Nicolás Castell: laberintos, sueños borgianos y paisajes orientales

Le encanta la filosofía, le gustaron las “Meditaciones” de Marco Aurelio y cuando le pregunto qué consejo le daría a una persona que comienza en la ilustración, me sorprende con una preciosa cita de Aristóteles: “La virtud, como el Arte, se consagra constantemente a lo que es difícil de hacer, y cuanto más dura es la tarea, más brillante es el éxito”. A lo que añade, de manera más prosaica: “Que nunca se olviden que dibujan porque disfrutan con ello. A partir de ahí, mejorar todos los días con ilusión. Los resultados financieros vendrán solos”.

Es toda una declaración de intenciones de este español, de origen argentino y afincado en Granada, soñador y perseverante.

De hecho, esta perseverancia, esta pulsión casi obsesiva por captar escenas en toda su riqueza y profundidad, fue una de las cuestiones que más me atrajo de su obra. Se observa en cada ilustración el detallismo cuidado, perfectamente estudiado, con referencias culturales continuas y una esmerada labor de investigación. 

Eso, y una clara inclinación hacia el surrealismo, en despertar la vena onírica de cada composición. En ir más allá de la superficie y narrar historias complejas en una simple imagen. 

Desde luego, se agradece este esfuerzo incesante, esa voluntad de bucear dentro de una imagen y trasladarnos ilustraciones llenas de recovecos y nuevos caminos por los que te puedes perder durante horas.

Las ilustraciones siempre deberían ser así: ventanas a otros mundos, pasados, presentes o futuros, realistas u oníricos, pero llenos de pistas para desbordar la imaginación.

Las ilustraciones como laberintos: no es de extrañar que Borges sea una de las constantes en la vida de Nicolás Castell, y no sólo por sus libros. “Ficciones” y “El Aleph” son sus antologías favoritas, pero el personaje en sí, el propio Borges y su imaginario, le ha servido como una suerte de talismán.

Al menos, aquí en Courbett descubrimos a Nicolás Castell a través de “Borges: el laberinto infinito”, una biografía atípica y una auténtica maravilla visual que a Castell le surgió de casualidad.

El Borges creativo, el Borges humano

Desde el 2011Óscar Pantoja llevaba publicando novelas gráficas sobre escritores latinoamericanos famosos en Rey Naranjo editores. Ya tenía una de Gabriel García Márquez (“Gabo. Memorias de una vida mágica”) y otra del mexicano Juan Rulfo(“Rulfo. Una vida gráfica”). 

La tercera biografía gráfica iba a ser sobre Borges. No habría ni linealidad, ni continuidad, ni cronología, sino diez capítulos, de una decena de páginas cada uno aproximadamente, que cubrirían diferentes aspectos del universo borgiano. No sería una hagiografía, sino una reflexión sobre el proceso creativo y de formación del genio argentino, de su particular cosmogonía, pero siempre destacando la parte humana: sus emociones, sus miedos, su introspección, sus inseguridades y obsesiones. 

Portada de "Borges. El laberinto infinito" de Óscar Pantoja, con ilustracines de Nicolás Castell (Rey+Naranjo Editores)

En la Feria de Bolonia de 2014, John Naranjo, de la editorial Rey+Naranjo, ofreció a Nicolás la posibilidad de participar en el proyecto, y él, inmediatamente, aceptó encantado.

El proceso creativo”, me comenta, “consistía en estudiar el guión que me pasaba Óscar, donde se encontraban los diálogos de los personajes y una situación de escena. Desde este punto yo desarrollaba un storyboard dirigiendo la cámara a lo largo de la página para estudiar el ritmo narrativo, composición y atmósfera que quería darle”. 

No sólo eso: “Borges: el laberinto infinito” fue un trabajo exhaustivo de recopilación y estudio de imágenes y textos y, también, fue una inmersión personal en la atmósfera vital del escritor. Castell incluso viajó a Buenos Aires para conocer los rincones que frecuentaba el genio argentino. Recorrió sus calles y arrabales favoritos, los cafés que frecuentaba y visitó las casas donde vivió o donde se reunía con amigos, como la casa de Victoria Ocampo. Hasta llegó a conocer a gente que trató con Borges

Le llevó dos años crear todas las ilustraciones. Fue un trabajo largo y arduo en donde hubo momentos difíciles, ya que Castell empatiza emocionalmente con las situaciones y los personajes. Si no empatiza, el dibujo se resiente. Simplemente, no sale bien. Y había capítulos de gran dureza, con Borges sufriendo, presa de ataques melancólicos y embargado por la sensación de fracaso. 

Ilustración de Nicolás Castell para "Borges. El sueño infinito".

En otros capítulos, en cambio, a Castell le pudo la alegría. Sobre todo, con el sexto, que él no sólo ilustró, sino también escribió. Es un capítulo delicioso donde habla del sueño de Borges, un sueño en donde el escritor recorre los mundos de sus relatos más fascinantes: los del “Inmortal”, la “Casa de Asterión”, la “Biblioteca de Babel”, el Memorioso Funes… “Me encantó la oportunidad de escribirlo”, explica Castell, “porque podía poner al lector en los cuentos que siempre me gustaron más de él”. 

