El fenómeno Alexandria Ocasio-Cortez llega a Netflix: el documental que explica el origen del mito

El 9 de noviembre del 2016, un día después de la victoria de Donald Trump en las presidenciales, la documentalista Rachel Lears decidió que necesitaba volver a creer en la política. Hacía pocos meses que había sido madre por primera vez y, con un bebé de ocho meses en brazos, entendió que no podía dejar que el pesimismo y la apatía le ganaran la partida. “Necesitaba encontrar algún tipo de esperanza”, explicó. “Se lo debo a mi hijo no convertirme en una cínica sobre el futuro”.

Así que Rachel Lears, junto con su marido, el guionista Robin Blotnick, decidió hacer lo que mejor sabe hacer: un documental sobre personas que luchan contra injusticias y que creen en un mundo mejor. 

En el 2014, Lears había destacado en esta línea argumental con “The Hand that Feeds”, que denunciaba las duras condiciones laborales de una famosa cadena de panaderías del Upper East Side, la zona más afluente de Nueva York. Ahora, Lears iba a documentar cómo un grupo de activistas en los “grassroots” demócratas reaccionaban, se organizaban y luchaban contra las estructuras anquilosadas de su propio partido en las primarias demócratas para las elecciones legislativas estadounidenses, las “midterms”.

Documental de Alexandira Ocasio-Cortez "Knock Down the House"

La palabra Trump no sale ni una sola vez en el documental “Knock Down the House” y Bernie Sanders tampoco es el protagonista, aunque su sombra es alargada. El foco se quiso poner en personas anónimas que se habían levantado frente a la adversidad, que representaban un modelo diferente al típico “hombre blanco, de orígenes privilegiados” que se había olvidado de los problemas reales de los ciudadanos de a pie.

“Sinceramente”, desveló Blotnick con gran sentido de la realidad, “estábamos totalmente preparados para que los candidatos que habíamos elegido perdiesen”.

La primera cuestión era por dónde comenzar. Lears se puso en contacto con “Brand New Congress” y luego con “Justice Democrats”, organizaciones (las famosas “PACs” estadounidenses) que se encargaban de reclutar candidatos nóveles y progresistas que quisieran cambiar el sistema. Lears entrevistó dos docenas de ellos y, finalmente, seleccionó a cuatro mujeres, la mayoría de las cuales todavía no había ni siquiera inscrito formalmente su candidatura electoral.

Eran Cori Bush, una enferma negra de Saint Louis; Paula Jean Swearengin, la hija de un minero de West Virginia; Amy Videla, una madre de Nevada que había perdido a su hija de 22 años por no tener seguro médico; y una joven nacida en el Bronx que había turnos dobles en una taquería mexicana. Se llamada Alexandria Ocasio-Cortez.

Por aquel entonces no se podía intuir el fenómeno en que se convertiría Ocasio-Cortez y ahí precisamente reside uno de los puntos fuertes del documental: el acceso privilegiado y amplísimo a los orígenes de una estrella en ciernes.

Sin embargo, también ahí radica el principal escollo de la producción: la personalidad carismática y arrolladora, ciertamente telegénica, de Ocasio-Cortez domina los 86 minutos de emisión. El resto se han de contentar con pocos minutos y Cori Bush, que es precisamente la que menos posibilidades tenía de ganar, tan sólo aparece en un par de escenas.

La directora del documental se excusó diciendo que, dado el escasísimo presupuesto con el que contaba, no pudo viajar para grabar a las candidatas tanto como le hubiese gustado y que, por ello, se centró más en Ocasio-Cortez al vivir ambas en Nueva York

En parte, la justificación es perfectamente válida: Lears sólo contaba inicialmente con el dinero que consiguió a través de Kickstarter (recaudó 28.111 dólares, lo que le permitió cubrir gastos durante un año). El presupuesto era tan exiguo que Lears no sólo dirigió, sino que grabó ella sola todo el documental (llevaba cada día encima un equipo de grabación que pesaba 9 kilos) y fue su marido, Robin Blotnick, quien editó todo el material. 

Tan sólo cuando Ocasio-Cortez ganó las primarias del Bronx contra el demócrata Joe Crowley y se convirtió en una estrella de la noche a la mañana, Lears pudo ampliar el capital para su proyecto. Luego “Knock Down the House” triunfó en Sundance y Netflix lo compró (según el New York Times, por diez millones de dólares, una cifra récord para un documental). Pero para entonces las primarias ya habían acabado y el resto de candidatas habían perdido sus respectivas contiendas. 

