Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

 

macaron courbettNi la Revolución Francesa, ni la Época del Terror, ni las continuas convulsiones políticas, vaivenes de poder y cambios vertiginosos de la historia pudieron con él. O, al menos, con su arte. Como pintor de corte de María Antonieta podría haber acabado su meteórica carrera después de que la real testa rodara en la Plaza de la Revolución, hoy Plaza de la Concordia. Pero no sólo sobrevivió a aquella adversidad sino que, años más tarde, instaurado el Imperio de manos del bajito Napoleón, fue un protegido de la emperatriz Josefina, de la cual llegó a ser pintor oficial.

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Pero no por su capacidad de supervivencia es hoy conocido y reconocido. Pierre-Joseph Redouté es hoy recordado como uno de los mejores ilustradores de flores de la historia, seguramente el mejor. Y fue gracias a las flores que salvó su carrera, mantuvo intacto su prestigio, consiguió reinventarse artísticamente y pasó a la posteridad.

Dicen de sus flores que están tan frescas en el siglo XXI como lo estuvieron cuando las pintó, a caballo entre el siglo XVIII y XIX.

Y ese es su principal acierto: haber dotado de un realismo casi fotográfico a plantas de los jardines reales y también a especímenes que se descubrían, casi a diario, en los lugares más lejanos del planeta. En total, dibujó, grabó y pintó a acuarela a 1.800 especies diferentes, algunas de las cuales nunca habían sido plasmadas en una ilustración. De entre ellas destacan sus series “Roses” y “Liliacées”, que le reportaron fama mundial.

Redouté tuvo un segundo gran acierto: estar en el lugar adecuado en el sitio adecuado. O, mejor dicho, haber vivido en la época en que la ilustración botánica despuntaba como disciplina y alcanzaba un rápido esplendor.

redouteDe hecho, todo en su biografía parecía impulsarlo a tal brillante fin. Redouté nació en Saint-Hubert, Bélgica, en 1759, el segundo de tres hermanos de una familia de pintores. De los tres, parecía que iba a ser el mayor, Antoine Ferdinand, el que se hiciera famoso; era el que destacaba como decorador de interiores con recargadas imágenes vegetales. De Pierre-Joseph no se esperaba tanto. No tenía apenas educación formal y era, además, un díscolo. A los trece años, de hecho, se fue de casa y decidió ser un pintor itinerante de interiores, haciendo retratos de vez en cuando para sobrevivir, e incluso algún cuadro religioso si se terciaba. Viajó por Bélgica y Holanda, aprendiendo de los antiguos maestros y, en 1782, después de diez años dando tumbos, puso rumbo a París, donde vivía su hermano mayor.

En París, al principio, no le quedó más remedio que matar el tiempo yendo a los jardines públicos y pintando flores. Pero fue así como, en el famoso “Jardin du Roi”, el jardín del rey, atrajo la atención del botánico Charles Louis l’Heritier du Brutelle, quien pronto se convirtió en su mentor. L’heritier, junto con otro colega y destacado botánico, René Desfontaines, le encaminaron hacia la ilustración botánica, entonces en auge. Le enseñaron a diseccionar las flores y a analizarlas con precisión. Cuando ya estuvo formado, Redouté participó en el libro “Stirpes Novae” de L’heritier. Le hizo nada menos que 54 ilustraciones. Su carrera despegó.

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De hecho, el despegue fue tan rápido y fulminante que, de la mano de L’heritier, entró en contacto con la corte de Versalles y pronto recibió la protección y patrocinio de la mismísima reina María Antonieta. Pero su trabajo para la realeza no duró demasiado; en poco tiempo la revolución triunfaba y los reyes perdieron sus cabezas. Redouté tuvo que buscarse nuevos mecenas.

Mientras los conseguía, continuó perfeccionando su técnica. En aquel momento, las técnicas antiguas de grabado se estaban revolucionando; de antiguas y pesadas placas en madera y hierro, se pasó a plantillas que permitían mayor fluidez en la tinta y la impresión de color. Los aguafuertes irrumpieron.

Redouté había aprendido algunas innovaciones con el maestro holandés Gerard van Spaendock, que trabajaba de profesor en el “Jardin des Plantes” de París. Con él trabajó algún tiempo en el Museo Nacional de Historia Natural, catalogando plantas y participando en alguna expedición botánica. Y con él también perfeccionó su dominio de la acuarela. Pero donde realmente dio un salto cualitativo fue en Londres, ciudad a la que se marchó después de la Revolución Francesa. Allí fue a parar a los eminentes “Royal Botanic Gardens”, más conocidos como Jardines de Kew. Allí es donde aprendió realmente a hacer aguafuertes, técnica que le catapultaría al éxito más rotundo.

by Pierre Joseph RedouteEn 1792 regresó a Francia, requerido por la Academia Francesa de las Artes y, unos años más tarde, pasaría a formar parte de la corte de la Emperatriz Josefina, primera esposa de Napoleón Bonaparte. Josefina tenía el sueño de llenar los jardines de Malmaison de las plantas más raras y exóticas del mundo y encargó a Redouté que ilustrara todos los especímenes que se plantaban. Así contribuyó a libros como “Jardin de Malmaison” de Etienne Pierre Ventenat (1803), la “Description des Plantes Rares Cultivees a Malmaisonet a Navarre” (1812), de Aime Bonpland, “Les Liliacees” y “Les Roses”.

Las imágenes dieron la vuelta al mundo y a Redouté le comenzaron a llamar el “Rafael de las flores”, en alusión al mítico pintor renacentista que, por aquel entonces, estaba considerado el mejor pintor de la historia.

Pero el éxito duraría poco. Josefina Bonaparte murió en 1814 y, sin patronazgo real, pronto le acuciaron las deudas. Dio clases en un museo, vendió las pinturas originales de las “Rosas” y, cuando ya no le quedaba mucho más, se deshizo de todos sus muebles. Pensó, a la desesperada, en pintar un gran cuadro de flores que pudiera vender por una suma importante. Pero nunca lo completó. Murió sin acabarlo, a la edad de ochenta años.

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Su obra perdura y, aunque no reconozcamos su nombre, es imposible no haberse topado alguna vez con alguna de sus ilustraciones. Lo que resulta extraño es que se haya tardado tanto en realizar un monográfico potente sobre su obra. Hubo una primera aproximación gracias al Museo del Modernismo y ahora, de la mano de Taschen, tenemos una obra realmente detallada que te sumerge en la obra de este pintor cuyo nombre debería sonar más.

Abrir el libro es entrar a un jardín cuyas flores no marchitan porque son eternas. Lo único que falta es el olor. Pero, de tan detallistas que son las ilustraciones, incluso te lo puedes imaginar.

redoutePara saber más:

Libro “Redouté. El libro de las flores“, de la editorial Taschen.

 

 

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