Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

vintage hand“Nos hemos vestido de la mejor forma posible…y ahora nos ahogaremos como caballeros”, dijo Benjamin Guggenheim a sus secretario personal momentos antes de morir en el Titanic. Habían renunciado a llevar chalecos salvavidas (se los habían facilitado a las damas) y ahora, ataviados con esmóquines, esperaban su final con absoluta calma, compostura y dignidad. Así se comportan los caballeros. O, al menos, esa es la imagen que proyectan. El estereotipo es el un hombre de clase alta, inmaculadamente vestido (chaquetas de tweet, nudos Windsor), con modales distinguidos, educación exquisita, aficiones refinadas, conversación elevada y cierto aire de desdén. Pero ése es el estereotipo.

 

 

“Un caballero”, dijo Sir Sidney Waterloo, epítome del perfecto caballero inglés, “es aquel que se siente cómodo con todos y hace que todos se sientan cómodos a su alrededor”.

En el fondo, lo que define a un caballero (o lo que distingue de los demás), no es la calidad de su ropa, sino sus valores éticos y morales, su discreción y humildad. Como dijo W. R. Browne, “un auténtico caballero es aquel para el cual la descortesía es un pecado y la falsedad, un crimen”. O, como sentenció Oscar Wilde, “un caballero nunca ofende intencionadamente”.

 

Es casi imposible convertirse en un auténtico gentleman de la noche a la mañana, y en este terreno el dicho de que “aunque la mona se vista de seda” es siempre verdad. Aunque es cierto que quedan todavía sitios, auténticos refugios protegidos del paso del tiempo, donde poder recrear la sofisticación y la elegancia del auténtico gentleman.

 

 

La barbería más antigua del mundo

vintage handEl lugar idóneo para comenzar es la elegante calle Saint James de Londres, y en concreto, en el número 71, sede de la prestigiosa Truefitt and Hill, la barbería más antigua del mundo (aunque el establecimiento original estaba en los números 20 y 21 de Burlington Arcade, en Piccadilly).

William Francis Truefitt y su hermano Peter hacían pelucas para el rey Jorge III, y en 1805 (fecha recordada por todo British de pro por ser el año de la victoria inglesa en Trafalgar frente a los franceses) decidieron abrir un negocio centrado en el afeitado y la peluquería masculina. Conocida pronto como el lugar “del peluquero del rey” o el “que le viste la cabeza al rey”, el negocio prosperó rápidamente. Tanto, que sus servicios han sido requeridos por todos los monarcas de Inglaterra desde Jorge III y hoy en día todavía sirven productos al Duque de Edimburgo, marido de la reina de Inglaterra.

 

truefitt

truefitt
Truefitt and Hill
Link Courbett Artículo relacionado grande.001
Floris: el olor de la realeza, la alta política y James Bond

No sólo se han ocupado de testas reales: Winston Churchill, Charles Dickens, Lord Byron y Oscar Wilde se afeitaban allí. En 1935 se fusionaron con el negocio de peluquería de Edwin S. Hill & Co, con lo que se creó oficialmente el nombre comercial Truefitt and Hill. Además, pronto desarrollaron su propia línea de productos: sus colonias tradicionales, instrumentos de afeitado y demás utensilios y cremas se convirtieron en sinónimo de sofisticación o, como a ellos les gusta recalcar, “en la evocación de una elegancia largamente olvidada y en la grandeza de una era pasada”.

No hay que ir a Londres para disfrutar de uno de sus selectos servicios (hay establecimientos en Toronto, Beijing, en India, Kuala Lumpur, Singapur y Bangkok) pero, desde luego, es difícil de recrear la estética y el refinamiento de los locales londinenses, con sus paredes de madera, sus cuadros de batallas (las referencias a la batalla de Trafalgar son constantes) y el olor a antaño en cada uno de los detalles.

 

 

La tienda de sombreros más antigua del mundo

vintage handSolucionado el peinado y el afeitado, es hora de un buen sombrero. Y en el mundo de la sombrerería masculina, hoy un nombre propio: Lock and Co. Hatters, la tienda de sombreros más antigua del mundo, y que ha servido a reyes y nobles desde que abrió en 1676. En el año 1765 el negocio se trasladó al número 6 de St. James Street, a un edificio de tres plantas, y aún sigue ahí hoy en día, con una clientela que no ha perdido ni un ápice de lustro. Las grandes familias de abolengo –los Devonshire, los Walpole, los Bedford o los Marlborough (la familia de Winston Churchill)– se compraban allí los sombreros ya en el siglo XVIII y actualmente, en los días previos de las carreras de Ascot, el ir y venir de clientes es continuo.lock hatters

