Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

vintage handDe entre las bestias fantásticas, en la Edad Media se hablaba mucho del unicornio, un caballo blanco y pequeño, con patas de antílope, barba de chivo, cola de león y un largo cuerno en la  mitad de la frente. Se creía que este cuerno era mágico y les protegía de los hechizos y los conjuros; un simple roce de esta poderosa asta podía curar heridas. Pero tocar a un unicornio no era tarea fácil; eran animales solitarios y siempre invisibles a las personas de corazón impuro. Ahora bien, si llegabas, no ya a tocarlos, sino a montarlos, se volvían tus más valerosos y leales servidores, dispuestos incluso a arriesgar su propia vida para proteger a sus jinetes. Además, si conseguías un cuerno de unicornio, podías desmenuzarlo y comértelo; se decía que te protegería contra el veneno y te conferiría la inmortalidad.

En la Antigüedad, se creía realmente que los unicornios existían. Un historiador del siglo IV a.C. llamado Ctesias los describía como un asno salvaje, semejante en tamaño a un caballo, con cabeza de color púrpura, ojos y dientes azules, pelaje blanco y con un cuerno blanco en la base, negro en el centro y rojo en la punta. Plinio el Viejo lo describió “semejante por cuerpo al caballo, por la cabeza al ciervo, por las patas al elefante, por su cola al jabalí. Un largo y negro cuerno se eleva en medio de su frente”. Según Plinio, el principal enemigo del unicornio era el elefante. Cuando se enfrentaban en combate, el unicornio lo embestía con su cuerno y el elefante no se recuperaba de las mortales heridas.

 

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Con el paso de los siglos, las descripciones de los unicornios se hicieron más sublimes y los poderes curativos de su cuerno más poderosos. La nobleza pagaba grandes sumas de dinero por polvos de supuestos cuernos de unicornio; reyes y príncipes hasta bien entrado el siglo XVII pagaban fortunas por vasos y cubiertos fabricados de unicornio para protegerse contra envenenamientos porque se creía que los mangos de los cubiertos hechos con este material se ennegrecerían si detectaban alguna substancia peligrosa en la comida.  Se tejieron tapices con unicornios, los pintores los retrataron en cuadros, reyes y nobles lo adoptaron como símbolo de poder, y lo inmortalizaron en estandartes y escudos. Aún hoy, el escudo de armas de la familia real inglesa incluye a un unicornio.

unicornioAlgunos viajeros y exploradores, como el famoso Marco Polo, aseguraban haberlos visto, aunque Marco Polo no pareció muy impresionado. En su “Libro de las Maravilas”, donde relata su viaje desde Venecia hasta China, dice de ellos:

“Los unicornios no son menores que los elefantes; éstos tienen la piel como la del búfalo y la pezuña como la del elefante, con un gran cuerno de color negro en medio de la frente. Mas he de advertiros que no atacan a los hombres ni a los animales con su cuerno, sino utilizando la lengua y las patas; pues tienen en la lengua unas espinas muy agudas y largas. Su cabeza es similar a la del jabalí silvestre y siempre la lleva baja, inclinada hacia la tierra; suelen reposar sobre el fango de los lagos y bosques y son animales de muy desagradable y horrible aspecto. En nada se parecen a los de las leyendas que en nuestras tierras cuentan, y en realidad actúan contrariamente a cuanto entre nosotros se cree”.

 

¿De qué animal en realidad estaba hablando Marco Polo pensando que era un unicornio? La teoría más sostenida es la del rinoceronte.

Los rinocerontes son las criaturas terrestres más grandes después del elefante y el hipopótamo. Pesan muchísimo (como mínimo, una tonelada), aunque tienen cerebros pequeños para su tamaño corporal. Su piel es muy gruesa,  llegando incluso a hacer pliegues, y lo que más destaca de ellos es el cuerno que tienen en el hocico. De hecho, el propio nombre “rinoceronte” viene de las palabras griegas “rhino” (nariz) y “kera” (cuerno), por lo que rinoceronte significa “nariz cornuda”.

 

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Comen hierba, pueden correr hasta 40 kilómetros por hora, duermen tanto parados como recostados, y se pasan hasta cuatro o cinco días sin beber agua. Pueden vivir hasta los sesenta años y, aunque su vista no es muy buena (están prácticamente ciegos), su olfato y oído están muy desarrollados.

Hay cinco especies de rinoceronte: el rinoceronte blanco, el negro, el de Java, el de la India y el de Sumatra. El rinoceronte blanco es el más grande y, con casi cuatro toneladas de peso, es el segundo animal terrestre más grande después del elefante; el de Sumatra es el más pequeño y tiene pelo rojizo.

En Europa, después de la época de Plinio, no se vio un rinoceronte de verdad hasta el siglo XVI. Fue el rinoceronte que retrató Alberto Durero.

 

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Representación de Ganda por Alberto Durero

 

El 20 de mayo de 1515, después de veinte días de travesía por el mar, desembarcó en Belém, a las afueras de Lisboa, el primer rinoceronte que pisaba Europa. El navío “Nosa Senhora de Ajuda” procedía de la India y su llegada había causado un gran alboroto. Días antes se había extendido la noticia de que llevaba un preciado cargamento, y el puerto se llenó con un hervidero de gentes que querían ver aquel preciado motín, aquella bestia fantástica que había descrito Plinio y que todos creían una criatura de leyenda.

