Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

vintage handLord Philip Stanhope, el cuarto Conde de Chesterfield, fue uno de los tipos más curiosos de la Inglaterra del siglo XVIII. Aparte de destacado político, buen escritor y mecenas de Voltaire, fue lo que hoy en día llamaríamos un creador de tendencias y, de hecho, ha pasado a la historia por haber encargado, y puesto de moda, uno de los sofás más famosos de la historia: el sofá que lleva su nombre, el chester.

chester sofa

binocular vintageEl conde en cuestión era un apasionado de la etiqueta y los buenos modales y llegó a escribir una serie de cartas a su hijo que más tarde se publicarían póstumamente con el título de “Cartas a su hijo sobre el Arte de Convertirse en un Hombre y un Caballero” (1774). No es de extrañar, pues, que Lord Philip estuviese preocupado en llevar la vestimenta siempre inmaculada y que, por ello, demandase a un ebanista un sofá donde pudiesen sentarse los caballeros sin arrugarse la ropa. El chester, con su icónica botonadura, habría nacido para que los aristócratas pudiesen sentarse totalmente rectos y no cayesen en la tentación de arremolinarse o, peor, de escurrirse en mullidos sillones.

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Lord Philip Stanhope

reloj bolsillo vintageOtra leyenda cuenta que, en su lecho de muerte, el conde de Chesterfield recibió la visita de su ahijado y buen amigo, el diplomático Solomon Dayrolles, y que sus últimas palabras, de hecho, fueron a su mayordomo: “De al señor Dayrolles una silla”. Se ve que el mayordomo dudó entre si debía ofrecer un asiento a Dayrolles o si éste debía llevarse en herencia una de los famosos sillones abotonados. La cuestión es que Dayrolles, un gran admirador de estos sillones, acabó llevándoselos a su casa y enseñándoselos a sus visitas.

Esa es la leyenda oficial, la que se cuenta hasta la saciedad. Pero pocos creen que sea cierta. Al fin y al cabo, se han escudriñado museos y rebuscado en registros y no se ha encontrado ni un solo documento que atestigüe su veracidad. Además, el capitoné, la técnica usada para crear el acolchado con botones incrustados, no fue inventada hasta el siglo XIX, y la elegante forma espiral del reposabrazos no fue patentado hasta 1828. Además, según el Diccionario Oxford, la palabra “Chesterfield” no se empleó para referirse a un sofá hasta el año 1900. Por lo que el Conde de Chesterfield no podía haber tenido un sofá chester tal como hoy lo conocemos. Y si lo hubiese tenido, no lo hubiese llamado así.

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Modelo Kensington de la firma Rose & Moore

Lo que sí se sabe es que el Chesterfield se convirtió a finales del siglo XIX en una de las piezas de mobiliario más cotizadas por la aristocracia y la realeza. Incluso la reina Victoria lo puso en el palacio de Balmoral, su retiro de verano en Escocia. Claro que en sofás, como en tantas otras cosas, el reinado de Victoria fue revolucionario y, entre otras muchas cosas, los hizo evolucionar. Y también los hizo comunes pues, aunque parezca que han existido siempre, los sofás no fueron habituales hasta el siglo XVIII.

La pieza de mobiliario con más de 4.000 años de historia

vintage handAntes el siglo XVII, las casas europeas no tenían apenas muebles y buena parte del mobiliario que hoy disfrutamos no existía o era totalmente distinto. Pero luego, entre 1670 y 1730, hubo una suerte de revolución ebanista y se crearon multitud de muebles. Algunos, como los sillones o los sofás habían existido en la Antigüedad pero habían quedado en el olvido y muchos artesanos del siglo XVII pensaban que los estaban inventando de cero. En concreto, crearon o reinventaron dos muebles hoy básicos: el sofá y la mesa auxiliar.

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Mesa auxiliar. Museo Paul Getty. Los Angeles.

Hasta entonces, las casas sólo tenían, si es que tenían, una gran mesa para todo, desde comer a escribir a jugar a cartas. En el museo Paul Getty de Los Ángeles se guarda el ejemplar más antiguo conocido de una mesa auxiliar. Hecha en Francia entre 1670 y 1675 con mármol, marfil y maderas nobles, estaba en un château de la realeza y servía supuestamente para leer y también para escribir cartas, un arte que se había extendido y que entonces comenzó a practicarse casi diariamente. A partir de esa fecha, las mesas pequeñas se popularizaron y, a principios del siglo XVIII ya existen multitud de modelos, de mesitas de noche a mesitas de juego.

hombre con baston vintageLos sofás, en cambio, no se popularizaron tan rápido.

La palabra “sofá” surgió en el antiguo Egipto alrededor del 2.000 aC. y viene del árabe “suffah”, que significa banco. Pero los antiguos sofás sólo eran para los más ricos y poderosos. También en el Imperio romano los sofás, con forma de chaise longue, eran para la aristocracia y la plebe se tenía que conformar con bancos de piedra que, ni de lejos, podían ser cómodos.

Con la caída del Imperio Romano también cayó el sofá, que casi desapareció. Volvieron los bancos de madera y se impusieron los taburetes, o simplemente las sillas. No fue, de hecho, hasta el siglo XVI que los sofás regresaron y entonces no eran ni de lejos confortables. Los cojines del sofá se rellenaban de pelo de caballo, heno e incluso musgo.

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El Victoria and Albert Museum de Londres conserva este ejemplar, considerado el primer sofá moderno

En el museo Victoria and Albert de Londres se guarda el sofá más antiguo conocido: un mueble inglés de 1690 que parece dos sillas juntas. De hecho, el estilo se llamaba “dobles sillas Windsor sin división”. Aunque estaba ricamente bordado, no tiene pinta de ser muy cómodo.

Tampoco fue el primer sofá conocido. El honor lo ostenta un sofá que aparece en un grabado francés de 1686. Le llamaban “canapé” y tenía forma, ciertamente, de dos sillas juntas, con un respaldo bajo. Pronto, sin embargo, los canapés franceses se fueron sofisticando y adquirieron ricos artesonados y cojines más mullidos y cómodos.

Que todo el mundo comenzase a sentarse en sofás no acabó de gustar a algunos. Los diplomáticos alemanes en la corte francesa, por ejemplo, se quejaron de que “aquello ya no parece una corte” porque los cortesanos están “estirados completamente en sofás”. Algunos ingleses, además, temían que estar recostado todo el día provocase daños irreparables a la salud, e incluso los hubo que consideraban un pecado mortal el estar tumbado todo el rato.

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A pesar de las advertencias, o más bien de las admoniciones, los sofás se popularizaron y a mediados del siglo XVIII, un ebanista inglés, Thomas Chippendale, crea un modelo que supuso un salto adelante: el “camelback”, algo así como el “joroba de camello”, dada la forma arqueada. Era el primer sofá totalmente tapizado y el modelo que acabó de popularizar el sofá.

El chester fue el siguiente paso. El famoso sofa que supuestamente popularizó el conde de Chesterfield tiene un armazón de madera de haya, los botones en capitoné y los reposabrazos curvados y a la altura del respaldo.

Hoy, no hay club inglés que se precie que no tenga uno. Fuese creado o no por un conde, el Chesterfield está ligado al poder y a la riqueza, al estrato social más elevado y sofisticado.

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