Pero, además que la distinguida clientela (aún hoy son los sombrereros oficiales del Duque de Edimburgo y del Príncipe de Gales), Lock and Co. está orgullosa de haber creado algunos de los sombreros más famosos del mundo, algunos con una historia más que curiosa.

lock-hatters-1.jpgA finales del siglo XVIII, por ejemplo, mientras Francia cortaba cabezas, los ingleses, literalmente, se cortaron el pelo. Los nobles de aquella época se empolvaban sus largas (y, normalmente, rizadas) cabelleras y utilizaban sombreros elaborados, con lazos y todo. Pero todo cambió cuando, en 1975, al Parlamento se le ocurrió introducir un impuesto precisamente sobre el polvo para las pelucas. Como protesta contra el “Hair Powder Tax”, Francis Russell, quinto duque de Bedford, apareció en público con el pelo corto, encerado y con raya en medio. Una auténtica temeridad o una revolución, como se quiera ver, pero pronto hizo escuela (hasta hoy, de hecho, porque puso de moda que los hombres llevasen el pelo corto). La tienda Lock se adapta enseguida a la moda y crea un sombrero redondo y plano, perfecto para el nuevo peinado, que pronto se popularizó.

 

lock hatters

 

Éste, sin embargo, no sería el sombrero más famoso creado por Lock and Co. El palmarés se lo llevan los primeros sombreros de copa alta que llevaron las clases altas británicas, el bicornio del almirante Nelson en la batalla de Trafalgar y, sobre todo, el entonces llamado “coke hat” (ahora más conocido en Inglaterra como el “bowler” o, en español, como el bombín), quizás uno de los grandes símbolos de Inglaterra, junto con las cabinas telefónicas rojas, el té de la tarde y los autobuses de dos pisos.

La historia del bombín no deja de ser curiosa. Se dice que fue un encargo de William Coke, sobrino del primer conde de Leicester, a Lock and Co, para proteger las cabezas de los guardabosques de Holkham Hall, propiedad de su tío, ya que tenían que llegar sombrero de copa alta y no era adecuado para montar a caballo. Los hermanos Thomas y William Bowler, entonces al frente del diseño de sombreros en Lock, crearon un sombrero redondo y de ala corta, que nació unido al mundo de la caza, pero que después se popularizó como un símbolo de la City y de Westminster.

lock hatters

Uno de los políticos que más popularizó el bowler fue Winston Churchill, pero no era el único modelo que adquiría en Lock. Sus famosos sombreros Cambridge y Homburg (que compró en 1911) también eran de Lock. Como también eran de Lock los sombreros de Charles Chaplin, e incluso el casco de equitación que utilizaba Jackie Kennedy.

 

 

 

 

Los paraguas de James Smith & Sons

Aparte del sombrero, otro utensilio básico de todo buen caballero inglés es el paraguas, aunque los auténticos caballeros ingleses sólo lo despliegan si llueve a mares. Lo de la lluvia fina, llovizna o el famoso chirimiri –lo que en Inglaterra se llama elegantemente “drizzle”– no es motivo alguno, bajo ningún concepto, para abrirlo.

james smith paraguasLo del paraguas, hay que decirlo, es una historia curiosa. Aunque nos parezca que los ingleses los han usado desde tiempos inmemoriales, la verdad es que son un invento relativamente reciente y su uso sólo se popularizó a finales del siglo XIX. Se dice que fue un tal Jonas Hanway quien, en el siglo XVIII e inspirado por los parasoles que vio en la antigua Persia, decidió fabricarse un paraguas para resguardarse de la lluvia en Londres en un momento en que tan solo se empleaban mantas sobre la cabeza para no mojarse y, a la mínima que empezaba a chispear, todo aquel que se lo podía permitir cogía un carruaje inmediatamente. El señor Hanway tuvo que aguantar más de una burla por aventurarse por las calles de la city con semejante instrumento y los “carriages” se negaban a llevarlo. Claro que la suerte de paraguas que diseñó Hanway estaba hecho de pieles y costillas de animales, huesos de ballenas y trozos de madera. En total, se calculaba que el “tejado portátil”, como se le denominaba con guasa, pesaba cinco quilos. Durante más de treinta años tuvo que soportar el pobre Sr. Hanway los desprecios de sus compatriotas, porque al paraguas en cuestión se le consideraba ridículo y afeminado.