¿Cómo un ilustrador enfoca la tarea de escribir? “Mi manera de escribir era dibujando a la vez. Iba componiendo directamente el storyboard y colocaba los diálogos. Pienso en imágenes, narro directamente en imágenes”

Narrando en imágenes

Esta “narración en imágenes” es algo casi patológico: en una entrevista a “Constructed By” reconoció que “necesito crear; me siento mal conmigo mismo y ansioso si no estoy creando algo o explorando los límites de mi imaginación”.

Es algo que siente desde pequeño. Nicolás Castell siempre quiso ser ilustrador. “Desde niño tuve claro que quería vivir dibujando”, me explica. “Siempre lo consideré una vía factible porque mi madre también es ilustradora (su madre es la ilustradora Adribel)”. 

Así que Nicolás Castell creció dibujando y, sobre todo, creando historias. De niño construía ya escenas complejas, con mucha acción e insertadas en paisajes llenos de personas y detalles. No es de extrañar que de pequeño le gustasen los clásicos de Martin Handford, el dibujante de “¿Dónde está Wally?”. “Dicen que, en general, nos gusta ver las grandes escenas por las mismas razones que disfrutamos al ver en el campo los grandes paisajes: es estimulante, los detalles nos atrapan y dejamos volar la imaginación”.

A los doce años ya había compuesto su primer cómic y fue al mundo del cómic al que pensó dedicarse cuando, en el 2007, entró en Bellas Artes.   Su primer trabajo en la facultad fue el de un personaje que se mete en la mente de El Bosco; su tesis del máster fue sobre el cómic de guerra. 

  • ¿Cuál es tu proceso de trabajo? —le pregunto. 
  • Primero realizo un sketch en pequeño para estudiar la composición, luego lo hago en lápiz sobre papel, lo entinto con plumilla y, tras esto, lo escaneo para colocar el color con Photoshop. Llevo usando la misma técnica unos ocho años. Me funciona porque, tras el digitalizado, si el cliente necesita cambios, se pueden aplicar más fácilmente. 
  • ¿Qué prefieres: trabajar a mano o a ordenador? 
  • La línea siempre es a mano. Es la parte que más disfruto. El contacto con el papel me es irremplazable. En ordenador pongo el color. 

En su página web (www.nicolascastell.com) leo que el papel que antes empleaba era el A4, aunque ahora prefiera el A3. La tinta es la japonesa «Sumi». “La tinta tiene que ser tan negra como sea posible, muy sólida. Utilizo una pluma para entintar, aunque a veces también empleo puntafinas”.

A la depurada técnica, desde muy pronto comienza a construir un universo personal de referencias, de formación: de la literatura al cine, de la filosofía al arte. “En cine me encanta la obra de Miyazaki, Kurosawa, Fellini, Kubrick, Bergman o Luis Buñuel. Podría mencionar “La princesa Mononoke”, “Persona”, “Ikiru”… También disfruto mucho con las historias de personajes creativos que rozan la obsesión, como “Amadeus”, de Milos Forman”.

Y luego, claro ésta, están los ilustradores. Una de las primeras cosas que vienen a la mente cuando observas sus ilustraciones es la influencia del ilustrador francés Moebius (19382012). “El trabajo de Moebius siempre me ha fascinado”, reconoce Castell. Nos lo creemos: hay la misma paleta cromática, la misma importancia del trabajo académico riguroso, la perfección de la línea, el detallismo, el equilibrio entre el realismo y la ciencia ficción.

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Depende del proyecto en el que esté trabajando, sus referentes varían, aunque hay constantes. “Tengo épocas donde me fascina más o menos una determinada estética”, me explica. “Desde luego, la gente que conoce mi trabajo sabe apreciar el cariño que le tengo al grabado japonés de Hiroshige y Hokusai, entre otros. Dentro de lo que se refiere estrictamente al rigor del dibujo, me fijé por mucho tiempo en la limpieza de Manara, Da Vinci, la expresividad de Goya, el preciosismo perturbador de Suehiro Maruo… Hoy en día me atrae mucho la destreza de Kim Jung Gi”.

La lista puede continuar. Nicolás Castell me reconoce que también le gustan mucho James Jean, Victo Ngai, Naoki Urasawa, Inio Asano, Hiroaki Samura, Hugo Pratt, Gipi, Katsuhiro Otomo y Rembrandt.

Paisajes orientales

Como se observa, la influencia oriental es más que marcada. En su portfolio hay un montón de trabajos centrados en Japón.

  • ¿Qué es lo que te atrae del Japón? –le pregunto.
  • Siempre me gustó. La estética que tienen es elegante, muy cuidada y con muchos elementos evocadores que hacen soñar. Me gusta el respeto y admiración que guardan hacia la naturaleza, cómo representan montañas, árboles, peces, la fuerza del mar… Desde pequeño me llamó la atención el manga y, posteriormente, el cine japonés, como mencionaba antes. Crecí con ello y, por ello, siempre formará parte de mí.

