Las mejores películas sobre arte y artistas

Seguimos con nuestras listas sobre Arte. Primero os propusimos los mejores libros para aprender a hablar de Arte, luego hicimos un recorrido por las novelas históricas donde los artistas son los protagonistas y ahora, como no podía ser de otro modo, nos sumergimos en el séptimo arte: aquí tenéis las mejores películas sobre arte y artistas.

«Andrei Rublev», de Andrei Tarkovsky (1966).

Probablemente, la mejor película sobre un artista de todos los tiempos. O, al menos, así lo aseguró el diario británico «The Guardian». En 1966, el cineasta ruso Andrei Tarkovsky rodó una película titulada «La pasión según Andrei» que tres años más tarde, en 1969, reeditó como «Andrei Rublev». El film está situado en la Rusia del siglo XV y, en principio, narra la vida de un pintor de iconos ortodoxo (interpretado magistralmente por Anatoly Solonitsyn), a quien presenta como un Mesías, como una figura equivalente a la Cristo, que reparte esperanza, pero también recuerda el sufrimiento de la humanidad. Sin embargo, el film no se queda ahí, sino que explora muchos más temas: la libertad de creación, la creación bajo un régimen represivo, los límites de las propias creencias.

Además de la profunda filosofía subyacente, Andrei Rublev es de una belleza estética sublime. Cuando se proyectó por primera vez fue, de hecho, revolucionario. Todo un nuevo lenguaje cinematográfico. Para comenzar, la película está dividida en 15 «novellas», a su vez distribuidas en 7 capítulos, un prólogo y un epílogo. Luego están esos planos larguísimos y técnicamente perfectos que harían famoso a Tarkovsky y que contribuyen a crear una sensación onírica, donde la realidad se funde con la ficción.

«Edvard Munch», de Peter Watkins (1974)

Aseguran los expertos que ésta es la mejor película de Peter Watkins y probablemente tengan razón. Watkins era una joven estrella de la BBC que obtuvo un éxito rutilante con Culloden (1964) y que, después de que la emisora se negara (o eso dijo él) a emitir «The War Game» en 1965 (sobre una futura guerra nuclear), presentó su carta de dimisión y montó un auténtico cirio. En la década de los setenta comenzó a interesarse por la figura del pintor noruego expresionista Edvard Munch, famoso por «El grito». En sus investigaciones, descubrió que ambos eran muy parecidos: tenían graves inseguridades que les venían de la infancia, les costaba establecer relaciones personales, eran muy solitarios y sufrieron el rechazo por su arte una y otra vez. De ahí que Watkins se decidiera a hacer esta película donde volcó todo el arte de Munch y también el suyo propio.

Tardó seis años en hacerla, pero el resultado es una proeza técnica, mitad documental realista, mitad bio-pic, con un sinfín de capas por descubrir, profundamente expresionista en su concepción y con un uso del color y el sonido asombroso.

«El misterio de Picasso», de H.G. Clouzot (1956)

Documento único –y de valor incalculable– que nos permite ver a Picasso trabajando. El genio malagueño accedió a que H. G. Clouzot (autor de «El salario del miedo» y «Las diabólicas») lo filmase en su estudio, en plena labor creadora durante tres meses de trabajo. Ayudado por la música de Georges Auric, Picasso (siempre con el torso desnudo) va componiendo y explicando. Y a través de suaves pinceladas, nos muestra cómo un genio crea una obra de arte.

«The color of pomegranates», de Sergei Parajanov (1969)

Una obra maestra. Una excepcional mezcla de poesía, cine e incluso de etnografía en donde el soviético Parajanov superpuso imágenes y sonidos para generar una suerte tapiz a base de cuadros vivos o, más bien, tablas a modo de iconos modernos. Sergei Parajanov nació en la Georgia soviética de padres armenios y vivió muchos años en Ucrania. En este film, de hecho, quiso fusionar todas estas culturas a través de sus producciones artísticas. Por ello hay un hilo conductor: la historia del trovador armenio del siglo XVIII Sayat-Nova o, más bien, el estudio de su desarrollo y evolución intelectual, espiritual y artística. Sin embargo, Parajanov trasciende de lo puramente biográfico para adentrarse en su «mundo interior» y explorar el prodigioso simbolismo detrás de sus creaciones. Todo ello acompañado por unas imágenes muy experimentales y rompedoras, pero de una belleza plástica descomunal.

«El contrato del dibujante», de Peter Greenaway (1982)

Bajo una trama aparentemente superficial se esconde una divertida comedia de enredos con muchas referencias artísticas. La película se sitúa en el siglo XVII y cuenta la historia del Sr. Neville, un dibujante que visita un día el hogar del Sr. Herbert en el bucólico Wilthsire para ofrecer sus servicios. Tras algunos reparos iniciales, finalmente la señora Herbert firma con él un contrato, pero lo que le propondrán a continuación superará lo estrictamente artístico….

Aparte de lo cómico, la película es de una gran riqueza visual, con cada plano perfectamente delineado y compuesto como si fuera un cuadro. El cineasta Peter Greenaway reconoció que se inspiró en Caravaggio, Rembrandt, Vermeer y, sobre todo, en Georges de la Tour.

«F for fake», de Orson Welles (1973)

El último de las películas –finalizadas, habría que añadir– de Welles. Y, seguramente, la más rompedora. Al menos, la más inusual. En principio es un docudrama, un ensayo rompedor, sobre la vida de Elmyr de Hory, un falsificador de cuadros profesional. Pero, en realidad, es mucho más: es un análisis sobre la naturaleza de la autoría y la autenticidad y una reflexión aguda sobre el verdadero valor del arte y los límites de la ilusión. Todo ello presentado en un formato que sorprende: no sabes si estás en una película de serie B con un tratamiento de alta calidad o en una parodia muy vanguardista.

A partir de material documental que François Reichenbach grabó sobre de Hory, entrevistas con su amigo Clifford Irving y demás material audiovisual, Orson Welles dio forma junto a su compañera, Oja Kodar, a esta cinta que evade cualquier etiqueta y categorización. Por cierto, cuando se emitió por primera vez, la cinta recibió críticas por doquier. Hoy, sin embargo, hay cierto consenso de que el film era un avanzado a sus tiempos.

«Mi pie izquierdo», de Jim Sheridan (1989)

Daniel Day-Lewis en estado de gracia (ganó el Oscar en 1990 como mejor actor por esta interpretación) . En la película interpreta a Christy Brown, un pintor y escritor irlandés con parálisis cerebral. Con el apoyo de su madre y una profesora, y gracias a una increíble tenacidad, derribó todas la barreras y aprendió a usar su pie izquierdo para escribir y pintar.

«La sangre de un poeta», de Jean Cocteau (1930)

Jean Cocteau era una especie de camaleón artístico, parte cineasta, parte escritor y pintor. En «La sangre de un poeta», desde luego, mezcla todas disciplinas para crear algo único. Descrita como «un grupo de alegorías», la película, claramente vanguardista, se compone de cuatro segmentos que tratan del peligro, el dolor, la rabia y el daño en el epicentro de la vida artística.

«Camille Claudel», de Bruno Nuytten (1988)

La película comienza poco después de que Camille y Rodin se hayan conocido. Claramente impresionado por su talento, Rodin le ofrece colaborar con él en su atelier y, poco después, comienza entre ellos un tórrido romance. Ser la amante de Rodin hace que la reputación de Camille (una magistral escultura con un talento desbordante) se hunda y que su valor como artista se ponga en duda. En este film de Bruno Nuytten, además de explicarnos a la perfección el mundo artístico del momento –y las rivalidades, envidias y luchas entre creadores–, nos regala dos interpretaciones más que destacables: Isabell Adjani está brillante como Camille y Gerard Depardieu hace realmente suyo el personaje de Rodin.

Si os quedáis con ganas de más, hay otra película sobre Camille Claudel, titulada Camille Claudel, 1915. Es un excelente film –absolutamente intimista, valiente y desgarradora– de 2013 de Bruno Dumont con una excelente Juliette Binoche.

