sino uno que quería hacerlo, pero no podía. El personaje, en el fondo, más que reflejar la inocencia de la infancia, contiene una tristeza extrema.

Descifrando a Peter Pan

Son muchos los ilustradores que han puesto cara física a este curioso personaje que se refugia en “El país de nunca jamás”. Comenzando por el primero, Arthur Rackham (1906), quien fue el que más respetó el texto original, y siguiendo por Alice Woodward (1907) y F.D. Bedford (1911) hasta llegar a Oliver Herford, Thelma Gooch y Roy Best.

Todos, con una técnica impecable y un gran clasicismo formal, nos legaron una imagen onírica y dulce, excesivamente azucarada quizás, del personaje que más recientemente ha continuado el majestuoso y exquisito ilustrador y escritor australiano Robert Ingpen en la deliciosa edición del centenario de “Peter Pan y Wendy” que aquí publicó Lumen.

Imágenes de Arthur Rackham para la primera edición de “Peter Pan en los jardines de Kensington”

Imágenes de F.D. Bedford para “Peter y Wendy” (1911)

Imágenes de Alice Woodward

Pero sin duda la imagen que todos tenemos en la cabeza es el del hombrecillo de mallas y capucha verdes y una simpática gorra con una pluma roja. Es la imagen de la película de Disney de 1953 que ha dado forma al imaginario común.

Peter Pan, sin embargo, reclamaba una visión menos rígida y más rebelde, con un toque melancólico, en la línea que Barrie lo creó. El personaje pedía a gritos rescatarlo del estereotipo y devolverle la esencial original desde una mirada contemporánea.

Peter Pan reclamaba una visión menos rígida y más rebelde, en la línea que Barrie lo creó. El personaje pedía a gritos rescatarlo del estereotipo. Y eso es lo que ha conseguido Antonio Lorente.

Y eso es lo que ha conseguido el almeriense Antonio Lorente con “Peter Pan”, que aúna más de 70 dibujos de este magnífico ilustrador. El resultado, aunque solo sea a nivel cuantitativo, es prodigioso. Hay dos o tres ilustraciones por capítulo, algunas a doble página, e incluso se incorporan bocetos, como si se quisiera hacer partícipe al lector del proceso creativo.

A nivel cualitativo, además, esta edición es un festival para los sentidos: cuidada hasta el extremo, con un equilibrio perfecto entre la elegancia clásica, con regusto vintage, de las primeras ilustraciones de Arthur Rackham y F.D. Bedford, y la eclosión de color, con una rotunda composición más adaptada a los gustos actuales. El detallismo es extraordinario; la paleta de color, cálida, envolvente, un tanto nostálgica, es simplemente perfecta.

Ilustración de Antonio Lorente para la edición de "Peter Pan" de Edelvives

Ilustración de Antonio Lorente para la edición de “Peter Pan” de Edelvives

Lo más interesante de todo es que Antonio Lorente ha tenido la osadía de liberar a Peter Pan de todos los clichés para así, irónicamente, rescatarlo. Lo ha despojado del color verde y lo ha transformado en una especie de elfo del río, hippy, andrógino, pelirrojo, con pantalones roídos, y de mirada ausente y algo triste. Que la portada haya apostado por Peter detrás de una ventana con barrotes, como si intentase entrar en esa casa donde ya le han olvidado, es ya toda una declaración de principios.

En una entrevista, Lorente reconocía que se había inspirado en personajes de su entorno familiar para crear a los personajes principales: sus sobrinos, mellizos, sirvieron de base a Wendy. Para Campanilla, en cambio, optó por la modelo británica Clara Delevigne.

Ilustración de Antonio Lorente para la edición de "Peter Pan" de Edelvives

Sea como fuere, sus personajes logran tener una personalidad y vitalidad propia que sobrepasa a los de otros ilustradores. Porque, aparte de leer la historia, lo interesante aquí es observar, simplemente, a cada uno. Se nota que Lorente ha querido profundizar en cada uno de ellos, aportando incluso una mirada nueva, como si hubiese completado la historia con detalles inéditos.

Desde luego, hay que aplaudir a estos artistas que saben bucear en las historias y, más que recrear modelos de antaño, o imitar diseños caducos, son capaces de descubrir nuevos matices y proponer algo realmente rompedor y novedoso. Y hay que aplaudir igualmente a las editoriales, como Edelvives, que dejan que los artistas den rienda suelta a su imaginación sin poner trabas.

Y que apuestan por talento joven y patrio. Porque, desde luego, Antonio Lorente (Almería, 1987), licenciado en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de Valencia, tiene talento a patadas.

Él dice que dibuja desde que aprendió a gatear y que siempre se recuerda con un lápiz en la mano. Desde luego, tanto ahínco y tanta práctica le ha dado resultado: ha realizado exposiciones individuales y colectivas en España, Francia, Italia y Reino Unido y Portugal. Galerías de Los Ángeles, México y Nueva York han apostado por su obra.

Aquí en Courbett lo descubrimos con su obra “Genios”, un libro sublime, el equilibro perfecto entre lo visual y lo literario, en donde él ilustró y su hermana, Maria Jesús, elaboró los textos de veinte personalidades del siglo XX, diez hombres y diez mujeres, que destacaron por su creatividad, visión y transgresión. Ahí teníamos las señas de identidad de este ilustrador: las imágenes que se mueven entre el surrealismo y el arte pop, la mezcla de personajes reales con toques imaginarios, la expresividad de las miradas, la mezcla entre dulzura y misterio, los toques ubicuos de sensualidad y humor.  

No obstante, sería injusto no destacar que los hermanos Lorente ya habían creado dos obras anteriores, excepcionales y exquisitas, aunque más dirigidas al público infantil y juvenil: “La princesa aburrida” (simplemente, sensacional) y “Yago”.

Ilustración de Antonio Lorente para la edición de "La princesa aburrida"

Después de observar el trabajo de Antonio, la verdad es que lo primero que viene a la mente es el parecido con las ilustraciones de Benjamin Lacombe. Sin embargo, y sin desmerecer en absoluto el trabajo de Lacombe (fabuloso, sin duda), en Lorente vemos más relieve psicológico, una exploración más íntima de la psique de los personajes. La pena es más intensa, la melancolía más profunda, el humor más marcado, la sensualidad más sincera. Simplemente, una simple mirada dice más.

Observad, si no, la mirada de ese Peter Pan en la portada de Edelvives, y lo comprobaréis.

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