Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

vintage handNada parece indicar en este antiguo almacén en una calle discreta de Greenpoint, al norte de Brooklyn, que detrás de una gran puerta de acero y una pequeña placa de metal se esconde uno de los lugares gastronómicos más preciados de Nueva York. Tan sólo una antigua tetera colgando de una cuerda da una pista de que, una vez en el interior, te espera un auténtico festín para los sentidos. Y no sólo es el aroma a té que lo embriaga todo. Es el color berenjena de las paredes mezclado con el amarillo de los frascos, las maderas oscuras de las mesas y la profusión de detalles —desde las porcelanas antiguas a las macetas con helechos y los cojines rosa pálido de la zona de estar. Cada milímetro de este pequeñísimo atelier de té está pensado, cuidado y mimado para regalar a la vista encuadres perfectos y relajantes allá donde mires.

bellocqY luego está la magnífica hospitalidad de Heidi y Michael, el auténtica alma de Bellocq y los cerebros detrás de este paraíso del té. Ambos se conocieron hace años, trabajando para Martha Steward Living. Heidi Johannsen Stewart era estilista y editora gastronómica y Michael Shannon era un diseñador de producto especialista en packaging. A los dos les encantaba el té y, como su trabajo les obligaba a viajar constantemente, compraban tes allá donde iban y luego los compartían. Lo que comenzó como un bonito ritual entre dos buenos amigos se acabó convirtiendo en una idea de negocio. En 2010 les surgió una gran oportunidad: crear una tienda de té en Kings Road, Londres, donde exponer sus mezclas hechas a mano. Tan sólo tendrían dos semanas para ponerla en marcha y la tienda sería sólo, en principio, una “pop up store” (una tienda efímera que duraría unos cuantos meses). Pero lo hicieron tan bien que aquel proyecto se transformó en una tienda permanente que sobrevivió un año entero. Al final de aquella andadura, Bellocq ya había conseguido alabanzas por doquier e incluso los famosos almacenes Harrods requirieron sus productos.

bellocqLuego vino su segunda gran oportunidad: abrir su cuartel central en Brooklyn, en un pequeño local de 80 metros cuadrados, siguiendo la misma línea estética. Scott Steward, marido de Heidi e interiorista, les había diseñado en Londres la tienda y siguió la misma línea para definir una coherencia estética y crear una identidad corporativa que subrayase dos elementos clave: máxima calidad y experiencia sensorial lujosa.

Por eso Bellocq se decantó por una estética rústica con toques industriales para reforzar el aprecio por el trabajo artesanal. Los colores fuertes (el lila de las paredes, el amarillo de los frascos) se complementan a la perfección y recuerdan al sabor intenso del té. De hecho, el color berenjena de las paredes se pensó primero y de él se llegó al amarillo de los refinadísimos frascos metálicos que se amontonan elegantemente en la tienda. Todos los botes y los frascos se pensaron al milímetro para dar la sensación de estar en un antiguo boticario y las estanterías de madera, las antiguas teteras de hierro y los cuencos de fina porcelana blanca se añadieron para ofrecer un ambiente relajado con constantes toques zen.

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Aquella identidad cromática y de materiales resumía a la perfección lo que  a Heidi y Michael les había unido profesionalmente: unos mismos gustos estéticos, un aprecio por la producción tradicional artesanal y la pasión por el té.

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A partir de ahí se centraron en viajar por todo el mundo para seleccionar los mejores tés. El mundo del té, como ellos lo entienden, es semejante al del vino: la materia prima es esencial y la calidad, textura y frescura de las hojas altera el producto final. Por eso seleccionan sólo las mejores hojas de las mejores plantaciones. Cada año trabajan con más de una treintena de plantaciones, que no siempre son las mismas. Para su Earl Grey, por ejemplo, solo seleccionan té de las más altas plantaciones y optan por las hojas completas y más finas. De Darjeelings y Ceylons no tienen miles de variantes: sólo se centran en dos o tres, las más refinadas y de mayor calidad.

