El mundo mágico de Jill Barklem

Desgraciadamente, por estos lares los cuentos de Jill Barklem se conocían muy poco. Menos mal que Blackie Books acudió al rescate y lanzó el año pasado la serie de libros de estaciones con los que esta ilustradora inglesa, fallecida hace un par de años, comenzó en 1980 su saga de «Brambly Hedge«, el seto de las zarzas, una exquisitez visual, increíblemente detallista, basada en la vida de unos bucólicos ratoncillos de campo que viven entre rosas, saúcos y zarzas.

Son, desde luego, la mejor manera de comenzar a descubrir el mundo fantástico de Jill Barklem, una ilustradora amante de la naturaleza y con una extraordinaria capacidad de observación que llegó a las Bellas Artes por accidente y se consolidó como la perfecta heredera de la tradición literaria (y sobre todo visual) de Beatrix Potter, Alison Uttley y de la americana Tasha Tudor.

Las cuatro adoraban la vida rural y tradicional. Tasha Tudor llegó incluso al extremo de recrear la vida del siglo XIX: sembraba, hilaba, tejía, ordeñaba cabras, recogía huevos, vestía largos vestidos con delantales, jerseys tejidos por ella y pañuelos en el pelo. Jill Barklem no llegó tan lejos, pero en sus ilustraciones se puede observar su pasión por los bosques de Epping, la localidad donde nació en el condado de Essex, en la zona conocida como «Lake district«.

Ilustración de Jill Barklem para la saga de "El seto de las zarzas" (editorial Blackie Books)
Ilustración de Jill Barklem para la saga de "El seto de las zarzas" (editorial Blackie Books)
Ilustración de Jill Barklem para la saga de "El seto de las zarzas" (editorial Blackie Books)

Jill Barklem nació como Gillian Gaze el 23 de mayo de 1951 en Epping. Sus padres, John e Ivy Gaze, regentaban «Pynes Store», una suerte de colmado antiguo. Cuando era pequeña, lo que más le gustaba a Jill era observar la naturaleza y se pasaba horas en el jardín de su casa observando a las arañas.

A los trece años, Jill sufrió un accidente en el colegio y sufrió un derrame de retina que la alejó de los deportes y le obligó a concentrarse en materias como el arte o la botánica. Se especializó en láminas de flores y de ahí surgió una pasión por el dibujo que la llevó a estudiar Bellas Artes en la prestigiosa «St. Martin’s» de Londres.

Pero llegar a la universidad cada día implicaba un largo viaje en trenes llenos a rebosar de pasajeros. Jill odiaba aquellos trayectos («eran inmundos, como un trozo del infierno«) y para evadirse se concentraba en el paisaje. Así comenzó a dar forma en su imaginación a la historia de unos ratoncitos con rasgos humanos, inspirados en la era eduardiana, que se pasan el día recolectando alimentos, preparando mermeladas y conservas que guardan en el «Almacén del Tronco» y preparándose para celebrar grandes fiestas en los días más importantes, ya sea un cumpleaños, una boda o la llegada de la primavera.

Así surgió la historia de muchas familias de roedores que, durante generaciones, construyeron sus hogares entre las raíces y los troncos de los árboles del «Seto de las Zarzas», un frondoso paraíso de mil colores entre los campos llenos de luz al otro lado del río.

Ilustración de Jill Barklem para la saga de "El seto de las zarzas" (editorial Blackie Books)
Ilustración de Jill Barklem para la saga de "El seto de las zarzas" (editorial Blackie Books)

Pero hasta que los libros de «Brambly Hedge» vieron la luz pasararon todavía unos cuantos años. Jill comenzó a documentarse exhaustivamente sobre cómo sería una comunidad agrícola autosuficiente e introdujo instrumentos antiguos de agricultura. Así, los ratoncitos se tejen en grandes telares y muelen el trigo en un molino de agua. Muchos de los árboles y arbustos son fácilmente reconocibles en los bosques de Epping. Un apartado especial merecen la recetas y las innumerables conservas que producen. En su propia cocina, Jill recreó la comida para asegurarse que todos los ingredientes eran los adecuados.

Con tanto detalle, no es de extrañar que Jill Barklem tardara dos años en crear un sólo libro. De hecho, algunas de las ilustraciones necesitaron tres meses de trabajo.

Ilustración de Jill Barklem para la saga de "El seto de las zarzas" (editorial Blackie Books)
Ilustración de Jill Barklem para la saga de "El seto de las zarzas" (editorial Blackie Books)

Pero el esfuerzo, al principio, parecía que iba a ser en vano. Su marido, David Barklem, le animó a enviar el libro a editoriales. Pero el hecho que no saliese ni un sólo humano y que no hubiese historietas más allá del día a día de los ratones hijo que muchos sellos editoriales rechazaran publicarlo.

Jill no se rindió. Agarró el teléfono y llamó a Jane Fior, de la editorial William Collins, quien le reconoció que no había prestado la más mínima atención a sus dibujos, pero que le animaba a enviar de nuevo su portfolio. «Cuento de invierno«, «Cuento de primavera«, «Cuento de verano» y «Cuento de otoño» salieron publicados en 1980. El éxito fue inmediato.

Tanto, que después de los libros de las estaciones, en 1983, llegó «La escalera secreta«. En 1986 publicó «The High Hills«, en 1990 vio la luz «Sea Story» y «Poppy’s Babies» llegó en 1994. En total, toda la saga ha vendido más de siete millones de ejemplares y se ha traducido a más de 13 idiomas. Ha habido adaptaciones a la televisión. La primera fue «Winter Story«, que apareció el día de Navidad de 1996. Aquí os dejamos un pedacito.

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