La película de Bruno Nuytten está basada en la biografía que Reine-Marie Paris hizo de Camille (Camille: The Life of Camille Claudel, Rodin’s Mise and Mistress). Desde os Courbett os recomendamos que, aparte de ver la película, no os perdáis el libro «El vestido azul», de Michèle Desbordes (Periférica), una brillante biografía de los últimos años de Camille. Le dedicamos un artículo que podéis leer aquí.

«Caravaggio», de Derek Jarman (1986)

Exponente del «New Queer Cinema» y expuesta por primera vez en la era del post-punk, esta película de Derek Jarman, un cineasta británico completamente amateur, mezcla la biografía de Caravaggio con un análisis pormenorizado de sus obras. Desde luego, tenemos al pintor italiano en toda su complejidad: como un genio artístico pero también como un ser atormentado, amante de las trifulcas y la vida en los bajos fondos, dispuesto incluso a matar. A partir de la obra de Caravaggio, Jarman explora todos los aspectos de la sexualidad humana y nos propone, al mismo tiempo, todo un alarde visual, con una iluminación y uso del color magistral. Por cierto, «Caravaggio» fue el debut de la actriz Tilda Swinton y de Sean Bean.

«Mr. Turner», de Mike Leigh (2014)

Brillante película biográfica del pintor inglés J.M.W. Turner (interpretado magistralmente por Timothy Spall, quien se llevó la palma de oro en el Festival de Cannes en el 2014).

«Pollock», de Ed Harris (2000).

Dirigida e interpretada por Ed Harris, la cinta narra la vida del pintor estadounidense Jackson Pollock, un icono artístico pero también un hombre acomplejado e inseguro. La película era un sueño largamente acariciado por Ed Harris desde que leyó la biografía «Jackson Pollock: An American Saga», de Steven naifeh y Gregory White Smith (1989). Por cierto, Harris se metió tanto en el personaje que fue él personalmente quien pintó los cuadros en la película.

«Frida», de Julie Taymor (2002)

El biopic de la artista mexicana Frida Kahlo, brillantemente interpretada por Salma Hayek. Arte, política y romance se entrelazan en una película que narra la carrera de esta artista, su búsqueda de la libertad, su sexualidad y su entereza frente a una enfermedad debilitante. La directora Julie Taymor tuvo el acierto de no quedarse sólo en los aspectos más conocidos de la pintora (su relación con Diego Rivera), sino explorar su producción artística, que recrea brillantemente.

«Goya en Burdeos», de Carlos Saura (1999).

Una película magistral sobre la creación del genial artista aragonés. Un Goya ya mayor (Francisco Rabal) se encuentra exiliado en Burdeos junto a su última amante, Leocadia Zorrilla de Weiss, y su hija, Rosario. Desde su lecho de muerte va recordando todos los capítulos de su vida.

«El sol del membrillo», de Víctor Erice (1992)

Parte película, parte documental, esta cinta narra el proceso de creación de un cuadro por parte de Antonio López. López, que unos años antes había plantado un membrillero en su jardín, decide pintarlo justo cuando sus frutos empiezan a madurar. A partir de esta obra, López nos explica desde cuestiones técnicas hasta impresiones sobre sus sensaciones.

«The Hand (Ruka)», de Jirí Trnka (1965)

Considerada uno de los mejores cortos de animación de la historia, «The Hand» fue a última película de Jirí Trnka, un director de cine de (la entonces) Checoslovaquia especializado en stop-motion. En ella, a través del conflicto entre un simpático arlequín y una misteriosa mano gigante (el arlequín sólo quiere hacer macetas de cerámicas para sus plantas, pero la mano le exige que haga sólo manos en miniatura), explica las restricciones a la creación artística en un mundo totalitario.

«Rembrandt», de Alexander Korda (1936)

Producida por la London Film Productions a partir de un libro de Carl Zuckmayer, es una de las primeras películas dedicadas a un pintor, en este caso el pintor holandés del siglo XVII Rembrndt van Rijn. La película fue dirigida por Alexander Korda, el cual ya era muy famoso por su obra «La vida privada de Enrique VIII».

«All the Vermeers in New York», de Jon Jost (1990)

El crítico del New York Times Vincent Canby escribió sobre esta película que su objetivo era demostrar que el arte es el último refugio del humanismo en un mundo sin amor. Y, desde luego, contrapone la codicia del dinero a la belleza de la arte y del amor. «All the Vermeers in New York» mezcla cine narrativo convencional con una composición claramente experimental para explicar la historia de Mark, un broker de Wall Street que se enamora a primera vista en el Museo Metropolitan de Nueva York de una actriz francesa por su parecido con un cuadro de Vermeer. Luego la persigue por todo un museo, sala por sala, y después de presentarse, ambos comienzan una relación romántica. Y hasta aquí puedo leer.

«El loco del pelo rojo», de Vincente Minnelli (1956)

La película narra la vida de Vincent Van Gogh (interpretado por Kirk Douglas) desde sus iniciales tanteos con la predicación religiosa en las pobres regiones mineras de Bélgica hasta su contacto con los pintores impresionistas de París. También trata su incapacidad para mantener relaciones sociales estables, tanto con amantes como con amigos, con la única excepción de su hermano Theo.

«La agonía y el éxtasis», de Carol Reed (1965)

No del sólo certera desde el punto de vista histórico, pero aún así muy interesante, narra la relación entre Michelangelo (Charlton Heston) y el papa Julio II (Rex Harrison) mientras el primero pintaba la Capilla Sixtina.

«Moulin Rouge», de John Houston (1952)

Basada en una novela de Pierre La Mure y situada en el París del siglo XIV, narra la vida del pintor Henri de Toulouse-Lautrec en la vida bohemia de la ciudad, organizada alrededor del Moulin Rouge.

«The Moon and Sixpence», de Albert Lewin (1942)

Basada en la aclamada novela del mismo título escrita por W. Somerset Maugham e inspirada vagamente en la vida del pintor Paul Gauguin, narra la historia de un corredor de bolsa de Londres, Charles Strickland, mediocre y aburrido de la vida, que decide un buen día abandonar a su familia, dejar su trabajo e irse a vivir a París. Para sorpresa de todos, lo que realmente ha motivado este drástico cambio de vida es el deseo de Strickland de convertirse en pintor. En Francia vivirá un sinfín de aventuras y, después de unos cuantos años, se va a Tahiti.

«Utamaro y sus cinco mujeres», de Kenji Mizoguchi (1946)

Biografía del famoso artista del siglo XVII Utamaro, especializado en retratar mujeres, sobre todo prostitutas de Tokio. Basada en la novela de Kanji Kunieda, la película plantea el universo creativo de este artista, además de proponer una reflexión sobre la libertad creadora del artista.

«La joven de la perla», de Peter Webber (2003)

Adaptación cinematográfica de la novela homónima de la estadounidense Tracy Chevalier. Narra cómo el pintor holandés Johannees Vermeer (interpretado por Colin Firth) pintó su famoso cuadro «La joven de la perla», inspirado por una de sus criadas, Griet (Scarlett Johansson).

«National Gallery», de Frederick Wiseman (2014)

Riguroso y bellísimo documental sobre la National Gallery, uno de los mayores museos del mundo y, sin duda, la joya de la corona de Inglaterra en cuanto a pintura se refiere.

«Séraphine», de Martin Provost (2008)

Yolande Moreau está en estado de gracia interpretando a la pintora francesa Séraphine Louis, una ama de casa que tenía talento para la pintura, pero que nunca recibió la formación artística adecuada. Sin embargo, inspirada por la belleza de la naturaleza, comienza a pintar cuadros. Un crítico de arte confía en su talento y comienza a comprarle obras, pero al tiempo que Séraphine consolida su status como artista, comienza una espiral de alucinaciones y delirios.

«Le tableau», de Jean-François Laguionie (2011)

Los personajes de un cuadro sin acabar deciden saltar de la obra y buscar a su creador. A través de sus peripecias encontramos una crítica a las diferencias sociales, además de multitud de referencias artísticas a las obras de Matisse, Derain o Picasso.

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