El extraordinario y misterioso mundo imaginario de Beatriz Martín Vidal

Cuando era pequeña era una lectora voraz, aunque no todas las lecturas le marcaron e, irónicamente, ningún álbum ilustrado le impresionó. Con el tiempo, Beatriz Martín Vidal, esta exquisita ilustradora vallisoletana, recordaría “La historia interminable”, “Alicia en el país de las maravillas” y colecciones infantiles como las de Alfaguara. Sobre todo, destacaría aquellas historias que creaban un mundo donde ella podía, de algún modo, participar y jugar, como Robin Hood e Ivanhoe. Y luego, claro, estaban los cómics y el cine. 

Pero, sobre todo, hubo una experiencia que le marcó para siempre

Ilustración de Beatriz Martín Vidal
Ilustración de Beatriz Martín Vidal para Caperuza (editorial Thule)

La pequeña Beatriz Martín, nacida en Valladolid en 1973, vivía en la casa de al lado de la escultora Ana Jiménez, la tía Ana como la acabó llamando, y con ella aprendió el proceso creativo y lo asumió como algo natural, cotidiano y con lo que podía ganarse la vida. 

Así, aunque comenzó estudiando Derecho, pronto fue a Salamanca a estudiar Bellas Artes. Gracias a una asignatura de Ilustración que impartía Miquel Ángel Fernández-Pacheco se enamoró de la disciplina. De ahí que se centrara luego en estudiar esta disciplina en la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid. Y menos mal que lo hizo. 

Tan sólo hay que observar por encima sus obras, de “Birgit” a “Bird”, de “Enigmas” al reciente “El truco más asombroso del mundo”, publicado el año pasado por Thule, para darse cuenta de que, además de un dominio técnico rotundo, en sus creaciones destaca una poética visual cautivadora, exquisita y enigmática, con toques de ternura o de misterio, incluso de clara melancolía y tristeza. 

Desde 2007, Beatriz Martín Vidal no ha parado de crear imágenes de claro estilo figurativo y simbólico, con una perspectiva más lírica que realista. Un estilo que combina detallismo y un carácter de esbozo al mismo tiempo, enfatizando la delicadeza de trazo y una gran carga emocional en cada mirada y gesto. 

Con un claro estilo figurativo y simbólico, Beatriz Martín Vidal combina detallismo y esbozo, dulzura y tristeza, enfatizando la delicadeza de cada trazo y la carga emocional de cada mirada y gesto

Sorprenden, además, en su obra dos características: el carácter casi estático de las figuras, con muy poco movimiento, que sin embargo son capaces de aportar dinamismo y recrear con suaves trazos narrativas enteras. Y, en segundo lugar, una relación con el color que se ha ido afianzando con el tiempo, que ha ganado protagonismo, pero que comenzó tímidamente, incluso de manera difícil. 

Al principio de comenzar Bellas Artes, de hecho, se decantó claramente por el dibujo monocromático. Le gustaba el volumen, la sombra, los matices, pero le costaba integrar el color. Hasta que en quinto de carrera, el profesor de Dibujo le dijo que era parte de su estilo y que no se agobiase. No se reconciliaría con el color hasta más tarde, cuando entendió que podía emplearlo como un poderoso elemento narrativo. 

Ilustración de Beatriz Martín Vidal para "El truco más asombroso del mundo" (editorial Thule)
Ilustración de Beatriz Martín Vidal para "El truco más asombroso del mundo" (editorial Thule)

Pero no adelantemos acontecimientos. Volvamos a los inicios de su carrera. Después de estudiar Ilustración en Valladolid, Beatriz Martín Vidal pronto tuvo dos encuentros que le cambiarían la vida. Fue en un viaje a la Feria de Bolonia: allí conoció a Helen Chamberlain, de la australiana Lothian Books, y a Antonio Ventura, de Anaya. Ambos le dieron la posibilidad de comenzar a trabajar. 

Ventura le ayudó para que en 2007 Beatriz Martín ilustra para AnayaMetamorfosis” de Ovidio y “Los cazadores de pájaros” de Antonio Ramos para la editorial mexicana Progreso

Con Chamberlain, el primer encuentro no podría haber sido más casual: Beatriz se acercó al stand de la editorial porque había un libro que le gustaba, comenzaron a charlar, la vallisoletana le enseñó su trabajo y la australiana le pidió que le enviara una historia entera. 

