Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

vintage handCuentan las crónicas que Bess de Hardwick, aunque de orígenes humildes, llegó a ser la mujer más rica e influyente en la Inglaterra del siglo XVI, con un poder sólo superado por la propia reina Isabel I, la llamada Reina Virgen.

Era una eficiente mujer de negocios en el campo de la minería y la producción de vidrios, aunque lo que más destacó de ella fue su faceta de arquitecta, de interiorista y, sobre todo, sus varios matrimonios: se casó cuatro veces. Su segundo marido fue sir William Cavendish, tesorero del rey Enrique VIII, un hombre que le doblaba la edad, que había enviudado ya dos veces y que tenía dos hijas. Pero era inmensamente rico.

 

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Al abandonar la Iglesia católica y abrazar el protestantismo, Enrique VIII había ordenado disolver los monasterios y Cavendish, como alto oficial de la Corte, pudo escoger las propiedades que más le gustaban. Así fue como adquirió una gran extensión de terreno en el condado de Berbyshire, lugar de origen de Bess, y allí, sobre un montículo a las orillas del río Derwent, establecieron los pilares de Chatsworth House. El lugar, aunque impresionante, era poco recomendable para una gran mansión de un oficial de la corte: estaba lejos de Londres y el terreno era propicio a las inundaciones. Aún así, las obras comenzaron en 1553. Duraron más de una década.

No sería la única gran casa que construiría Bess: su gran obra maestra sería, sin duda, Hardwick Hall, una “country house” que acabaría siendo el mejor exponente del llamado estilo isabelino (lo máximo a lo que llegaría Inglaterra en renacimiento arquitectónico), aunque para los mundanos visitantes lo que más llama la atención es el gran tamaño de las ventanas. De hecho, se dice que “Hardwick Hall” es más “glass than wall”, más vidrio que pared.

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Pero volvamos a Chatsworth. Se sabe que el diseño original que proyectó Bess de Hardwick era una gran mansión de planta ligeramente rectangular, con fachadas de cincuenta metros de norte a sur y otras de 60 metros de este a oeste. En el interior había un gran patio, siguiendo la tradición medieval; hoy es el gran hall que preside la entrada a la residencia.

En el siglo XVII, el hijo de Bess de Hardwick, William Cavendish, político y soldado, fue elevado por el rey a Duque de Devonshire y Marqués de Hartington. Fue este William quien reconstruyó Chatsworth y le dio prácticamente la forma que hoy presenta.

Cavendish contrató al arquitecto William Talman, superintendente de los jardines reales y responsable de la remodelación del palacio real de Hampton Court, y juntos lideraron una pequeña revolución artística en Inglaterra: con su trabajo en Chastworth House fueron dos de los máximos responsables de introducir la arquitectura barroca en el país.

La fachada se cambió radicalmente: se insertaron pilastras jónicas, balaustradas y una escalera doble curvada que daba a los jardines. También se crearon estancias nobles para la realeza con una repujada decoración. En aquellos días no era extraño que la familia real decidiese pasar algunos días en las casas de algunos de sus oficiales de corte. William Cavendish pensó que él no iba a ser una excepción y estaba preparado por su el rey Guillermo III decidía en algún momento pasarse por ahí. La visita nunca tuvo lugar, pero las habitaciones reales, suntuosas y recargadas, han pervivido hasta nuestros días.

Los duques y duquesas subsiguientes siguieron haciendo cambios e imprimiendo su estilo. El sexto duque de Devonshire, también llamado William Cavendish, un hombre increíblemente tímido, incluso asocial, pero con un gran interés en la jardinería, las antigüedades, los libros y la decoración de interiores, sería, quizás, el que más marca dejaría. Introdujo los suelos de mármol, grandes escaleras de madera artesonada, cúpulas de cristal, cambió la decoración de los muebles y creó una gran librería.

Hoy, con sus 126 habitaciones, Chatsworth House es un festival para los sentidos. Atesora alguna de las mejores obras de arte del país y está considerada como la “country house” favorita de los británicos.

El primer impacto, el “Great Hall”, es de una suntuosidad exquisita. El primer duque de Devonshire, esperando recibir algún día a los reyes, como hemos visto hace un momento, hizo decorar las paredes y el techo con escenas de la vida de Julio César. Iba a ser su principal tributo y homenaje al rey. El pintor escogido para aquella gran obra fue Louis Laguerre, un pintor francés que había sido discípulo de Charles Le Brun (el pintor de la corte de Luis XIV y responsable de la mayoría de los frescos de Versalles).

