Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

macaron courbettTodos los detalles de esta pequeña floristería en el 76 de Chamberlayne Road, en la parte oeste de Londres donde Kensal Rise se junta con Queen’s Park, demuestran que sus dueñas cuidan y miman cada uno de los detalles. De las cerámicas vintage amontonadas en viejas estanterías y las cajas de madera, a los libros, figuritas y dibujos, globos terráqueos, mapas y pósters que se acumulan en lo que tranquilamente podría ser el paraíso de cualquier anticuario.  Todo parece estar puesto al azar; todo, sin embargo, sigue una coherencia maravillosamente coreografiada. Y luego está la fragancia intensa pero fresca de las decenas y decenas de flores que forman un mosaico de colores.

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En este pequeño refugio, Vic Brotherson reina junto con sus dos hermanas, Emma y Charlotte. Desde que creó la floristería, en 2006, hasta ahora, el negocio no ha parado de crecer y de recoger alabanzas.

Hoy en día, Scarlet & Violet está considerada la mejor floristería de Londres y una de las mejores del mundo. Por no decir que es la favorita de las celebrities (puso las flores en la boda de Kate Moss) y sus ramos y composiciones florales son requeridas por las mejores revistas de moda. Su calidad, desde luego, es inmejorable. Tiene un estilo elegante y sofisticado, pero sin ser ostentoso. Es refinado, discreto y con un colorido suave que realza pero no abruma.

Sus decoraciones florales añaden, suman, pero no centran toda la atención. Para la boda de Kate Moss, por ejemplo, se centró en una sencilla pero elegante combinación de lilas del valle y las rosas inglesas cultivadas por el destacado jardinero David Austin en color blanco y malva. El resultado fue perfecto.

flowersFue un ejemplo, además, de la filosofía de Vic Brotherson: hacer combinaciones que hagan que la gente se sienta feliz y relajada. Parecer que, en el fondo, no haya habido ninguna florista de por medio. Eso, y añadir toques vintage constantemente que recuerden a la campiña inglesa. Al fin y al cabo, lo “vintage” es uno de sus grandes signos de identidad, y ya lleva incluso escritos dos libros sobre el tema (“Vintage Wedding Flowers” y “Vintage Flowers”).

Es una gran filosofía para una mujer que, en realidad, nunca pensó en ser florista. De hecho, después de graduarse en la Ruskin School of Art de Oxford, Vic Brotherson fue a Londres sin saber exactamente a qué dedicarse. Probó varios trabajos pero ninguno acabó de convencerla. Luego apareció en su vida Nikki Tibbles, de la floristería “Wild at Heart”, en Notting Hill, para la cual trabajaría doce años. Vic conoció después a su marido, Simon Brotherson, y se mudó a Edimburgo, pero no soportó la ciudad mucho tiempo.

De vuelta a Londres, se compró una casa en Kensal Rise y decidió montar su propia floristería. Nunca pensó que tendría excesivo éxito. “Todo lo más que quería era poder pagar la hipoteca y poder comprar un pequeño local”, reconoce. Un día, se topó por azar con el lugar perfecto. Junto con sus dos hermanas, puso en marcha su propia floristería. Al principio, ganaba poquísimo y sólo hacía que trabajar. Pero el esfuerzo ha valido la pena.

No es que su horario vaya mejorado mucho. Se levanta cada día a las cuatro y media y a las cinco y media está en el mercado de flores en New Covent Garden, seleccionando todas y cada una de las flores con las que trabajará. Las flores son siempre frescas y se renuevan a diario. El resto del día, hay docenas de ramos que preparar y clientes que atender.

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Scarlet & Violet tiene que preparar arreglos florales para dos o tres bodas por semana. También decora grandes eventos y vende, de media, 350 ramos por semana. La decoración “in situ” no se delega: son las propias trabajadoras de la floristería quienes aparecen en salas de banquetes y de convenciones cargadas con cajas llenas de flores. En cuestión de horas, son capaces de transformar desangeladas salas en elegantes espacios.

Ahora bien, todo empieza con un pequeño toque más que personal: escoger el jarrón. Y de jarrones atesora centenares, de todas las formas y colores imaginables. Cuando comenzó el negocio, fue visitando pequeñas tiendecitas locales de artesanía y también ONG’s para conseguir vasos, tazas, cestos, macetas, jarras y jarrones. Es el gran toque personal de una floristería que realmente ama su trabajo.

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