Me fijo en uno de sus trabajos personales en su página web: un fabuloso cuento sobre el viaje de un artista extranjero al antiguo Japón. El artista descubre un buen día un lápiz mágico que le permite crear todo lo que quiera y él decide viajar en el tiempo hacia un país lleno de simbolismo. “Quise rendir un homenaje a la estética de los ukiyo-e”, comenta Castell, en referencia al género de grabados realizados mediante xilografía o grabado en madera en Japón entre los siglos XVII y XX (pensad en la gran ola de Hokusai, por ejemplo).

Mirar estas imágenes es como bucear en una película de Miyazaki coloreada por Victo Ngai. Mientras escribía este artículo, me quedé un buen rato mirando las composiciones: cada detalle, y son millones por imagen, parece contar su propia historia y, sin embargo, todo encaja. Es como un gran puzzle que, a pesar de su suntuosidad, no satura la vista. Al contrario: es un festín surrealista, en la mejor tradición onírica, que hace que quieras conocer todos y cada uno de los recovecos de la historia. Me encantaría que algún día la publicase.

Hay otro trabajo suyo, éste si ya publicado, que también me llama la atención: se titula “Cao Chong weighs an Elephant” y fue elaborado para “Cengage Look Anthologies”.

Le pido a Nicolás que me explique algo más sobre el proyecto: “Fue un encargo de una editorial norteamericana que conseguí gracias a mi agencia, «Artistique Int» (www.artistique-int.com), me explica. “Conocían el trabajo de estética japonesa que tengo y necesitaban a alguien para representar un cuento de la tradición china. No es para nada la misma cosa, pero sigue siendo asiática. Me gusta estudiar estéticas y tratar de recrearlas, y esto fue divertido con este proyecto. Busqué grabados chinos, acuarelas, gráfica que usaban en porcelanas. Y, más o menos, lo apliqué a mi dibujo. Realmente, luego fue un trabajo bastante rápido e intenso. Fueron unos veinte días de trabajo sin descanso. Una vez tengo claro cómo desarrollar mi idea el resto es sentarse a sacar las páginas adelante”.

Del pasado al futuro

Con semejante portfolio –brillante y con un talento deslumbrante, sin duda–, le pregunto a Nicolás Castell de qué obra se siente más orgulloso.

Por lo general, suele ser el último que he realizado”, me reconoce. “Luego me implico en uno nuevo y acaba desbancando al anterior. Ahora mismo le tengo especial cariño a un cómic personal que estoy haciendo paulatinamente, cuando tengo un rato libre. Lo estoy titulando “The Journey” [El viaje], y es prácticamente eso: una especie de viaje surrealista”.

Más tarde, añade: “Tengo pensado convertirlo en una novela gráfica. De momento tengo 48  páginas dibujadas, pero mi intención es hacer muchas más”.

Observo las imágenes de “The Journey” que tiene colgadas en su página web y, de nuevo, el embelesamiento: quince minutos de reloj perdiéndome por este mundo surrealista y onírico, ciertamente original, que promete muchísimo y en donde cada detalle te lleva por su propio camino. De nuevo los sueños, de nuevo los laberintos.

Reconozco, no obstante, que la primera impresión es chocante: monocromatismo cuando en Castell destaca el color; composiciones mucho más livianas que la profusión de detallismo de sus estampas japonesas. Sin embargo, es solo un espejismo: después de unos segundos contemplando las enormes ballenas que vuelan por el universo y la expresividad a raudales de la cara de la protagonista, te das cuenta de que “The journey” es la síntesis perfecta de su estilo.

Hay mucha madurez en esta obra. Una solidez de alguien que, como Castell, ha trabajado un estilo personal a través de mucho trabajo, ha hecho un estudio exhaustivo de grandes referentes y ha llegado a crear unas señas de identidad propias: poliédricas, llenas de referencias, donde cada detalle dice mucho más de lo que parece.

Castell define su obra como “onírica, histórica y detallista”. “The Journey” es una de las mejores pruebas.

Sueños de futuro

Le pido a Nicolás Castell que acabe la frase “toda buena ilustración ha de ser…”, a lo que él contesta: “sorprendente”. Él, desde luego, consigue que sus ilustraciones lo sean.

Acabamos con un sueño de futuro.  

Cuando le propusieron ilustrar el libro de Borges, Nicolás Castell tenía dos sueños: uno era dibujar un cómic largo (algo que había querido hacer desde pequeño) y el otro era hacer un viaje largo. Con “Borges” cumplió ambos. Y ahora, ¿cuál es tu proyecto soñado?, le pregunto. “Uno con el cual pudiera convertirlo en una película de animación y embarcarme en ello con un equipo grande”. 

Esperamos, sinceramente, que algún día lo consiga.

Para conocer más la obra de este ilustrador, podéis consultar su página web (www.nicolascastell.com) y su canal de Instagram (@nicolascastell).

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