Sin embargo, la presencia de las otras protagonistas es, de hecho, lo más interesante del documental. Ninguna es famosa, ninguna va a ser una estrella, ninguna recibe más atención mediática que unos escasos minutos en un documental y un par de líneas en periódicos locales. Pero son ellas las más humanas, las que más han sufrido en sus vidas y, seguramente, las más idealistas. 

También son las que pierden. 

Las tres historias personales son inspiradoras. Paula Jean Swearengin, de familia de mineros, es madre soltera de cuatro hijos y vive en Coal City, West Virginia, un estado tradicionalmente republicano (Trump ganó allí en 2016). Swearengin perdió a su abuelo y a varios de sus tíos por enfermedades pulmonares derivadas del trabajo en las minas y muchos de sus vecinos sufren cáncer a consecuencia de la contaminación. De ahí que centrase su campaña en temas medioambientales y en la defensa de la clase obrera contra los abusos de poder. 

Pero su contrincante, el demócrata moderado Joe Manchin, que lleva en política tres décadas, tenía toda una maquinaria en marcha, recaudó seis millones para la campaña (Swearengin, sólo 200.000 dólares) y ganó. 

La motivación de Amy Vilela para entrar en política también era familiar. “Decidí entrar en política después de la muerte innecesaria de mi hija, Shalynne, a causa del sistema sanitario sólo basado en obtener beneficios”. 

En su juventud, Vilela supo lo que era la pobreza, fue madre en la adolescencia y, con mucha ayuda y determinación, llegó a la universidad y se convirtió en directora de contabilidad. Pero cuando creía que había alcanzado el sueño americano, todo se desmoronó. 

Su hija, de 22 años, estaba estudiando enfermería. Un día del 2015 volvió a casa con una pierna hinchada. Unos días más tarde, se cayó y comenzó a tener unos dolores insoportables. En el hospital le preguntaron sin tenía seguro médico y, al decir que no, en vez de hacer pruebas exhaustivas, le hicieron una radiografía, le pusieron una rodillera y la enviaron a casa. Lo que realmente tenía, sin embargo, era un coágulo que, cuando explotó, generó una embolia pulmonar que le causó la muerte. 

Desde entonces, Amy Vilela no ha parado de luchar por mejorar el sistema sanitario público y su campaña se centró en este punto. Su implicación con la campaña fue tal que dejó su trabajo como directiva, vendió su casa e incluso contrajo deudas. Pero, finalmente, sus intentos fueron un fracaso: sólo obtuvo 3.388 votos; el ganador, el demócrata Steven Horsford, se llevó 22.730. La imagen de Vilela en un sofá, llorando desconsolada mientras la intentan reconfortar su marido y sus hijos es especialmente emotiva. 

Cori Bush lo tenía todo en contra desde el principio. Cori es una enfermera negra de Missouri que supervisa los servicios de enfermería de varios equipamientos de salud mental de Saint Louis que ayudan a personas pobres o sin cobertura médica.  Durante los altercados de Ferguson no dudó un segundo en ir corriendo a ayudar a los heridos. 

En las primarias demócratas, se enfrentaba a otro candidato negro, William Lacy Clay, cuyo padre ya había ocupado el escaño de congresista que luego adoptó su hijo. En total, los Clay llevaban representado en el Congreso al primer distrito de Missouri desde 1969. En una de las pocas escenas que se le dedican, Cori tiene que aguantar cómo un votante le dice que prefiere votar a alguien con experiencia en el cargo. En otra escena, sale Cori Bush en la noche electoral, el 7 de agosto, dando un discurso aceptando la derrota a lágrima viva. “Muchos de vosotros pedíais cambios después de Ferguson; no parece que hayáis votado por el cambio”, se lamenta una voz en off de un locutor de televisión al explicar la derrota de Cori Bush

En la siguiente escena, el documental se vuelve a centrar en Ocasio-Cortez. Puntualicemos: todo el documental se centra en Ocasio-Cortez. De hecho, comienza y acaba con ella. 

A still from Knock Down The House by Rachel Lears, an official selection of the U.S. Documentary Competition at the 2019 Sundance Film Festival. Courtesy of Sundance Institute | photo by Rachel Lears All photos are copyrighted and may be used by press only for the purpose of news or editorial coverage of Sundance Institute programs. Photos must be accompanied by a credit to the photographer and/or ‘Courtesy of Sundance Institute.’ Unauthorized use, alteration, reproduction or sale of logos and/or photos is strictly prohibited

En la primera escena del documental, Ocasio-Cortez mira al espejo mientras se maquilla y se lamenta de que hay diferentes estándares para hombres y mujeres. Los candidatos hombres, explica, sólo necesitan dos “outfits”: un traje o un pantalón y una camisa con las mangas enrolladas. 

Por aquel entonces, cuando comenzó la grabación, Ocasio-Cortez todavía no había decidido del todo si quería presentarse y en el documental vemos, de hecho, cómo rellena la documentación para inscribirse en las primarias. 

Tampoco habla demasiado de política ni de ideología ni desmenuza propuestas detalladas. Lears quería centrarse en la “dimensión humana” de candidatas y Ocasio-Cortez, que había colaborado con Bernie Sanders, quería explicar cómo organizar una campaña progresista cuando no tienes recursos y eres una persona de clase trabajadora que apenas tiene contactos. 

De ahí que veamos a Ocasio-Cortez en el pequeño y destartalado apartamento que compartía con su novio, Riley Roberts, un tipo realmente comprensivo que trabaja de consultor de páginas web y no tiene una presencia demasiado destacada en las redes sociales. Vemos a Ocasio-Cortez cargar hielo en su trabajo, preparar cócteles y quejarse de que su voz sube una octava cuando se pone nerviosa.  Escuchamos a la madre de Ocasio-Cortez hablar de anécdotas de la infancia de su hija y de la determinación que ya mostraba de niña. Nos deleitamos con imágenes antiguas de un recital de piano de la pequeña Alexandria

“El documental sirve en parte como una especie de memorias a lo “Dreams from My Father” [el libro de memorias que Obama escribió mucho antes de ser famoso], pero centrado en una política millenial que no necesita escribir un libro mientras tenga una cuenta de twitter y otra de Instagram”, escribió la periodista Amy Nicholson para la revista “Variety”. 

Y tiene razón, pero sólo hasta cierto punto. Es cierto que el documental humaniza a Ocasio-Cortez y explica que hay una persona detrás de la estrella. También refuerza el poder que tienen las “narrativas personales” en la creación de un mito. 

Pero no todo es biografía. “Knock Down the Congress” es también un manual sobre cómo organizarse y triunfar, sobre cómo vencer al temible Goliat. 

Que Ocasio-Cortez tiene una voluntad férrea y ganas de ganar se nota desde la primera imagen, cuando, después de reflexionar sobre trajes, lanza una pregunta ciertamente retadora: “¿Cómo te preparas para algo que no sabes que está llegando?”

La respuesta que le hubiese dado su contrincante, Joe Crowley, si la hubiese podido escuchar entonces, cuando a Ocasio-Cortez sólo la conocían familiares y amigos, hubiese sido algo así como: “De ninguna manera”. Porque, es verdad, Crowley no se podía ni imaginar lo que le venía encima. 

Y quién lo pudo ver realmente, sería la gran pregunta. Siendo sinceros: prácticamente nadie excepto una señora con una cámara llamada Rachel Lears. Crowley, desde luego, no podía ni intuirlo. Ocho meses antes de las primarias demócratas de Nueva York era el cuarto demócrata más influyente del Congreso. Las primeras encuestas le daban una ventaja de 30 puntos sobre Ocasio-Cortez. 

Tan seguro estaba de que su contrincante no tenía nada que hacer que al primer debate no se presentó él, sino que envió a una ayudante, la antigua concejal Annabel Palma

Ocasio-Cortez no se rindió. Trabajar más duro que nadie, llegar donde otros no se han atrevido parece ser su mantra personal, el verdadero eslogan de la campaña. También saber que le iban a poner obstáculos en el camino una y otra vez. 

Para poder inscribirse en las primarias demócratas, por ejemplo, necesitaba algo más de 1.000 firmas; ella consiguió 10.000, a sabiendas que la junta electoral (cuyos miembros habían sido todos designados por Crowley) iban a rechazar y desacreditar a cuantos signantes pudiesen. 

“De cada 10 rechazos consigues una aceptación, y así es cómo se gana”, le explica Ocasio-Cortez a su sobrina mientras reparten propaganda por las calles. una lección que seguramente la sobrina no olvidará jamás. 

La valentía y determinación de esta antigua camarera del Bronx es, desde luego, encomiable. Cuando otra de las protagonistas del documental pierde, Ocasio-Cortez la llama para consolarla y le reconoce que “es la realidad que para que una de nosotras pueda seguir adelante, un centenar tienen que intentarlo”. 

Es el resumen perfecto del documental: no va de cómo se crea una estrella, sino del coraje necesario para asumir un riesgo enorme aún cuando sabes que vas a perder. 

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