El resultado sería “Secrets”, publicado en 2008, y en donde exploraba la magia de los pájaros y cómo los niños necesitan el espacio y el apoyo para soñar, maravillarse y explorar para que así pudieran volar un día. Sería el primer gran ejemplo de su particular estilo: la fuerza de la imaginación, la elegancia formal, la carga emocional, con un gran tono melancólico, la sensación de calma, la discreción en el movimiento. 

A partir de estos prometedores inicios, Beatriz se centró en ilustrar libros de otros. Así vinieron más de 30 obras para editoriales nacionales y extranjeras tanto en formato álbum (como “El pacto del bosque” o la “Caperucita Roja”) o libros ilustrados (como “Drácula” o “El vampiro y otros cuentos”). 

Birgit, historia de una muerte

Destaca de esta época “Birgit, historia de una muerte”, de Godrun Mebs, publicado en El Jinete Azul en 2011 (traducción de Moka Seco). Es una historia durísima de una niña que explica la enfermedad de su hermana, que acaba muriendo. 

La inmensa carga emocional del texto exigía que la ilustración reflejase el dolor pero no incrementase la pena. Por eso, elegantemente, optó por un dibujo sereno y sobrio, ciertamente triste pero de una gran dulzura, en donde la niña iba desapareciendo envuelta en pétalos de flores que la envuelven progresivamente. 

El blanco y negro de la imagen, con escuetos tonos de color, refuerzan la tez mortecina de la pequeña, y el volumen, casi escultórico, de la imagen, con un fondo neutro, avisa ya del triste final: es como una estatua mortuoria que espera con absoluta serenidad su destino. No hay dolor en el rostro, ni tan siquiera resignación o miedo. Hay simplemente inocencia ante una situación que desconoce y no controla, como si tan solo se estuviera durmiendo. 

Imágenes de Beatriz Martín Vidal para el libro Birgit

Caperuza

Lo de envolver a la protagonista en pétalos de flores se mantuvo en su siguiente obra en solitario, “Little Red”, publicada en el 2012 por la editorial italiana Logos y que aquí trajo Thule con el título de “Caperuza”. 

La obra parte del cuento clásico de Caperucita, pero desde una óptica nueva. Se centra en tres momentos clave: la investidura del personaje con la capa y la caperuza, las preguntas al lobo disfrazado y la fuga de la panza de la fiera. 

A Beatriz Martín Vidal, que ya había ilustrado el cuento de la Caperucita para la editorial Oxford en 2010 siguiendo pautas más tradicionales, le preguntaron si no se aburría de recrear el mismo personaje y volver a la misma historia. Ella contestó que “un músico no se aburre cuando interpreta una pieza de Beethoven. No sólo no me aburrí, sino que podría hacer diez caperucitas, y ya llevo dos. Tiene tantas resonancias, la interpretación es tan amplia y abierta, si bien hay dos versiones que recopilan y crean el canon, todos podemos versionarla e interpretarla”. 

Portada de Caperuza de Beatriz Martin Vidal (ediciones Thule)

Enigmas

Que no se cansó lo demostró en “Enigmas”, de 2016, donde se plantea diferentes preguntas sobre algunos de los protagonistas de los libros infantiles más célebres, rompe esquemas y descubre nuevos recovecos en las historias. Era un libro que, según la autora e ilustradora, “necesitaba hacer después de haber trabajado tanto sobre textos de otros autores”. 

Es un libro de una imaginación desbordante y de una gran inteligencia que en un principio se iba a denominar “El libro de las preguntas”. E interrogantes, desde luego, plantea. ¿Qué soñó la Bella Durmiente durante cien años? ¿Por qué volvieron con sus padres Hansel y Gretel? Además, muchos no saben que hay una Caperucita Blanca ni una Caperucita Negra a la que temen hasta los lobos. Tampoco se conoce que Blancanieves tenía una hermana, Rosa Roja

Desde el punto de vista estilístico, aquí destaca un inteligentísimo uso del texto como elemento que, más que vertebrar, da un giro inesperado a las ilustraciones. Texto e imágenes no se tocan: las preguntas se presentan a doble página con un pequeño motivo en blanco y negro y, en una gran ilustración, hecha a óleo, se nos invita a ver la historia desde puntos de vista distintos. Hay momentos congelados, sin excesivas pistas, que invitan a la reflexión. 

Ilustración de Hansel y Gretel para el libro Enigmas de Beatriz Martín Vidal (editorial Thule)
Ilustración del libro Enigmas de Beatriz Martín Vidal (editorial Thule)
Ilustración del libro Enigmas de Beatriz Martín Vidal (editorial Thule)

Bird

El “Bird”, aquí publicado en 2017 como “Pájaro”, tenemos otra vez esta técnica de presentar los elementos con la mínima información, desprovistos de pistas, pero al mismo tiempo, llenos de potencial narrativo. Es, sin duda, una de sus obras más sugerentes y, a pesar de la aparente sencillez, más complejas, o al menos, mejor trabada. 

Imagen de Bird de Beatriz Martín Vidal

En “Pájaro”, simplemente, no hay texto, lo que transforma al lector en el creador de la historia o de detective de historias, porque en realidad hay dos secuencias interconectadas. Sin embargo, las ilustraciones, quizás las más perfectas de Martín Vidal, te acompañan y te envuelven y te integran en una historia que viene a decir, en el fondo, dice que cuando un viaje llega a su fin, otro comienza. Hay que prepararse para la nueva partida, para crecer, cambiar y emprender nuevos rumbos. 

La sencillez de la composición, con un solo personaje por ilustración, o un pájaro, ofrece una pátina de sencillez y calma, reforzada por una mínima paleta de blancos y negros, prácticamente monocromática, y una técnica más cercana al dibujo que a la pintura. De hecho, la base de las ilustraciones es grafito sobre papel gris de grabado, complementado esporádicamente con aguadas ligeras de acuarela, toques de gouache blanco y algunas motas de pintura dorada. 

El conjunto, sin embargo, es una gran potencia visual, embriagadora y elegante. 

Querida tía Agatha

“Te esperamos pacientemente, disfrutando de la calma y la tranquilidad de esta hermosa primavera. Con amor, tus sobrinas, Louise, Emma y Alice.”

La tía Agatha ha de partir y sus sobrinas se quedan solas en la casa. Éstas deciden escribir le una carta para decirle que etán perfectamente y, a través de la misiva, descubrimos que Louise, Emma y Alice viven en una casa victoriana en un mundo alejado por completo de lo convencional. Una casa que tiene a arpías en el invernadero y ballenas en el estanque del jardín. Tampoco las tres niñas siguen los estereotipos: los estornudos de Alice, por ejemplo, están llenos de flores; a Emma le encanta flotar mientras leer.

En conjunto, “Querida tía Agatha” (Thule, 2016) es quizás el libro más conseguido a nivel de conjución entre historias e ilustraciones. También son las imágenes más completas y más clásicas, en el sentido que transmiten una elegancia decimonónica, serena, misteriosa y fantasiosa.

Ilustración de Beatriz Martín Vidal para Querida tía Agatha (Thule ediciones)
Ilustración de Beatriz Martín Vidal para Querida tía Agatha (Thule ediciones)
Ilustración de Beatriz Martín Vidal para Querida tía Agatha (Thule ediciones)

El truco más asombroso del mundo

Siempre es un placer ir descubriendo nuevos trabajos de esta sensacional ilustradora y autora. Afortunadamente, el año pasado nos sorprendía de nuevo con “El truco más asombroso del mundo”, su libro más colorido.

Es un libro de una gran inteligencia que sorprende, como ya es habitual en esta autora e ilustradora, por su originalidad. Una niña practica un truco de magia ante el lector. El truco no es novedoso, muchas veces hemos visto a un mago sacar un conejo de la chistera. Lo que resulta completamente asombrosa es la explicación de cómo lo ha hecho, porque entonces la fantasía rompe las normas de la realidad a la que todos estamos acostumbrados.

Y hasta aquí podemos leer. Simplemente os recomendamos que no os lo perdáis.

Ilustración de Beatriz Martín Vidal para "El truco más asombroso del mundo" (editorial Thule).



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