Además, en Bellocq distribuyen los tés más exclusivos del mundo. Está, por ejemplo, el “Da Yu Ling Oolong”, que sólo se cultiva en veinte acres en Taiwan; está el té indio de Lakyrsiew, que crece entre cobras y leopardos; y está también el té blanco de Yunnan.

bellocqDesde el atelier de Brooklyn, los tés se almacenan, se mezclan y se distribuyen a todo el mundo. Cada mezcla se hace a mano, en pequeñas cantidades, siguiendo un proceso estrictamente artesanal. Cada mezcla, además, tiene una historia detrás. Su té “The White Wolf”, el lobo blanco, por ejemplo, está inspirado en exóticas leyendas de la frontera. Lleva té blanco de China, vainilla, notas de cedro y de anís y un poco de menta. Una de las mezclas favoritas de Michael es el “Ashram Afternoon”, “que hace pensar en el cielo estrellado de la India”: lleva “Krishna tulsi”, menta, pétalos de rosa, flores de jazmín, cardamomo, anís y esencias picantes que “traen el aroma de un mercado de flores”.  Heidi se decanta por el “Bellocq Breakfast”, con hojas de té negro de la India, China y Sri Lanka; una combinación aparentemente sencilla pero que enamora por su potente olor a miel, malta y una pizca de cuero.

Junto con las mezclas, Bellocq también ofrece más de cincuenta variedades de té puro y hierbas aromáticas. También últimamente fabrican mieles, mermeladas y velas perfumadas. Y distribuyen juegos de té, porcelanas de Yixing e incienso japonés.

bellocqTodo un deleite para el paladar que se complementa con una experiencia sensorial holística. El té siempre ha sido un ritual para proporcionar placer, o al menos así debería entenderse. Y es precisamente esa experiencia placentera lo que Bellocq se esfuerza tanto en propiciar. “Bellocq no es sólo el refinamiento de los productos de mayor calidad, aunque esa sea nuestra mayor motivación, sino el lujo de encontrar un tiempo y un espacio para ti, disfrutando del placer meditativo que acompaña a una taza de té”, señala Michael. “Queremos que todo el mundo encuentre esa zona de confort que le permita dejar de pensar en problemas y complicaciones”.

Cada sorbo de té ha de transportarte. Esa es la misión. El aroma ha de traerte recuerdos de tu infancia: de los campos donde jugabas, de los bosques por donde alguna vez te perdiste. Te ha de recordar al mar, o a aquel campo de flores que viste una vez y que aún te emociona. Te ha de traer recuerdos de aquellas vacaciones perfectas, de aquel rincón perdido, de aquella mirada furtiva.

bellocq.jpgEn cuanto entras a esta pequeña joya escondida, en una zona de Brooklyn por la que transita poca gente, realmente te olvidas por un momento del mundanal ruido y te dejas llevar por el ritual de olores y la calma que se respira. A diferencia de otras tiendas de té, aquí se enfatiza la proximidad y la relajación. Heidi y Michael saben perfectamente que el té se ha vuelto un mundo de sibaritas y que la profusión de terminología hace que muchas personas no quieran acercarse por miedo a hacer el ridículo o no estar a la altura. Por eso dejan que te tomes todo el tiempo del mundo simplemente oliendo las muestras en pequeños cuencos y decidiendo cuál te gusta más. También te dan a probar varias muestras y te aconsejan al detalle pero sin intimidar.

Al final es prácticamente imposible no llevarse a casa alguna mezcla. Y si necesitas algún motivo más para acabar de convencerte, el packaging de Bellocq es precioso: elegante, refinado. Los sobres de papel con estilizadas etiquetas personalizadas, los frascos metálicos amarillos o negros, con una distinguida caligrafía.

Una pequeña joya escondida esperando a ser descubierta. Como Bellocq entero.

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