La huelga que estuvo a punto de llevar a Inglaterra a la guerra civil

vintage handNo fue una simple huelga. No fue tan solo un conflicto sindical. Los historiadores están de acuerdo en que, junto a Suez y las Malvinas, fue el acontecimiento más relevante de la historia británica posterior a la Segunda Guerra Mundial. Fue el momento en que el país estuvo más cerca de una guerra civil. Fue una herida que, décadas después, todavía supura. Todavía duele.

La huelga de los mineros británicos duró un año: del 6 de marzo de 1984 al 3 de marzo de 1985. Pero más allá de las cifras de movilización y de resistencia, por impresionantes que sean, lo importante es que aquel parón cambió al país. No fue una simple reivindicación de los sindicatos: marcó el fin de una manera de entender la solidaridad, la comunidad, el apoyo entre ciudadanos. Fue el principio, o el principio oficial, de un individualismo atroz que dejó a miles de familias en el atolladero para siempre.

Margaret Thatcher oficialmente ganó aquella partida, pero Inglaterra perdió la jugada. Muchas zonas del país nunca acabarían de recuperarse. El país ya no sería el mismo.

Hay muchas maneras de entender, analizar y comprender todos los elementos en juego en aquel momento crucial, pero la mejor es, sin duda, leer una novela magistral, aunque durísima,  seguramente una de las mejores publicadas este año: “GB84”, de David Peace.

 

Cubierta_GB84_Pattison

 

Pace no solo reconstruye aquel conflicto, aunque la investigación que ha llevado a cabo ha sido ejemplar, escrupulosa y profunda. Lo interesante es que nos acompaña a las cloacas del Estado para explicarnos el sórdido juego de poder que se estableció para destruir, de una vez para siempre, el movimiento sindical de Gran Bretaña.

vintage handEn la novela, vemos cómo una ambiciosa y sin escrúpulos Margaret Thatcher encarga al “Judío”, un oscuro ejecutivo, que aplaste a los mineros con cualquier tipo de táctica o método que considere necesario. Asistimos a la demonización de los sindicatos y a la satanización de Arthur Scargill, el líder del Sindicato Nacional de Mineros, a quien se le tilda del “Führer de Yorkshire”. Observamos el proceso de militarización de la policía y la manipulación de la prensa, sobre todo de los infames tabloides, que no dudaron en retorcer la verdad para presentar a los mineros como elementos violentos. Hay violencia contra población, palos y palizas y pueblos mineros totalmente ocupados por fuerzas del orden.

No hay duda de que David Peace es claramente de izquierdas, reivindicativamente de izquierdas. Ni lo niega ni lo esconde. Tampoco esquiva el hecho de que estuvo emocionalmente implicado en aquella huelga, aunque reconoce que no hizo nada. Y le enerva la sangre.

Sus tíos abuelos fueron mineros, su familia era muy de izquierdas y él nació y creció en Ossett, West Yorkshire, la zona más afectada por la huelga. Cuando los mineros pararon su actividad, David Peace era un adolescente obsesionado con la banda de rock gótico “The Sisters of Mercy”. Tenía su propio grupo de música e incluso llegó a participar en alguno de los conciertos de apoyo a los huelguistas. Pero nada más.

Seguramente no podría haber hecho nada, pero la espinita la llevaba clavada y años más tarde se propuso abordar aquel capítulo doloroso que había cambiado la historia de su país.

Para entonces, Peace no estaba ni siquiera en Gran Bretaña, sino viviendo en Japón, y fue esa distancia física y mental lo que le permitió abordar la historia. Y hacerlo sin una sola concesión a la comodidad: la novela es, en realidad, un caleidoscopio de miradas y puntos de vista, con distintos personajes a través de cuyas historias se construye la trama. Con un estilo narrativo  áspero y directo, de “staccato”, suma monólogos internos, con diálogos y descripciones precisas que trasladan a una época que parece remota.

Hay rabia en la forma de escribir. Rabia por una sociedad que se está rompiendo a pedazos sin darse cuenta. “Quería reflexionar sobre el país que había dejado atrás”, reconoció David Peace en una entrevista, “el país que no me gustaba, el país que quería abandonar y que me llevó a cruzar medio mundo por rehuirlo”.

 

“Quería reflexionar sobre el país que había dejado atrás”, reconoció David Peace en una entrevista, “el país que no me gustaba, el país que quería abandonar y que me llevó a cruzar medio mundo por rehuirlo”.