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Laguerre, especializado en pintura histórica, trabajó muchos años en Inglaterra y decoró algunas de los palacios más suntuosos: el Blenheim Palace (propiedad de la familia de Winston Churchill) y Marlborough House (de la familia real). En Chatsworth creó, en 1678, una de sus mejores obras, no sólo por la composición sino, sobre todo, por el juego de luces. Los frescos son de colores oscuros, con predominancia de los borgoña y una gran gama de dorados y marrón. Gracias a la luz que se cuela por los grandes ventanales de la fachada, el resultado es de un dramatismo abrumador. La luz y el oscuro colorido crea un juego de penumbras que realza la majestuosidad de la estancia.

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Además, hay grandes dosis de ingenio. En una de las paredes laterales, Laguerre introdujo un interesante “trompe l’oeil” (en español el término correcto es “trampantojo”, pero suena horrible): es la técnica que “engaña al ojo” y que hace creer que hay estatuas y relieves en tres dimensiones, cuando en realidad son sólo pinturas. Así se gana en profundidad, se ensanchan los espacios y se añade monumentalidad. En Chastworth House, se representa una estatua de Julio César debajo de un arco que parece real rematado por ángeles triunfales. Debajo de la estatua, como si fueran piezas de un diorama, se amontonan figuras.

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Detrás de las solemnes escaleras, hay otra sorpresa esperándote: el Grotto, una fuente monumental en cuyo bajorelieve se representa a la diosa Diana. La fuente la puso allí el primer duque de Devonshire sólo para presumir. En un tiempo en que poquísimas casas tenían agua corriente, él quería chulear con sus chorros de agua, no sólo fría sino también caliente. Como enseñar el baño hubiese sido impensable, decidió poner una gran fuente ornamental, a la que llamó el “Grotto”.

El bajorelieve de la fuente, con una escena del baño de la diosa Diana, era de 1693 y para el primer Duque de Devonshire aquello significaba que era arte contemporáneo. Como también sería de rabiosa actualidad en su momento la imagen de la virgen vestal cubierta, realizada por el escultor italiano Raffaele Monti, que el sexto duque adquirió en 1847. Es una de las obras de arte más apreciadas de la colección por la destreza con la que el escultor trabajó el mármol hasta hacerle parecer un fino y transparente velo.

En la planta baja de Chatsworth también destaca la capilla, la estancia que menos ha cambiado desde los tiempos del primer duque de Devonshire. Hay un gran altar con un inmenso óleo pintado por Antonio Verrio, un italiano que llegó a ser el pintor de la corte inglesa y el responsable de la introducción de los grandes murales barrocos en Inglaterra. De las pinturas del techo se encargó Louis Laguerre. Los dos se centraron aquí en escenas de la vida de San Tomás.

 

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Sin duda, algunas de las salas más espectaculares de Chatsworth House son las llamadas “State Apartments” o apartamentos de estado. Son las que estaban preparadas para realeza y que el sexto duque consideraba totalmente inútiles. No solo hay habitaciones: hay antesalas y una sala especial, llamada la “Great Chamber”, la Gran Cámara, dedicada a hacer recepciones.

museo inglesDado que solo se necesitaba una silla para el rey dado que el resto de invitados iban a estar de pie, la Gran Cámara está prácticamente sin amueblar. Pero tiene un trabajo de artesonado y marquetería en las paredes de primer nivel y en el cielo hay un impresionante fresco de Antonio Verrio que representa la “vuela a la Edad de Oro” (un nuevo tributo a William III). Años más tarde, los mismísimos reyes Jorge III (el rey loco) y su mujer, la reina Charlotte, regalaron al cuarto duque de Devonshire unos tronos para esta sala. Son, de hecho, los tronos en los que se sentaron el día de su coronación. Son los que se exhiben hoy en día y como curiosidad hay que destacar que fueron hechos por una mujer, Katherine Naish.

Al lado de la Gran Cámara está la “Drawing Room”, una sala también para audiencias pero mucho más pequeña. Aquí es donde el rey o la reina podría haber recibido, por ejemplos, a miembros de su corte. De nuevo un techo ricamente pintado (representando una “asamblea de dioses”), pero lo más interesante de la sala son los impresionantes tapices de 1630 que adornan las paredes.

