Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

La Strand Bookstore de Nueva York es más que una librería: es un icono, un paraíso, un refugio. Y no es sólo por el fondo que atesoran (se precian de tener dieciocho millas de libros); es por la reverencia que muestran por los libros, por la pasión por la cultura en mayúsculas. Por el cariño, el mimo a cada ejemplar, por la profesionalidad del equipo. En un país donde la publicidad invade cada rincón y milímetro, por recóndito que sea, y las “celebrities” (y los autores de libros facilones) copan todas las estanterías, es reconfortante encontrar un lugar donde todavía se respeta el arte de la escritura y la lectura. No es de extrañar que se haya convertido en un símbolo de intelectualidad, aunque el ambiente es increíblemente relajado y todo el equipo se esfuerza por conseguir que la cultura enamore e inspire, pero que no intimide. Que es como siempre debería ser.

Dado que no podemos ir cada día (que más quisiera yo), al menos podemos seguir aprendiendo con ellos y con sus recomendaciones. Hace tiempo comenzaron sus famosas “estanterías de escritores” en donde escritores destacados (entiéndase Art Spiegelman, Jonathan Franzen, Michael Cunningham o Patti Smith) revelaron sus libros favoritos. Rescatamos algunos de sus recomendaciones (que hemos complementado con otras informaciones) para ir configurando nuestra biblioteca Courbett de libros destacados.

 

 

Y empezamos con Ursula K. LeGuin, que desgraciadamente nos dejó hace poquito, el mes de febrero, a la edad de 88 años, en su casa de Portland, Oregon. LeGuin fue una revolucionaria y una visionaria; una mujer que creyó mundos fantásticos desde la sensibilidad y la valentía, introduciendo mujeres fuertes y decididas. Escribió novelas, cuentos, ensayos, poesía y libros de fotografía, y no dejó de crear hasta el final. Aunque si hubiera de escoger alguna de sus obras nos decantaríamos por sus creaciones de ciencia ficción, por libros como “Los desposeidos” o “La mano izquierda de la oscuridad“, en donde un embajador humano de la la liga planetaria del Ecumen realiza una misión diplomática en el helado planeta Guden, o por “El nombre del mundo es bosque“, donde los humanos han colonizado el planeta bautizado como Nueva Tahití.

No es de extrañar que, de pequeña, Ursula fuese una especie de “Matilda” de Roald Dahl, devorando libros compulsivamente (“yo no leía libros. Los engullía”). Comenzó a leer y a escribir a los cinco años. Tantos leyó, y tantos le marcaron, que nunca pudo escoger un solo libro favorito de su infancia. Todo lo más, podía relatar todos los que había leído una y otra vez: “Alicia en el país de las maravillas“, “El libro de la selva“, “Kim“, “Orgullo y prejuicio“, “Jane Eyre“, “La pequeña Dorrit“, “Al faro“, “La cabaña del Tío Tom“. Y también los poetas que le habían marcado en su infancia y adolescencia: Shelley, Keats, A. E. Housman, T.S. Eliot, Robinson Jeffers. Aunque, eso sí, si había de reconocer si se había enamorado platónicamente de algún personaje de novela, reconocía que nunca había podido superar su enamoramiento por Fitzwilliam Darcy. Y si había de seleccionar a un solo héroe literario, Ursula lo tenía claro: Yuri, del Doctor Zhivago (Boris Pasternak era un héroe para ella). Yuri era la encarnación de la calma y compostura, de la resistencia feroz a la tiranía bajo modales suaves.

 

Para Strand Books, Ursula K. Le Guin hizo una lista de los libros que ella pondría en una biblioteca ideal. Os dejo aquí la selección:

 

De Virginia Woolf: “Diario de una escritora”, “Noche y Día”, “El cuarto de Jacob” y las recopilaciones de sus cartas personales.

De José Saramago: “Todos los nombres”, “Ensayo sobre la ceguera”, “Ensayo sobre la lucidez”, “La caverna”, “El viaje del elefante”.

De Rudyard Kipling: “Kim”, “Precisamente así”, “El libro de la selva”.

De Mark Twain: “La vida en el Misisipi”, “Pasando fatigas”.

De Charles Dickens: “La pequeña Dorrit”, “Nuestro común amigo”.

De Jane Austen: “Orgullo y prejuicio”, “Sentido y sensibilidad”, “Persuasión”, “La abadía de Northanger”.

De Harriet Beecher Stowe: “La cabina del tío Tom”.

De Emily Bronte: “Cumbres borrascosas”.

De León Tolstoy: “Guerra y Paz”.

De Charles Darwin: “Viaje en el Beagle”.

De Lucrecio: “De la naturaleza de las cosas”.

De Thomas Berger: “Pequeño gran hombre”.

De Rebecca Skloot: “La vida inmortal de Henrietta Lacks”.

De Molly Moss: “The Hearts of Horses”.

Los poemas de Robert Frost, John Keats, W.B. Yeats, Rainer Maria Rilke y William Wordsworth.

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