El animal llegaba a Lisboa como un regalo del gobernador de las colonias portuguesas en la India, Alfonso de Alburquerque, al rey Manuel I de Portugal. Alburquerque, a su vez, lo había recibido del sultán de Gujarat, Muzafar II. El nombre del animal era Ganda (“rinoceronte” en el idioma local de las tierras del sultán). Tras su llegada a la ciudad, y acompañado siempre por su cuidador indio, Ocem, el rinoceronte fue llevado a la Casa de las Fieras, el zoológico particular del rey, situada en el palacio de Ribeira. El monarca, que conocía a estos animales tan sólo por la descripción de Plinio el Viejo y, por tanto, creía que rinocerontes y elefantes eran enemigos mortales, decidió comprobar si la enemistad realmente existía y organizó un combate entre ambos animales. Pero el espectáculo atrajo a tanta gente, y ésta causó tal ruido, que el elefante huyó despavorido y la lucha nunca tuvo lugar.

 

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Jan Griffier, Francis Barlow y Pierre TempestElefante y rinoceronte (Londres, 1667-1717)
Rijksmuseum, Amsterdam

 

El rinoceronte permaneció tan sólo unos meses bajo el cuidado del rey, porque éste, quizás aburrido al cabo de pocos meses de la criatura, decidió enviárselo como regalo al papa de Roma, León X. Un año antes, el monarca había regalado al pontífice un elefante blanco, Hanno, y sabía que el regalo había sido bien recibido. Ahora, quería volver a impresionar al Papa. El rinoceronte fue embarcado de nuevo en un barco, esta vez destino a Roma. Cada vez que el buque paraba en un puerto, la expectación era máxima. Cuando paró en Marsella, el propio rey Francisco I de Francia se acercó a ver al animal.

El barco, desgraciadamente, nunca llegó a su destino. Días después de zarpar de Marsella, naufragaba por una tormenta en la costa de Liguria. Ganda, que estaba encadenado con grilletes en la cubierta, no pudo nadar hasta la costa y murió ahogado.

A pesar de su desgraciado final, Ganda supuso una auténtica conmoción en Europa. No sólo en Portugal, sino en el resto de países, se hablaba constantemente de aquella bestia fantástica. Se hicieron dibujos de ella que se esparcieron rápidamente por toda Europa y, a partir de éstos, artistas de todo el continente empezaron a hacer retratos de la pobre Ganda. La imagen más antigua que se conserva de este rinoceronte es la que ilustra un poema escrito por un médico italiano, Giovanni Giacomo Penni. Se imprimió en Roma el 13 de julio de 1515, y la única copia que queda de esta ilustración está en la Biblioteca Colombina de Sevilla.

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Giovanni Giacomo PenniForma & natura & costumi de lo Rinocerothe (1515) Biblioteca Colombina, Sevilla

No obstante, la representación más famosa es la que hizo Alberto Durero en 1515. Durero, que nunca vio al animal en vivo,  representa al animal con una curiosa armadura ricamente ornamentada y con un cuerno de más. La ilustración estaba acompañada de una descripción escrita que decía:

“El primero de mayo de 1513 el poderoso rey de Portugal, Manuel de Lisboa, trajo este animal vivo desde la India, llamado rinoceronte. Es del color de una tortuga manchada y está recubierto casi en su totalidad de gruesas escamas.  Es del tamaño de un elefante, pero tiene las piernas más cortas y es casi invulnerable. Tiene un cuerno fuerte y puntiagudo sobre el hocico, que afila en las rocas. Es el enemigo mortal del elefante. El elefante tiene miedo del rinoceronte porque cuando se encuentran, el rinoceronte carga con la cabeza entre las patas delanteras del elefante y desgarra su estómago, sin que el elefante pueda defenderse. El rinoceronte está tan bien armado que el elefante no puede dañarle. Se dice que el rinoceronte es rápido, impetuoso y astuto”.

¿Por qué Durero lo retrató  así? Ganda era un rinoceronte de la India, y éstos presentan una piel  rugosa y con pliegues. Su piel parece que forme una armadura natural y, en algunas partes, está cubierto por protuberancias, como si fueran enormes verrugas. Dado que Durero nunca vio al original y se basó en un dibujo, pudo pensar que eran adornos.

dureroPero hay más: en el grabado del pintor alemán se ven unas costras o branquias en la parte superior del cuello, justo detrás de las orejas. Esto podría indicar que tenía una infección en el cuello. La verdad es que la pobre Ganda debió llegar a Europa deshidratada, con una grave infección e incluso cubierta de pus. Si sacar a un animal de su propio hábitat y trasplantarla a otro no es lo suficientemente traumático, obligarla a una larga travesía, con poca higiene y sin apenas comida, es deleznable.

Durero inmortalizó a Ganda como un animal majestuoso, pero no pudo, o no quizás no quiso, borrar la expresión melancólica de su rostro. Tiene la cara triste y la mirada ausente,  a lo mejor consciente de su dramática situación y del aciago destino que le esperaba.

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La versión del rinoceronte de Ulisse Aldrovandi

Los pintores que se inspiraron en el grabado de Durero, sin embargo, no le dieron la más mínima importancia a los sentimientos del pobre animal y se centraron en los elementos más fantásticos. Por ejemplo, Ulisse Aldrovandi, siguiendo el grabado de Durero, lo pintó dándole incluso más esplendor a la armadura. Otros, sólo se centraron en la supuesta rivalidad entre el rinoceronte y el elefante.

Habían encontrado a un animal que creían de leyenda y querían representarlo como si siguiera siendo mitológico.

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