 

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En el siglo XVII las familias ricas demostraban su riqueza decorando las paredes con grandes tapices de lana bordados con ricos colores. Sólo el rey Enrique VIII tenía 2.000 tapices en sus palacios. Los tapices de Chatsworth eran originarios de la zona de Mortlake, cerca de Londres. Era la zona que producía los tapices más prestigiosos de Inglaterra, porque los tejían expertos flamencos, entonces considerados los mejores tejedores de Europa. Se sabe que los tapices de la “Drawing Room” los tejieron 50 artistas flamencos.

En la sala de música, al lado de la “Drawing Room”, no hay tapices, sino algunos de los mejores cuadros de Chatsworth. Son todos de artistas caravaggistas, es decir, pintores que querían replicar el estilo del italiano Caravaggio, con su naturalismo, su marcada teatralidad y el constante tenebrismo, el contraste intenso de luces y sombras.

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Después accedemos a la mejor estancia de todas, al menos a la más ricamente decorada y a la que el primer duque de Devonshire le dedicó más dinero: la “State Bedchamber”, habitación donde hubiese dormido el rey. Irónicamente, la cama no es la misma que en tiempos del primer duque. De hecho, la puso el cuarto duque, que pertenecía a la corte del rey Jorge II. Es la cama donde había muerto el mismísimo rey y que el duque recibió en herencia.

No podríamos pasar horas y horas hablando de más habitaciones y estancias de la mansión. Y seguramente no acabaríamos nunca. Pero quiero acabar con dos de mis espacios favoritos. Uno es la majestuosa escalera de madera de roble cuyas paredes están cubiertas de retratos de la familia. El sexto duque de Devonshire añadió este espacio en 1824 y lo coronó con una gran cúpula. La duquesa Evelyn, en 1928, dijo que aquella escalera era “lo peor que el sexto duque hizo dentro de la casa” e intentó por todos los medios posibles alterar la decoración. Hoy se ha vuelto a disponer como en el siglo XIX.

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Los retratos son, a mi entender, algunos de los más interesantes de toda la mansión. Están inmortalizados todos los duques (excepto el número doce) y tres de las duquesas de Devonshire. También hay cuadros del zar de Rusia Nicolás I, de la zarina Alejandra y del rey inglés Jorge IV. El cuadro de William Cavendish, cuarto duque de Devonshire, por sir Joshua Reynolds es, simplemente, excepcional. No sólo por el retrato psicológico del personaje, sino por la minuciosidad al reproducir los detalles de la indumentaria. Reynolds era un gran pintor de telas y sabía como pocos reproducir la textura de pliegues y bordados, la brillantez de ls sedas y los encajes, el colorido de los lazos. Bajo un fondo oscuro, el duque brilla con sus ropas de Caballero de la Orden de la Jarretera, la mayor orden nobiliaria de Inglaterra.

museo ingles.jpgOtro cuadro un poco más reciente, y con un estilo totalmente distinto, es el retrato  de 1902 de las hermanas Acheson, realizadas por el pintor americano John Singer Sargent. Las tres hermanas eran las nietas de la duquesa Louise, esposa del octavo duque, de su anterior matrimonio. En este cuadro, están agrupadas como si fueran las tres gracias de la mitología, pero más allá de la iconografía, lo que destaca es la pincelada suelta y la maestría en el color. Con una composición aparentemente sencilla pero perfectamente estudiada, Sargent juega con las texturas, el raso, las sedas y el tafetán, para alterar tonalidades de blanco que equilibran la composición.

Mi otro lugar favorito es la biblioteca, con 17.000 volúmenes. Es una de las bibliotecas privadas más destacadas del país y, para amasarla, el sexto duque de Devonshire tuvo que comprar cuatro colecciones enteras y añadir la suya propia. Hoy la librería incluye de manuscritos medievales a libros de Copérnico a primeras ediciones de Charles Dickens, Jane Austen y William Thackeray.

 

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En el suelo hay una inmensa alfombra inglesa, una alfombra Axminster. El emprendedor Thomas Whitty, alrededor de 1830, se puso en contacto con Chastworth House para explicar una técnica propia que iba a rivalizar con las alfombras francesas de Savonnerie, entonces la mejor de Europa.

Se dice que los actuales duque y duquesa de Devonshire emplean esta sala con frecuencia. Y no me extraña. Yo me quedaría ahí siempre.

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