Pero para principios del siglo XIX las reticencias ya se habían superado y el paraguas pasó a convertirse en un objeto de sofisticación y elegancia. El cambio se debió a mejoras del diseño: pasaron a ser más pequeños y llevaderos, decorados con bastones tallados y ricamente decorados. En 1851, Samuel Fox inventó una estructura ligera de acero y los paraguas crecieron aún más en popularidad.

 

james smith paraguas

 

James Smith II fue uno de los primeros paragüeros que adoptó el invento de Samuel Fox y su negocio, heredado de su familia, creció tanto que, en 1857, tuvo que mover el establecimiento a un local más amplio, en el 53 del New Oxford Street, donde todavía perdura hoy en día sin que haya perdido un ápice de su aire victoriano. El negocio, todo hay que decirlo, lo había creado su padre en 1830 en Foubert’s Place, cerca de Regent Street, en el West End, pero fue el hijo quien lo popularizó. Por allí pasarían primeros ministros, como William Gladstone, y dignatarios europeos, y aún hoy en día sigue siendo un referente indispensable para quien busque un paraguas, parasol o bastón de caminar hecho con los mayores estándares.

 

 

La calle de sastres más famosa del mundo

vintage handPasemos a los trajes. Aquí sólo hay una calle que valga, Savile Row. Los sastres de esta calle de Londres tienen fama mundial, y familias reales de todo el mundo han requerido sus servicios. Decir que el traje es de Saville Row es exponer que perteneces a un club selecto y refinado, con chaquetas, pantalones y chalecos perfectamente cortados y cosidos, y tejidos de primera calidad (el omnipresente tweet, las lanas merino, las franelas y el cashmere).

De entre todos los trajes de Savile Row, el decano y el más royal de todos es Henry Poole and Co, en el número 15 de la calle, y que ha servido a la familia real y a la corte británica desde los tiempos de la reina Victoria. También eran los sastres de Charles Dickens y de Winston Churchill, e hicieron trajes para los zares de Rusia, el emperador Napoleón III, el Káiser de Alemania, Otto von Bismarck, el Sha de Persia, el emperador de Japón y el general Charles de Gaulle.

 

henry poole

hombre con baston vintage

 

Pero lo más interesante es que fue Henry Poole and Co. quien inventó los esmóquines (llamados “dinner jackets” en inglés británico, y “tuxedos” en americano).  Se dice que fue en 1865, cuando el entonces príncipe de Gales y futuro rey Eduardo VII, bisabuelo de la reina Isabel, pidió a Henry Poole un abrigo corto en color “celestial blue” para llevar a cenas informales en Sandringham, donde la familia real pasa las Navidades y que servía de retiro rural y coto de caza al príncipe. Hasta entonces, el protocolo mandaba que los hombres vistiesen fracs en las cenas, pero al Príncipe de Gales le incomodaban las colas de la chaqueta y quería algo más cómodo. Algunos las llamaron “smoking jackets”, por la similitud con las chaquetas que llevaban los caballeros para fumar o relajarse en los tiempos de la reina Victoria.

Un señor americano, James Brown Potter, del afluente barrio neoyorquino de Tuxedo Park, visitó en 1886 al Príncipe de Gales en Sandringham, y se le sugirió que se hiciera una “evening jacket” en Henry Poole and Co. (La leyenda cuenta que el príncipe se había fijado en la mujer de Brown, Cora, y que por eso los Brown recibieron una invitación para pasar la noche en Sandringham). De vuelta a Estados Unidos, Brown llevó la famosa chaqueta inglesa al Tuxedo Club, entonces el punto de encuentro de la flor y nata de Nueva York, y pronto Henry Poole and Co. empezó a recibir encargos del otro lado del Atlántico.

 

henry poole

 

Hoy en día, el establecimiento sigue trabajando para muchos americanos afluentes. Y también sigue manteniendo intacta su pasión por los trajes bien hechos. Tanto, que sólo hace trajes a media. Tiene treinta sastres que, en el mismo edificio, cortan y cosen piezas de telas exclusivas (los clientes pueden escoger entre más de 5.000 modelos de tejido). Cada sastre ha sido formado meticulosamente, y se ha tenido que pasar entre tres y cinco años haciendo de aprendiz. Incluso los hay con carrera universitaria.

 

Link Courbett Artículo relacionado PLURAL.001Artículos relacionados

¤ Floris, el olor a la realeza, la alta política y James Bond ¤ Dry Martini, una biografía ¤ El verdadero sofá del poder ¤ Chastworth House, cinco siglos marcando estilo

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies