Rodham: si Hillary no hubiese sido Clinton

Es una de las grandes novedades de mayo en inglés (y el libro que medio Estados Unidos está leyendo): la novela Rodham, de Curtis Sittenfeld, sobre un universo paralelo donde Hillary, en vez de casarse con Bill, decide romper con él y hacer su vida por separado. ¿Cómo hubiese sido la campaña de 2016 si Hillary se hubiese presentado con su verdadero apellido, Rodham, en vez del de casada, Clinton? ¿Hubiese llegado a Presidente de los Estados Unidos si en vez de ex Primera Dama hubiese sido una flamante profesora universitaria y luego rutilante Senadora por méritos propios? 

Rodham. A Novel, por Curtis Sittenfeld, una novela sobre Hillary Clinton.

Se dice que en política tienes más opciones de ganar si consigues que los votantes te llamen por tu nombre (es lo que decía, al menos, Felipe González) o te pongan un mote amable (todos conocían a Eisenhower como Ike). Hillary Clinton, en cambio, parece ser la excepción que confirma la regla: todos la conocemos como Hillary, pero en el nombre va implícito el apellido, Clinton, y todo lo que representa o lo que conlleva. 

Desde luego, han habido pocos apellidos en política que hayan polarizado más al electorado que el de Clinton, o que hayan generado tanta admiración como odio.  Hillary desde el principio, desde incluso los tiempos que su marido era Gobernador de Arkansas, ha sido la diana principal de esa repulsa visceral y no hay duda de que ha sido vilipendiada hasta límites inauditos. Le han echado en cara ser mujer y, sobre todo, ser feminista. También que hubiese tenido una carrera prestigiosa como abogada. Nadie soportó que dirigiera los esfuerzos de la Casa Blanca para reformar la sanidad pública. Cuando su marido la humilló (y de qué modo), nadie entendió porqué no se divorció ipso facto. 

Hillary fue siempre vista como el poder en la sombra, como una especie de Lady Macbeth cruel, maquiavélica y sedienta de poder. Una mujer dispuesta a pagar cualquier precio por tal de mandar. Una política sin escrúpulos que llegó a representar, en el imaginario popular de los republicanos (y de más de un demócrata), todo lo que estaba podrido en el sistema: el elitismo, la arrogancia, la opacidad, la corrupción. Incluso algunos la tildaron directamente de criminal y pidieron que la encerraran (¿Os acordáis del Lock her Up?)

Hillary, desde luego, es una de las políticas más complejas y poliédricas que se han visto en política en las últimas décadas. Es cierto que tiene cualidades de liderazgo excepcionales, una gran valentía personal, tesón profesional y un currículum al alcance de muy pocos. Pero también es verdad que tiene grandes sombras en su biografía, comenzando por un injustificable voto cuando era Senadora a favor de la Guerra de Irak. Sus finanzas —tanto las personales como las de la Clinton Foundation— no están del todo claras. No hay duda de que le gusta ser parte del establishment. Sus habilidades de comunicación, de interacción con los votantes son —vamos a ser amables— limitadas. En campaña, como candidata, es nefasta. 

Ahora bien, también es cierto que Hillary ha tenido que pagar el precio por todos los errores políticos de su marido. No hay duda de que la administración Clinton fue —vamos a seguir siendo amables— caótica y, aunque consiguió éxitos notables en economía, las cotas de bienestar no mejoraron un ápice, la sanidad pública siguió siendo un desastre y la reforma del sistema penitenciario (lo que aquí llamaríamos Ley de Enjuiciamiento) creó más problemas de los que resolvió. En términos electorales, fue Hillary —y no Bill— quien lo pagó. 

Pero, ¿qué hubiese pasado si esta mujer, sin duda intelectualmente brillante, no se hubiese casado con Bill y hubiese podido definirse en sus propios términos y según su propio mérito? De eso va la novela Rodham

Os lo advierto de entrada: Rodham es una novela irregular, pero no por ello menospreciable. El propio New York Times ha reconocido que “es inteligente, respetuosa y está bien hecha, aunque es un poco blanda”. Estoy de acuerdo: el personaje de Hillary está muy bien perfilado (con todos sus matices, luces y sombras) y hay reflexiones muy inteligentes de fondo. Aunque a veces, sobre todo al final, se lee más como una expiación de los americanos por no haberla elevado finalmente al Despacho Oval.

Prep, la novela debut de Curtis Sittenfeld

Hay virtudes indudables del libro. Para comenzar, su autora, Curtis Sittenfeld, es una muy buena escritora (su novel debut, Prep, publicada en el 2005, merece más atención de la que ha recibido). Además, plantea un debate necesario: ¿Hillary perdió con Trump porque cometió demasiados fallos o fue, más bien, culpa de Bill y de todos sus excesos, escarceos, pecados y debilidades? Después de leer Rodham llegas a una conclusión sencilla: toda la culpa del 2016 fue de Bill. De hecho, Bill Clinton parece en la novela como un ser demoníaco, como un patético inútil y mujeriego que no consigue nada en política y acaba trabajando en Sillycon Valley. 

El origen de Rodham es curioso. En el 2016 miles de revistas pidieron Curtis Sittenfeld que escribiera sobre Hillary Clinton y ella se negó. Creía que ya se había dicho absolutamente todo sobre Hillary y que no iba a poder aportar nada (incluso la propia Hillary había escrito dos libros con sus memorias: Living History y Hard Choices). Pero entonces apareció la revista Esquire y le pidió que escribiera un pequeño ensayo como si fuera Hillary, explicando su punto de vista. La pregunta aquí no era qué pensaban los Estados Unidos sobre Hillary sino al revés: qué pensaba Hillary sobre los votantes. Y, lejos de contentarse con un breve ensayo de unas 400 palabras, a Curtis Sittenfeld le salieron 400 páginas. 

American Wife, una novela de Curtis Sittenfeld.

Claro que la autora ya tenía experiencia en meterse en la cabeza de otras Primeras Damas. Sittenfeld ya había publicado American Wife, una novela ficticia basada claramente en Laura Bush. La reverenciadísima Joyce Carol Oates dijo del libro que “parecía más un retrato hecho por Norman Rockwell que por Francis Bacon” y, desde luego, no es alta literatura, pero aún así es entretenido y dibuja muy bien a una mujer mucho más interesante de la imagen perfectamente intachable e inmaculada que proyectaba la auténtica Laura Bush.

En Rodham repite el ejercicio de meterse en la mente de un personaje público, pero esta vez le dibuja una biografía totalmente diferente: crea a la Hillary que a muchos votantes les hubiera gustado, la que muchos hubiesen deseado votar. Pero, eso sí, presenta a un personaje con claroscuros, libre de una idealizada perfección. De hecho, esta Hillary sigue teniendo más de una historia lúgubre en el armario y se salta algún que otro estándar moral de vez en cuando. 

Lo más interesante del libro es la primera parte, cuando narra el romance entre Hillary y Bill (es la más ajustada a la realidad, de hecho). Hillary es entonces una estudiante de Derecho en la prestigiosa Universidad de Yale. Se acaba de licenciar en Ciencias Políticas por el college de Wellesley y ha dado un discurso de graduación que ha llamado la atención de la prensa. Tanto, que incluso la revista Life ha dedicado a Hillary un reportaje (lo cual, todo hay que decirlo, es cierto). 

Una de las fotografías del reportaje que la revista Life le dedicó a Hillary Rodham Clinton tras su famoso discurso de graduación en Wellesley

Pero Hillary conoce a Bill, otro estudiante de Derecho de Yale. Un tipo con una gruesa barba y un carisma descomunal que atrae la atención de toda la facultad. Ambos comienzan un romance y él —al menos en las primeras páginas— parece un tipo fabuloso: atento, inteligente, romántico y con un futuro brillante por delante. 

Hillary también tiene un futuro prometedor por delante. Y lo sabe. Aún así, y en contra de lo que le recomiendan todos, se amolda a los designios de Bill de tal modo que incluso lo sigue a Arkansas y le ayuda en su campaña a congresista. Pero será entonces —y aquí comienza la ficción— que Hillary descubre que Bill tiene trapicheos de dinero y relaciones con otras. Él comienza a insultarla y a reprocharle que la culpa de su infidelidad es ella misma: “eres una puta que hace que la gente salga despavorida porque crees que eres más lista que los demás. Por supuesto que no debe ser difícil para ti ser fiel cuando no tienes otras opciones”, le dice en una ocasión (la traducción es mía, pero los insultos son literales en el texto original). 

Bill y Clinton en su época de estudiantes de Derecho en la Universidad de Yale

En la vida real, Bill le pidió a Hillary tres veces que se casara con él: las dos primeras ella lo rechazó, pero la tercera aceptó. En Rodham, a la tercera va la vencida y lo abandona para siempre. “Es la mejor decisión que has podido tomar”, le dice una amiga. “Ahora la vida te vuelve a pertenecer”. 

La novela luego da un salto en 1991. Hillary es una mujer soltera, de 43 años, que vive sola en Chicago y triunfa como profesora de Derecho en la prestigiosa Universidad de Northwestern. El partido demócrata le pide que se presente como Senadora y ella, en un primer momento, duda: la campaña implicaría enfrentarse a una candidata negra, Carol Moseley Braun (existió de verdad y, en 1992, fue la primera mujer negra en conseguir un escaño al Senado estadounidense). Pero Hillary finalmente cede y no tiene remordimiento alguno en aprovechar ciertas dosis de racismo contra su contrincante. 

Muchos años más tarde, en el 2016, la flamante senadora decide presentarse a las elecciones presidenciales (tercera parte del libro). La historia no ha sido como nosotros la conocemos: George W. Bush no ha sido presidente, lo fue John McCain en su lugar y la guerra de Irak no sucedió. Donald Trump aquí adopta una postura sorprendente.

No os digo cómo acaba, que bastante spoiler estoy haciendo. Sólo os adelanto que no es tan obvio como parece. 

Por último: corría un chiste en la campaña de 1992 (la de Bill Clinton contra Bush padre): “Hillary y Bill llegan una tarde a una gasolinera y Hillary reconoce que, uno de los trabajadores, es un antiguo novio suyo del instituto. Al comentárselo a Bill, éste dice: “Si te hubieses casado con él, ahora serías la mujer de un tipo que trabaja en una gasolinera”. A lo que ella replica con: “Si me hubiera casado con él, ahora él sería el Presidente de los Estados Unidos”. 

La novela Rodham lo prueba. 

  • Artículo escrito por Ana Polo Alonso.

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