La novela gráfica que recupera al héroe perdido de la ciencia

Desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta la primera del XIX, un conjunto de naturalistas cruzaron océanos, treparon volcanes, travesaron desiertos y se adentraron en selvas tropicales para anotar y medir con precisión todo lo que veían. Charles Darwin a bordo del Beagle, Georg Foster en el Resolution, Joseph Hooker en el Erebus y Thomas Huxley en el Rattlesnake cuestionaron todo el conocimiento científico del momento. Sus análisis y comentarios cambiaron nuestra manera de ver el mundo: muchas teorías que hasta entonces se sostenían fueron revocadas, nuevos paradigmas se impusieron.

De todos esos exploradores intrépidos, el prusiano Alexander von Humboldt (1769-1859) brilló en su día con una increíble fuerza –el propio Darwin reconoció que le debía mucho–, pero su estela se eclipsó con el tiempo y hoy en día son pocos los que lo conocen fuera de Alemania o de los círculos científicos.

La escritora y periodista alemana Andrea Wulf se propuso rescatarlo del olvido con una espléndida biografía, “La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt, héroe perdido de la ciencia”, que aquí publicó Taurus (con traducción de María Luisa Rodríguez Tapia) y que ganó un sinfín de premios, incluidos el “Costa Biography Award” y el “Ness Award” de la Royal Geographic Society.

El libro, riguroso pero ameno, con una prosa elegante y fluida, nos acerca a la personalidad del naturalista, visionaria e inquieta, temeraria y también artística. Humboldt era el perfecto exponente del romanticismo alemán: heroico, valiente pero también con exquisita sensibilidad cultural, incluso con toques melancólicos. Estaba muy influenciado por Goethe, Friedrich Schiller y Kant, y no consideraba que hubiese una barrera entre ciencia y arte; al contrario. Sus descripciones son metódicas pero también poéticas y hay una innegable voluntad estética en sus cuadernos de viaje. Tanta importancia le daba a la organización gráfica de la información científica, que incluso hay quien lo considera uno de los padres de la infografía. 

Esta pasión por lo visual de Humboldt se observa sobre todo en sus diarios. Casualmente, poco antes de que Andrea Wulf acabase de escribir su biografía, en el 2014, los diarios fueron puestos a disposición del público. “De inmediato, me quedó claro que tenía que hacer algo con ellos”, reconoció Wulf. Descubrir aquel tesoro fue para ella “un momento muy especial: 4.000 páginas llenas de dibujos y bocetos de Humboldt, una persona increíblemente “visual””.  “Quería escribir algo sobre Humboldt”, dijo Wulf a Deutsche Welle, “que mostrara que no solo entendía la naturaleza como un científico racional, sino también a nivel visual y emocional”.

De ahí que, aprovechando que este año se cumple el 250 aniversario del nacimiento de Humboldt, Wulf se lanzó a por una segunda biografía del naturalista prusiano, pero con un formato muy diferente. “A mí me gustaría llamarlo “un viaje de expedición ilustrado””, reconoció la autora.

Junto con la jovencísima ilustradora Lillian Melcher (se graduó en el 2016 en la Escuela Parsons de Diseño de Nueva York) dio forma a una obra gráfica que explora los inicios del naturalista y aventurero y, sobre todo, narra su viaje de cinco años por las Américas. Un periplo que comenzó en 1799 en una expedición con el botanista Aimé Bonpland y acabó en el 1804. Cruzó toda Sudamérica, viajó por México y acabó en Washington, DC.

“Nunca me he divertido tanto como en el caso de los dos libros sobre Humboldt”, dijo Wulf en una entrevista. “Alexander von Humboldt era curioso, aventurero, visionario, inquieto”. Wulf quiso transmitir esos valores y, también, reflejar un momento clave para el explorador: la visita al volcán de Chimborazo, en los Andes, dentro de Ecuador. “Cuando miró el mundo desde casi 6.000 metros de altura se dio cuenta de que la naturaleza es global, un conjunto viviente en el que todo está interconectado”. 

Ahí surgiría su teoría más revolucionaria: en una época en que triunfaba la teoría del sueco Carl Linnaeus de que la naturaleza mantiene un equilibrio armonioso por un plan divino, Humboldt defendió que la naturaleza existía por ella misma, sin estar subyugada a los humanos ni a designios supranaturales. Lo que sí que formaba la naturaleza era un cosmos en que todo estaba interconectado. Humboldt fue el primero en proponer la idea actual que tenemos del ecosistema. 

También fue Humboldt el primero en advertir que ese equilibrio podía alterarse y destruirse. Fue, en ese sentido, el primero en advertir de las consecuencias nefastas de ciertas actividades humanas sobre la naturaleza. Explicó, por ejemplo, cómo la pesca de perlas en la costa venezolana destruía los bancos de ostras y cómo los sistemas de irrigación de la ciudad de México secaban los valles de los alrededores.

Andrea Wulf realiza una gran tarea a la hora de sintetizar toda esta información en piezas breves que dan el perfecto relieve al personaje y su época. Pero sin duda el libro resulta tan interesante por las originales ilustraciones de Lillian Melcher, que mezcla diferentes técnicas (lápiz, acuarela, collage) para presentarnos una especie de bitácora, de libro de viaje lleno de retazos, anotaciones, apuntes y bosquejos.

Humboldt siempre llevaba consigo libretas donde apuntaba metódica y meticulosamente todos sus hallazgos, incluso donde ilustraba algunos especímenes y realizaba algunos gráficos.  Lillian Melcher ha recuperado algunos trozos, junto con atlas y mapas antiguos, para  dar cuenta de este trabajo científico riguroso. Sin embargo, también ha introducido estilos totalmente contemporáneos, sobre todo a la hora de presentar los personajes.

En este aspecto en concreto, su estilo me recuerda mucho al de Edward Gorey y, sobre todo, al de la gran ilustradora estadounidense Carson Ellis. También algunas ilustraciones guardan parecido con las del “Viaje de Shakleton” de William Grill (que aquí trajo Impedimenta).  La ilustradora, en una entrevista a N3, dijo que se había inspirado en el “Haddon Hall: When David Became Bowie” de Nejib (sobre todo para la introducción de texto y diálogo en las imágenes) y también en “Panther” de Brecht Evens y en “You and a Bike and a Road” de Eleanor Davis.

Me gusta, sobre todo, los pequeños detalles casi escondidos que hacen que las ilustraciones cobren aún más vida. Por ejemplo, el rudimentario barómetro de Humboldt, que aparece por doquier, y por el que el naturalista tenía un gran cariño. También las referencias a las isotermas, que él inventó, y a sus múltiples intereses, no sólo en la botánica y geografía, sino también en la vulcanología, la astronomía y la oceanografía.

Melcher realizó un exhaustivo trabajo de documentación antes de ponerse a dibujar. Incluso contactó con la Universidad de Humboldt para saber cómo se usaban los instrumentos de medición que se empleaban en la época. También leyó mucho sobre las tribus indígenas con las que el naturalista prusiano entró en contacto. Este aspecto fue crucial para la artista: quería demostrar un gran respeto por las poblaciones nativas y representarlas de la manera más realista y adecuada posible. 

En conjunto, «El increíble viaje de Alexander von Humboldt al corazón de la naturaleza» es una delicia visual que deleitarán a todos los amantes de la naturaleza. Una obra perfecta para descubrir a un auténtico genio desgraciadamente poco conocido.

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