Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

vintage handHubo una época, no demasiado lejana, en que el blanco no se podía emplear para los vestidos de novia de la realeza inglesa porque era el color de luto para los royals y, además, se consideraba que casarse de blanco traía mala suerte. Pero una jovencita reina iba a cambiar la historia para siempre.

 

reina victoria

 

En el siglo XVIII, algunas mujeres ingleses de la clase alta decidieron empezar a vestirse de blanco, pero no para indicar su pureza, sino para resaltar su riqueza. En los matrimonios de las familias de alcurnia el amor entre los contrayentes era totalmente irrelevante y lo único que importaba eran las alianzas políticas y los beneficios económicos de la unión. Por ello, lo importante de los vestidos de novia era demostrar la enorme fortuna de la novia.

jarron vitnageSi en el siglo XVI algunas novias habían llegado a cubrir, literalmente, los trajes con monedas, en el siglo XVIII el material del traje –y su color– se convirtió en un símbolo. Cuanto más raro y exclusivo, mejor. Y en aquella época, cuando todavía no se habían desarrollado técnicas avanzadas de blanqueamiento de tejidos, el blanco era uno de los colores más preciados en una tela. Era difícil de conseguir y aún más difícil de mantener.

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Vestido de novia de la princesa Charlotte hecho en tejido de plata

La realeza, sin embargo, tenía sus propias normas y las novias reales se decantaban por un material incluso más refinado: los brocados en plata y oro. La princesa Charlotte, por ejemplo, se casó en 1816 con un vestido metálico con un escote generoso de estilo Imperio, mangas abullonadas y una pequeña cola. El vestido lo había hecho la señora Triaud, de Bolton Street, empleando un “tejido de plata”, brocado de seda incrustado en lamé plateado, decorado con encaje de Bruselas y con bordados de flores en la parte inferior. Pero en 1840, la tradición de la realeza iba a cambiar para siempre. Y con ella, la historia de los vestidos de boda.

La reina Victoria entró el 10 de febrero de ese año en la Capilla Real del Palacio de San Jaime, en Londres, con un vestido totalmente blanco, hecho por la señora Mary Bettans, y con una cola de más de cinco metros.

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leon.png¿Por qué la mismísima reina de Inglaterra se decantó por un color tan poco tradicional para la realeza? El motivo más probable es el económico. Desde 1830 el país vivía una revolución industrial que había afectado directamente a la industria textil. En concreto, la irrupción de máquinas que hacían bordados forzó a muchos artesanos, sobre todo mujeres, en la más absoluta miseria. Victoria quería apoyar a los bordadores, una industria clave en aquel momento en el país, y por ello decidió que su vestido de novia llevaría encaje de Honiton hecho a mano. El encaje de Honiton era el encaje inglés de mayor prestigio en Europa desde el siglo XVII y también el más afectado por la mecanización del bordado.

 

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Todo el vestido de novia se pensó para realzar el encaje hecho a mano y se pensó en el color blanco como la mejor opción. Se escogió un satén en color blanco crema hecho en Spitafields, en el este de Londres, y se le superpusieron capas de delicado encaje de Honiton. El encaje representaba flores exóticas y decoraciones vegetales, y seguían el diseño que el distinguido pintor escocés William Dyce, director de la Escuela Gubernamental de Diseño, había preparado para tan destacado evento. Apliques de flores bordadas se incrustaron en la parte inferior del vestido.

reina victoriaLa novia llevó un gran velo, de cuatro metros de largo y uno de ancho, y joyas deslumbrantes (un collar y pendientes de diamantes, un broche en el pecho con un gran zafiro), aunque no llevó tiara. En el escote también llevaba una suerte de ramillete con flores de naranjo (que simbolizan pureza) y hojas de mirto (símbolo del amor y de la felicidad conyugal). Un esqueje de mirto se plantó y hojas de la planta son siempre llevados en los bouquets de las novias reales de Inglaterra (Kate Middleton y Meghan Markle incluidas).

 

A la reina le gustó tanto el vestido que posó con él en varios cuadros a lo largo de su vida y, cuando se popularizó la fotografía, se lo enfundó varias veces más para retratarse con él. El encaje también debía de ser de un agrado, porque lo mandó quitar del traje de novia y ponerlo en otros vestidos. Se empleó hasta 1896, en las mismísimas celebraciones del Jubileo de Diamante de la reina.

 

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El modelo del vestido se popularizó tanto en Inglaterra que las novias de toda condición social empezaron a vestir de blanco. Las de clase alta también comenzaron a llevar encaje de Honiton en sus trajes, un tejido increíblemente caro en la época. En la realeza también se adoptó la costumbre y la hija mayor de Victoria, la princesa Vicky, se casó de blanco.

 

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Boda de la princesa Vicky, hija mayor de la reina Victoria

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La princesa Alejandra de Dinamarca, que se casó en 1863 con Alberto Eduardo, el entonces Príncipe de Gales (y futuro Eduardo VII), también se decantó por este color, aunque a regañadientes. La princesa había preparado un vestido con encaje de Bruselas pero el modelo fue descartado. Al final, Alejandra tuvo que confirmarse con un traje blanco en seda inglesa, hecho por la señora James, del barrio de Belgravia. Llevaba, obviamente, encaje de Honiton y la decoración eran rosas, tréboles y cardos, los símbolos de Inglaterra, Irlanda y Escocia respectivamente. Visto ahora, el traje no puede ser más aparatoso. Llevaba una cola de moiré de más de seis metros (tuvo que ser ayudada por ocho damas de honor) y la falda llevaba cuatro capas de encaje, cada una decorada con flores bordadas y lazos que había diseñado la compañía John Tucker and Co de Branscombre, cerca de Sidmouth, en el sudoeste del país.

 

Novias de otras realezas también copiaron la moda y, poco a poco, el blanco se fue popularizando hasta hoy que, entre las realezas europeas, cualquier otro color sería un sacrilegio.

 

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