Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

Beekman Hotel Hall

vintage hand

 

“Justo cuando pensabas que todo en Nueva York ya había sido descubierto, ahí aparece el Beekman”, escribió la periodista Lucie Young en el periódico británico “The Telegraph”. Y el asombro estaba más que justificado: el edificio estilo “Queen Ann” de finales del siglo XIX había sido abandonado en el 2001 y, aunque la fachada está protegida desde 1998 como elemento histórico-artístico, nadie parecía percatarse de su elegante presencia.

Sólo cuando en 2008 cambió de dueños, la jetset se volvió a fijar en él y en su decrépita y nostálgica belleza. Pero sólo unos escogidos podían entrar y deleitarse con el atrio victoriano de nueva plantas, suelo de terracota y barandas de hierro forjado. La Maison Martin Margiela, rompedora o “deconstructivista”, como ella misma prefiere definirse, escogió el lugar en el 2013 para presentar a lo grande su colaboración con H&M. Le siguieron el desfile de primavera, también en 2013, de Proenza Schouler y, cuatro años más tarde, el desfile de otoño de Valentino. La marca de ginebra Hendrick’s alquiló el espacio para organizar una gran fiesta de Carnaval con el título de “Viajes a lo Inusual”.

Pero más allá de eventos elitistas puntuales, el edificio, a dos pasos del puente de Brooklyn y el Ayuntamiento de Nueva York y no muy lejos del One World Trade Center, del faraónico Oculus diseñado por Calatrava y del tranquilo y discreto Battery Park, pasaba totalmente desapercibido. Y no es de extrañar: en Nueva York todo brilla por su exceso, de las luces de neón a los edificios antiguos y decadentes, con paredes desconchadas, grietas, boquetes y polvo por doquier.  El edificio del número cinco de la calle Beekman no iba a ser una excepción. Hasta que Thompson Hotels y el grupo “GFI development” adquirieron el edificio y las firmas de arquitectos Gerner Kronick y Valcarcel se pusieron manos a la obra. Entonces todo cambió.

 

 

 

Una de las calles de Nueva York con más historia

vintage handLa tranquila calle Beekman alberga algunas de las historias más fascinantes de la ciudad. Allí fue donde una vez, en la esquina con Nassau, se levantaba el teatro de “Chapel Street”, lugar donde se representó Hamlet por primera vez en Nueva York, en 1761. A su lado estaba “Clinton Hall”, sede de la Librería de la Asociación Mercantil y que luego acogió las oficinas de “The Broadway Journal”, donde trabajó el mismísimo Edgar Allan Poe. También fue allí donde la Universidad de Nueva York comenzó su andadura; en 1832 se dieron las primeras clases.

 

Beekman Hotel
El edificio Beekman cuando se construyó. Lo mandó hacer el banquero Eugene Kelly y al principio se le conocía como “Temple Court”

 

Finalmente, en el número cinco, y por indicación del banquero Eugene Kelly, un inmigrante irlandés, se alzó un edificio, que fue bautizado como “Temple Court”, en claro estilo victoriano, con  ladrillo rojo y granito de Filadelfia y piedra de Dorchester. Cuando se inauguró, en 1883, era uno de los edificios más altos de la ciudad y el primero a ser construido a prueba de incendios. El arquitecto, James M. Farnwood, no optó por la madera, como era habitual, sino por la piedra, la terracota y el ladrillo. Toda una pequeña revolución que reflejaba el espíritu de la época: a unos metros se acaba  de conseguir una gran hazaña, erigir el puente de Brooklyn, y parecía que la arquitectura y la ingeniería no conocían límites.

Más allá de avances ignífugos, no obstante, lo que más destacaba del edificio era el fabuloso atrio interior, también increíblemente innovador para la época y pionero en la ciudad, que permite ver las nueve plantas y está coronado con una cúpula piramidal que deja entrar la luz.

 

Mantener intacta la esencia

vintage handLos arquitectos Valcarcel y Kronick se centraron precisamente en este atrio como piedra angular de todo el proyecto de rehabilitación. La clave fue preservar la historia del lugar, pero devolverle la majestuosidad la antaño. Para ello, se eliminó la entrada tradicional por Beekman Street y se construyó una nueva en Nassau, para así proteger la integridad del patio central.

Los suelos no es que se pulieron para abrillantar los mosaicos de terracota; es que se rastrearon pistas y archivos hasta dar con el fabricante original, para así encontrar los modelos exactos. Se restauraron los adornos de estuco, se colocaron nuevas barandillas victorianas de hierro forjado y se repararon puertas y ventanas.

Además, se adaptó la estructura para albergar las 287 habitaciones (incluidas 28 suites) y los dos dúplex de lujo, situados en las torres y con terrazas privadas con increíbles vistas al One World Trade, el edificio Woolworth y el City Hall Park.

Para la decoración del interior se llamó al británico Martin Brudnizki (conocido por sus trabajos en Sexy Fish y por haber decorado los restaurantes londinenses Ivy y Le Caprice).

Brudnicki decidió transformar la parte baja, el gran patio central, en una gran lounge y un bar de cócteles que recordasen los felices y glamurosos años veinte.

 

Beekman Hotel Hall

 

Y lo ha conseguido: la atmósfera, con sus muebles vintage y los colores oscuros en las paredes, recuerda a un bar clandestino tipo speakesasy –o al escenario de una novela de Agatha Christie, según se mire. Brudnizki empleó varios tonos de verde oscuro en las paredes para cerrar el espacio un poco y lo complementó con toques marrón chocolate y algún que otro contraste en rosa pálido. Desde luego, la sombra oscura y lánguida  de Edgar Allan Poe, cuyo retrato preside el hall, está bastante presente.

Las habitaciones, sin embargo, están regidas por lo sobrio. Eso sí, con armarios vintage, sábanas de lujo de Sferra, mármol de Carrara en los baños y toiletries de D.S. & Durga, el perfumista de culto de Brooklyn.

 

Beekman Hotel Hall

 

 

El hotel de lujo de referencia para una zona con una nueva proyección

vintage handCuando las obras acabaron y el hotel finalmente abrió en septiembre del 2016, su inauguración causó sensación. Y eso que ese mismo año habían abierto muchos nuevos hoteles de lujo por todo Manhattan, como el Four Seasons Downtown, el Redbury y el SLS Downtown, por poner tan sólo tres ejemplos. ¿Iba a poder hacerse un hueco entre tanta oferta y tan distinguida? La respuesta fue un sí rotundo. Que la zona esté experimentando un renacimiento ayudó, sin duda, y que el tono hipster comenzara a invadirlo todo, también. Cerca de allí, de hecho, está el South Street Seaport, con boutiques de marcas independientes y bares de vinos (lo más entre los hipsters neoyorquinos). Por no decir que está el mercado de comida Smorgasburg y que, a unos metros, en el embarcadero número 11 del puerto de Nueva York a final de la calle Wall Street, se puede coger un ferry a Brooklyn, la meca residencial hipster de la costa este norteamericana.

 

Beekman Hotel

 

Además, la oferta de restauración del Beekman hotel también es excelente, con un bar de cócteles y un restaurante, el Fowler and Wells, supervisados por Tom Colicchio y una “brasserie” propiedad de Keith McNally, que también tienen el afamado restaurante Balthazar.

La periodista Lucie Young tenía razón: “justo cuando pensabas que todo en Nueva York ya había sido descubierto, ahí aparece el Beekman”.

 

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