[CINE] Mirai, mi hermana pequeña

Pasó por la Quincena de Realizadores de Cannes, por Annecy y San Sebastián, entre muchos otros certámenes, y ahora llega a nuestra pantallas. El realizador japonés Mamoru Hosoda nos trae «Mirai, mi hermana pequeña«, una delicia cinematográfica llena de inocencia y magia.

A simple vista, la historia es sencilla e incluso anodina: Kun, de cuatro años, tiene que acostumbrarse a tener una hermanita, Mirai («futuro» en japonés). El pequeño, muy mimado y protegido por la familia, tiene que asumir que ya no es el centro de atención, lo que cuesta más de un berrinche y muchos celos. Pero serán estas pataletas las que, por arte de magia, le harán trascender el tiempo y el espacio y podrá trasportarse tanto al pasado como al futuro.

En sus aventuras se topará con una versión humana de su perro , Yukko, que le contará que él también se sintió incomprendido y desplazado cuando Kun llegó. Luego aparecerá su hermana, como si fuera ya adolescente y hubiese venido del futuro. Habrá un hueco para su madre, pero cuando era bebé. Incluso se encontrará con su abuelo, recientemente fallecido.

Con todos estos personajes vivirá sorprendentes peripecias que sobrepasan las barreras de la lógica y la percepción. Uno de los puntos fuertes de la película es, precisamente, que todos esos episodios fantasiosos se asumen desde el punto de vista de un niño de cuatro años. Ni hay justificación ni explicación. Tan sólo se aceptan.

Un detalle que sorprende es que, para su creación, el director se inspiró en «El espíritu de la colmena«, la película de 1973 de Víctor Erice en donde dos hermanas, Isabel (Isabel Tellería) y Ana (Ana Torrent), de ocho y seis años respectivamente, ven la película «Frankenstein» y creen que el monstruo está vivo y se oculta cerca del pueblo donde viven en la Castilla de la postguerra.

En la película de Mamoru Hosoda también se diseccionan y analizan las dinámicas entre hermanos, y también se analizan problemas familiares (la voluntad de ser buena madre, por ejemplo, o las dificultades de conciliar trabajo y cuidado de los niños).

Hosoda es un experto en centrar sus películas alrededor de vínculos familiares. En «Los niños lobo«, de 2012, ya nos había hablado (y magistralmente) de la maternidad. En «El niño y la bestia«, del 2015, se había centrado en la paternidad.

Algunos críticos han dicho que «Mirai, mi hermana pequeña» no tiene la profundidad psicológica de estas dos películas, y que dista también bastante de la extraordinaria «La chica que saltaba a través del tiempo«, la primera película de Hosoda. No estamos de acuerdo. «Mirai» vuelve a demostrar la ternura y la delicadeza de este realizador japonés, junto con una fantástica factura técnica y una ambientación muy bien trabajada. No os la perdáis.

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