Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

vintage handEn invierno de 1686, Petronella Oortman, una joven de provincias de dieciocho años, huérfana de padre y acuciada por las deudas, acepta un matrimonio de conveniencia con un rico mercante de Amsterdam, Johannes Brandt, un hombre al que sólo ha visto una vez y que, como pronto descubrirá, está lleno de secretos, misterios y envuelto en mentiras. En su nueva casa en el canal de Herengracht, a donde llega tan sólo con un baúl y una jaula con un periquito, es recibida por su cuñada, Marin, puritana y reprimida hasta el extremo, y los sirvientes Otto (un antiguo esclavo) y Cornelia.

El matrimonio entre Petronella y Johannes no se consuma, para consternación de la joven, y el recién marido parece obviar la presencia de su esposa. Sin embargo, como compensación, Johannes le regala una casa de muñecas, una réplica exquisita de su mansión de nueve habitaciones, para que Petronella la decore a su gusto. Es entonces cuando comienza a recibir de un misterioso miniaturista objetos y figuras que reflejan de los problemas a los que se enfrenta y le advierte de los peligros y las trampas que le tenderán.

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Esta es la historia de “La casa de las miniaturas”, una trama repleta de sexo e hipocresía, misterios y traiciones, codicia, secretos y amenazas,  que Jessie Burton reflejó en una novela superventas en Gran Bretaña (en España nos la trajo Salamandra) y que la BBC se encargó de transformar en una miniserie que ahora nos llega de la mano de Filmin.

television-vintage.pngLa casa de muñecas existe en realidad: se puede ver en el Rijksmuseum de Amsterdam y perteneció, efectivamente, a una tal Petronella Oortman. Pero el resto de la historia es ficción, pura fantasía que se le ocurrió a la escritora británica Jessie Burton cuando vio la suntuosa y extraordinaria casa expuesta. La casita es una réplica de la casa donde vivía, y el nivel de detalle es extraordinario, con suelos de mármol, muebles perfectamente tallados e incluso pequeños platos de porcelana. Tan exquisita es la casita que, de hecho, costó tanto como la casa de verdad. ¿Por qué alguien decidiría gastarse semejante fortuna en una reproducción? ¿Qué quería suplir en su vida? Aquellas dos preguntas fueron las que motivaron el libro.

De la Petronella real se sabe muy poco y Jessie Burton aprovechó las lagunas para crear un personaje totalmente ficticio y convertirla en el eje central de una novela, “The Miniaturist” en inglés, en la que trabajó durante cuatro años y que publicó en 2014. El trabajo de documentación para recrear el Amsterdam rico y próspero del siglo XVII fue exhaustivo. La autora se sumergió en libros que describían la sociedad calvinista de aquella época e incluso buceó en un libro de cocina, “The Sensible Cook”, escrito y publicado en 1671, para saber las recetas que los sirvientes prepararían para una mujer de la alta burguesía como Petronella. Libros, y también muchos cuadros sirvieron de ayuda: Claesz, de Hooch, Steen y Ruisdael, todos ellos buenos documentalistas de la época, sociedad y costumbres holandesas del siglo XVII.

barco vintageEs un siglo, desde luego, que atrae de inmediato por su estética y por sus contradicciones; por la confluencia, no siempre bien resuelta, entre la riqueza más opulenta y el puritanismo en las costumbres (al menos, de cara a la galería). El prestigioso historiador británico Simon Schara describió el siglo XVII holandés como el “embarrassment of riches” (algo así como “la vergüenza de las riquezas”): al mismo tiempo que se construían grandes fortunas ligadas a un pujante comercio, los holandeses, apegados a la estricta ética calvinista, se sentían culpables por su buenaventura, pensaban que podían caer en un pecado de arrogancia, avaricia y soberbia, y por ello se negaban el derecho a disfrutar de los pequeños placeres, como los dulces a base de azúcar, o el sabor picante de las especias. El dinero iba a muebles, porcelanas y cuadros, delicadezas de las que poder disfrutar en privado, lejos de los ojos inquisitoriales de una sociedad marcada por las apariencias.

vintage handEsta sociedad, cerrada y con dobles y triples raseros, está en el libro muy bien descrita y la serie también la representa a la perfección. Además, la miniserie de dos capítulos es de tal exquisitez visual que parece una sucesión de cuadros barrocos surgidos del taller del mismísimo Vermeer. No es extrañar que enseguida venga a la cabeza “La joven de la perla” (el libro de Tracy Chevalier y la película de Peter Webber con Scarlett Johansson y Colin Firth), la obra donde el pintor de Delft pinta uno de sus cuadros más emblemáticos.

imagen la casa de las miniaturas

“La casa de las miniaturas” cuenta, además, con un elenco de actores que realzan cada segundo de la proyección. En especial, Anya Taylor-Joy está espléndida como Petronella Oortman. A esta actriz, nacida en Estados Unidos pero con nacionalidad argentina-británica, la habíamos visto en la excelente “La bruja”, una película de terror sobrenatural de época, donde ya se había familiarizado con la Nueva Inglaterra del siglo XVII. En “La casa de las miniaturas” domina como nadie la cámara con una mirada entre aniñada, ilusa y valiente, y dota al personaje de las dosis justas de dulzura, inocencia y fragilidad.

pluma para escribir vitnageRomola Garai también ofrece una interpretación más que notable como la hermana puritana, incólume y feroz que lucha por imponer su particular visión de la moralidad en un ambiente poco propicio a seguir normas. Es, desde luego, el personaje más complejo de todos y el que acaba dando más sorpresas.

Entre ambas cuñadas se establece un auténtico duelo interpretativo y, por ello, el rico mercader Johannes Brandt, interpretado por Alex Hassell, queda deslucido en un segundo plano. Tampoco acaban de lucirse los criados, aunque demuestran tener capacidades interpretativas notables.

Es lo único que deslumbra a esta producción minuciosa y estéticamente deliciosa donde cada escena está pensada como un cuadro barroco, con unos encuadres y un tratamiento de la luz simplemente sensacionales. Desde luego, el trabajo de dirección del barcelonés Guillem Morales es digno de mención. Y, sinceramente, nos alegramos mucho de que este director, que conocimos con “Los Ojos de Julia”, esté teniendo suerte como director televisivo en el Reino Unido, en donde ya ha realizado la fabulosa “Inside Nº 9” y “Decline and Fall”. En “La casa de las miniaturas” vuelve a sorprender y a tratar con mimo cada una de las imágenes.

Como si más que cámara tuviese un lienzo en donde plasma un bello cuadro de la mejor tradición pictórica holandesa.

 

courbett_book vintageLa Editorial Salamandra publicó en español el libro de Jessie Burton con el nombre de “La casa de las miniaturas” (traducción de Carlos Mayor Ortega).

 

 

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