Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

vintage handEn 1730, Juan Famenias Floris y su mujer, Elizabeth, abrieron una barbería en el número 89 de Jermyn Street, en el afluente distrito de St. James, donde, a parte de afeitados y peinados, también vendían fragancias, cuchillas de afeitado, brochas y unos preciosos cepillos que importaban de la tierra natal de Juan: la isla de Menorca.

floris shop

 

florisHoy, siglos más tarde y todavía bajo la gestión de la misma familia (ya van por la novena generación), Floris es el olor de la realeza, de Hollywood e incluso sigue siendo el proveedor de los perfumes de James Bond, quien usaba la icónica fragancia Nº 89, hecha con notas de naranja y bergamota mezcladas con lavanda y esencia de neroli y con fuertes toques de sándalo, cedro y vetiver. Era, de hecho, la favorita de Ian Flemming, el autor de la saga del espía británico, y tanto le gustaba que la nombró en tres novelas: en “Moonraker”, “Diamonds Are Forever” y “Doctor No” (“El baño estaba completo –esencias de Floris y sales de baño de Guerlain para las damas”).

007 no fue el único cliente destacado. Audrey Hepburn fue una habitual y, aunque Marilyn Monroe siempre estará ligada al Chanel Nº5, en su baño nunca faltaba el aceite de “Rose Geranium” de Floris. Sir Winston Churchill empleaba la colonia Nº 127, creada ex proceso en el siglo XIX para un gran duque ruso; un perfume, por cierto, que también usaría el duque de Windsor y la mismísima Eva Perón. Tiene una fuerte abertura cítrica (marca de la casa) y luego se asienta en notas florales (gracias a la esencia de geranio, lavanda y neroli) y acaba con un suave olor aterciopelado por la adición de musgo y un toque de pachuli. Un perfume, desde luego, con profundidad y personalidad.

florisLa marca está ligada, además, a Mary Shelley, autora de “Frankenstein”, la enfermera Florence Nightingale y, más recientemente, a la reina Isabel de Inglaterra, a quien le hacen un perfume nuevo cada año y se lo envían para su cumpleaños. Aunque hay quien comenta que la reina sigue siendo fiel a “White Rose”, un perfume que se describe como “con confianza y encanto; una elegante combinación de seda y especias”. La suma de notas olfativas, desde luego, es preciosa: una base de ámbar y musgo, elevada con un corazón de iris, rosas, jazmín y violetas, y unas gotas finales de claveles. Todo un bouquet de flores frescas que recuerdan a la frescura del campo.

 

El olor del Mediterráneo en el centro de Londres

vintage handNo fue la venerada campiña británica lo que inspiró a Floris cuando creó su primer perfume. Juan se marchó de la Citadela menorquina para probar suerte en Londres y allí creó sus primeros perfumes con un fuerte olor fresco: una la brisa suave que le recordaba a su querido y añorado Mediterráneo. En medio de la niebla londinense, con el omnipresente hedor del carbón de las fábricas y de alcantarillas saturadas, Juan recuperaba un refrescante trozo de mar, salitre, arena de playa y unas cuantas gotas de sol. En cuadernos con tapas de piel que todavía se conservan apuntó cada una de las fórmulas que se le iban ocurriendo y, a día de hoy, aún se fabrican lociones que se inventaron hace, literalmente, siglos. La primera de la que se tiene constancia es “Lavender”, que se fabricó hasta el siglo XX. Luego vinieron “Rose Geranium”, “Jasmine” y “Lirio del Valle”. También está el “Limes”, diseñado a principios del siglo XVIII y que todavía se vende. Está compuesto por notas de limón y aceite de petitgrain, obtenido de las hojas y ramas de la planta de la naranja amarga; todo ello recubierto de notas de lima, musgo y lirios del valle.

 

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En 1820, Floris recibió el primer encargo real: unos cepillos para el rey Jorge IV. Aparte de las fragancias, los cepillos, peines y brochas de Floris eran muy codiciados y, de hecho, se conserva una carta de Mary Shelley, autora de “Frankenstein”, pidiendo a un amigo que le enviara “dos cepillos de pelo y un pequeño cepillo de dientes” de Floris.

mujer con perfumes vintageOtro de los productos estrellas son los jabones, hoy en día auténticos objetos de culto. En su día fueron incluso pioneros. Aunque cueste de creer, a principios del siglo XIX, el jabón no es que fuera escaso, es que era prácticamente inexistente. Lavarse con jabón, de hecho, no era una práctica habitual ni mucho menos generalizada. Pero la época victoriana cambió esta práctica y transformó el lavarse con agua y jabón en un símbolo de la superioridad moral de Inglaterra. El jabón se convirtió en un icono del Imperio británico y, de entre todos los jabones disponibles, los de Floris eran los más codiciados. A día de hoy siguen siendo todo un referente. No sólo por su suavidad y delicada fragancia, sino porque siguen un proceso de elaboración artesanal que no se ha alterado durante décadas. De hecho, se siguen empleando los moldes de 1900, con un elegante grabado con filigranas de flores. El resultado no podía más sugerente: los jabones son de grasa vegetal delicadamente molida, se envuelven a mano y, mezclados con agua, producen una gran capa de espuma que hidrata la piel. Los hay de variadas fragancias, como el “Edwardian Bouquet” y el “Stephanotis”, o Jazmín de Madagascar, que es el utilizaba Churchill.

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Reinventando el negocio

vintage handSi el jabón se empleaba poco al principio, ya no digamos los perfumes. Para cambiarlo, los perfumeros se afanaron porque la realeza los emplease para así  ponerlos de moda.

Cuando Floris se fundó, la perfumería que destacaba era Gosnell’s, que proveía de perfumes a la nuera de la reina Victoria, la princesa Alexandra de Dinamarca, mujer del Príncipe de Gales y futuro Eduardo VII. Gracias a la asociación con la realeza, Gosnell’s se hartó de vender sus botellas de “Cherry Blossom” entre la aristocracia. Pero la bonanza les duró poco. Alexandra era tan aficionada al perfume que comenzó a emplear de todas las marcas habidas y por haber. Pronto no se sabía cuál era realmente el perfume de la realeza. Incluso la marca francesa Houbigant llegó a reclamar el regio honor: dijeron que la princesa, en realidad, llevaba siempre su “Coeur de Jeannette”.

 

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gramofono vitnageDelante de tanta competencia, a Floris se le ocurrió un movimiento genial. Crearía un perfume, no sólo para realeza, sino para todo aquel que quisiera oler como un rey o, al menos, como un duque. Lo consiguió con el perfume Nº 127, creado originariamente (en 1890) para el gran duque ruso Orloff. A finales del siglo XIX, los clientes más prestigiosos tenían el honor de que Floris les creara perfumes ex profeso. Todos eran diligentemente registrados para que las fórmulas se pudiesen volver a ensamblar y las botellas se rellenasen. Cada cliente tenía un número y el del duque Orloff era el 127. Cuando murió, en principio la fragancia podía haber pasado al olvido, pero Floris decidió venderla al gran público: quería ofrecer a las clases medias la posibilidad de oler como un gran duque de Rusia. Eso sí, para evitar el excesivo esnobismo y acomodarse al principio de no vulgaridad que exigían los burgueses ingleses, no se comercializó con un rimbombante nombre, sino con el sencillo “127”. Había nacido un icono.

bombilla vintageDistinción sin estridencias o, como dicen los ingleses, “understated elegance”. La auténtica clave de la aristocracia. Floris supo ofrecer en su momento el santo grial del buen gusto y, a día de hoy, sigue haciéndolo. Actualmente, además, tiene un sabor añejo, nostálgico y vintage que le hace sumar puntos.

 

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Mantener lo atemporal

vintage handHasta hace poco, poner un pie en el número 89 de Jermyn Street, en el afluente distrito de St. James, era comenzar un viaje en el tiempo. La decoración, de hecho, no había cambiado demasiado desde 1851, el año de la “Great Exhibition”, la gran exposición que organizó el príncipe Alberto y que dieron pie a las Expos mundiales. En la Great Exhibition, organizada en Hyde Park, cerca de la tienda de los Floris, adquirieron unas refinadas estanterías españolas de caoba que han estado allí desde entonces. Y aquellos muebles españoles marcaron la personalidad de la tienda, lo que hoy se llama “identidad corporativa”.

 

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Hoy Floris tiene más sucursales en Londres y tiendas por todo el mundo. En 2012 inauguraron una segunda tienda en el 147 de Ebury Street, en el afluente y distinguido barrio de Belgravia pero la marca sigue apostando por unas señas de identidad inalterables: tradición y calidad. Es lo que siguen haciéndola única.

 

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