Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

vintage handComenzó a dibujar cuando era pequeña, como cualquier niño. Cuando, por fin, pudo agarrar una cera Manley y garabatear alguna superficie sólida, no necesariamente papel. A ella, lo del dibujo, además, le venía de genética: su padre, de quien se considera una total admiradora, es interiorista y también, cuando la ocasión lo requería, ilustrador freelance. Creció, por tanto, rodeada de arte y desde muy pequeña los lápices, temperas y acuarelas la han acompañado.

carmen garcia huerta
Trabajo realizado para la joyería Suárez

Hoy, esta magnífica ilustradora madrileña está considerada por la mismísima Taschen como una de las cien mejores del mundo. Y no es una exageración: su estilo, elegante y de trazo firme, estilizado y sumamente sugerente, envolvente y cambiante con el devenir del tiempo ha decorado algunas de las publicaciones internacionales de moda de más prestigio, de Vogue a Elle, y ha servido de reclamo publicitario para marcas de renombre global. Louis Vuitton, Yves Saint Laurent, Lancôme, Max Factor, Custo, Roberto Verino o la joyería Suárez han contado con ella.

Pero, más allá del puro goce estético y de la grandiosidad, de las modelos con cánones de belleza restrictivos y las representaciones fantasiosas de un mundo raramente alcanzable, hay una Carmen que transmite algo más que simple glamour. Hay una exploración íntima en muchas de sus obras, que transciende lo puramente comercial y publicitario y se sumerge en lo más profundo, complejo e interesante de la psique humana. Hay, por tanto, dos “Cármenes” o, más bien dicho, una Carmen con intereses y pulsiones distintas, a veces complementarias, a veces antagónicas, aunque siempre bien avenidas.

carmen garcia huerta

carmen garcia huerta

De hecho, lo que se ve en su obra es una continua evolución: comenzó desarrollando un estilo comercial y otro personal, centrándose en lo más lujoso para su profesión y dejando un estilo más íntimo para las obras personales. El primero era puro dibujo vectorial por ordenador con Illustrator y el otro, el verdadero, era dibujo a mano con lápices de colores.  Luego, ambos estilos fueron convergiendo. Carmen comenzó a publicar su obra privada en un blog y también a divulgarlo en alguna exposición y en algún libro. Poco a poco, el personal se impuso al comercial. Lancôme le dio la oportunidad de centrarse en su estilo más propio. La marca contó con varios artistas para crear un libro sobre uno de sus productos, Génifique, que se tituló “The Little Black Bottle”.

carmen garcia huerta

Carmen rodeó la botella de flores, con un estilo pictórico que poco a poco se fue consolidando hasta llegar a su sello personal: detallista hasta la obsesión, con un dominio rotundo de la composición y el color. El trazo me recuerda a ratos al de Egon Schiele: fuerte, firme y definido. Perfectamente pensado. En ambas obras, de hecho, hay un escrutinio de la belleza y un agudo retrato psicológico, donde las miradas sugieren mucho más de lo que dicen.

Pero si Schiele se centraba en la angustiosa soledad, en Carmen García Huerta vemos alegría y optimismo. Quizás sea por el color, omnipresente y luminoso; o quizás por la importancia de la moda.

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De la moda, a Carmen García Huerta le gusta el proceso creativo y se centró en ella un poco por azar y un poco por entusiasmo por el sector. Carmen nació en 1975 y se licenció en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó en diseño gráfico para diversas agencias de comunicación y, en 2001, inició su carrera como ilustradora de moda. Al principio, sin embargo, se le hizo cuesta arriba: le parecía un mundo demasiado inaccesible. Pero se animó a enviar su trabajo a Vogue y Elle y, para su sorpresa, la llamaron enseguida. Desde entonces, no ha parado, aunque reconoce que el sector ha pasado por altibajos. Cuando comenzó, era la época dorada de Jordi Lavanda y todas las publicaciones requerían ilustraciones; luego vino un bajón y ahora, con la redes sociales, hay una especie de resurgir de la ilustración de moda.

Ella dice (como todos los ilustradores de moda) que una de sus principales influencias es el italiano René Gruau (1909-2004), el mítico ilustrador que trabajó para los grandes: Balmain, Schiaparelli, Edward Molyneux y, sobre todo, Christian Dior, quien le catapultó a la fama mundial (fue él quien hizo los anuncios de Dior durante treinta años, comenzando por la mítica imagen del cisne con un collar de perlas para el perfume Miss Dior en 1947). Es cierto que en los trabajos de Carmen Garcia Huerta, como en los de Gruau, se realza la elegancia y se subraya la delicadeza y la distinción. El uso del color también es impecable en ambos casos y, sobre todo, las composiciones son en los dos autores sobrias y sencillas, centrando la atención en un solo punto, sin recargar la imagen. Ambos son capaces de decir mucho con poco. Pero a Carmen García Huerta le interesa el detalle y Gruau se centra en los grandes trazos. A Carmen García Huerta le gusta la arruga, el pliegue, el ínfimo pliegue y cobertura que ofrece un realce, que apuntala la personalidad de la obra.

carmen garcia huerta
Ilustraciones de Carmen Garcia Huerta para la revista Vein

 

Hay otra gran referencia: la francesa Jeanne Detallante, con un estilo bohemio y fascinante a partes iguales y que explora con sus imágenes los arquetipos de los cuentos de hadas, los mitos y leyendas que pueblan el mundo de los sueños. Hay en ambas una pasión por el color, aunque en Detallante vemos una clara influencia de los sesenta y en Carmen el enfoque es más moderno.

Podemos dar más referencias: a la Carmen le gustan los trabajos de Berto Martínez, Ricardo Fumanal, Ana Juan, Carla Fuentes, Paula Bonet, María Herreros y de los jovencísimos Ignasi Monreal (el pintor que ha trabajado para Gucci) y la francesa Inés Longevial.

Una de las cuestiones que más me gustan de ella es que, a pesar de vivir en un mundo, como el de la moda, pendiente continuamente de las apariencias y obsesionado con la reputación online, Carmen llegó tarde a las redes sociales y se apuntó a Instagram cuando ya había multitud de ilustradoras con miles de seguidores; aún hoy se considera de la vieja escuela. Todo un soplo de aire fresco para un mundo excesivamente saturado de influencers. Por no decir que es toda una declaración de principios y muestra de una gran personalidad.

 

carmen garcia huerta

 

Ella, que se mueve en el mundo del lujo más exquisito, sigue siendo una persona con los pies firmemente en el suelo y la cabeza perfectamente amueblada. Las tonterías frívolas, por no decir las auténticas pijadas, no le van en absoluto.

Entiende el mundo del lujo como lo que realmente es: pura artesanía de alto nivel hecha por manos expertas. Nada de estridencias o salidas de tono con el único afán de provocar. El lujo, cuando se entiende como se ha de entender, significa sencillez, calidad, distinción serena y elegante.

Y ella transmite esa sensación elusiva de sofisticación como pocas. Como prácticamente nadie.

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