 

Peace había dejado atrás, en efecto, toda su vida. En 1991 había abandonado los estudios en la Universidad Politécnica de Manchester para irse a Estambul para enseñar inglés. Turquía fue el destino escogido, simplemente, porque era el único que no le exigía una titulación para trabajar. Tres años más tarde se fue a Tokyo, sin saber una sola palabra de japonés. Volvió al Reino Unido en el 2009, pero sólo aguantó hasta el 2011, cuando regresó a Japón, porque no podía escribir en Inglaterra.

En medio de este periplo se formó el escritor que llevaba dentro. Peace comenzó a crear historias en los noventa, cuando se trasladó de Yorkshire a Manchester atraído por su escena musical y universitaria. Allí se creía el “William Burroughs de Manchester, pero en realidad sólo escribía basura pretenciosa”. La estancia en Manchester fue un desastre y acabó mudándose incluso de país. Cuando aterrizó en Japón, delante de la imposibilidad de comunicarse, leyó compulsivamente a James Ellroy (su novela “Jazz Blanco” le impactó) y, meses más tarde, se sumergió en la lectura de Ryunosuke Akutagawa, el autor de “Rashomon”. Otros autores que le marcaron fueron los británicos Ted Lewis (autor de “Get Carter”) y Derek Raymond (“Réquiem por Dora Suárez”).

Siguiendo sus ejemplos consiguió encontrar su propio estilo: una mezcla entre la novela criminal norteamericana y la ficción centrada en los obreros del norte de Inglaterra.

vintage handEn 1999 llegó su primera novela, “Nineteen Seventy-Four”, la primera parte de un cuarteto de libros que se conoce como “Red Riding Quartet” (el nombre está inspirado en el “Cuarteto de Los Ángeles” de Ellroy).

Peace escribió su primera novela en una libreta por las noches y, aunque no albergaba esperanzas para su publicación, su padre le convenció para que lo enviara a varias editoriales. En 1999, la británica “Serpent’s Tail” apostó por ella. El libro fue un éxito inmediato.

EL “Red Riding Quartet”, publicado entre 1999 y 2002 a razón de libro por año, narra los crímenes de Peter Sutcliffe, el “destripador de Yorkshire”, quien asesinó a trece mujeres y agredió a siete en cinco años (entre 1975 y 1980) con la connivencia de una policía de métodos obsoletos y no del todo ejemplar en su comportamiento.

Gracias al cuarteto, la prestigiosa revista literaria Granta le escogió el mejor novelista británico joven en 2003.

Allí ya están todos los temas que marcarían el resto de su obra: la corrupción de las instituciones, la aceptación ciega de la violencia por los poderosos, la podredumbre moral e insufrible hipocresía de una sociedad que prefiere mirar hacia otra parte. También estarían todos los elementos de su estilo narrativo, cercano a la poesía beat: la repetición constante, la recreación de una atmósfera asfixiante a través de frases recargadas y la presentación de la información a martillazos, sin tiempo para coger aire.

Entre el 2002 y 2003 trabajó en “GB1984” con la precisión de un historiador o un sociólogo. Viajó a Yorkshire para documentarse y hablar con mineros, se sumergió en archivos y analizó hasta la saciedad todos los materiales gráficos que se conservan de aquel año oscuro, sobre todo las fotografías de Keith Pattison de la huelga. Hoja de Lata, la exquisita editorial que nos ha traído en castellano “GB84” (con una excelente traducción de Ignacio Gómez Calvo), ha tenido el acierto de poner en la portada una foto precisamente de este fotógrafo, tomada en el agosto de 1984 en Easington.

Toda su investigación sobre la huelga de mineros provocó a David Peace una “increíble carga de rabia y culpa”. Sobre todo, porque entendió que aquel hecho histórico cambió a su país para siempre. Lo más pernicioso, y lo que más se esforzó en explicar, fue cómo la ley fue manipulada y cómo las costumbres sociales fueron retorciéndose hasta que llegó un punto de no retorno en que la generosidad, la solidaridad y la simple empatía se volvieron imposibles.

Sobre Courbett

COURBETT es una revista online sobre Libros, Arte, Cultura y Diseño con una mirada muy internacional.

CONTACTO

contacto@courbettmagazine.com

Más artículos
La biblioteca ideal según Ursula K. LeGuin

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies