Todos los detalles detrás de Bridgerton

Para los amantes de las comedias románticas con tintes históricos y vestuarios de eras pasadas, Bridgerton, la nueva serie de Netflix, es un auténtico regalo. Y deben ser muchos los que estaban esperando una serie así, porque Bridgerton fue vista nada menos que por sesenta y tres millones de telespectadores en tan sólo un mes, lo que la ha convertido en la quinta serie original de Netflix más vista de la historia. No es que sea una obra maestra –ni de lejos–, pero constituye un guilty pleasure agradable, perfecta para un público que ha disfrutado con la adaptación de The Great sobre Catalina la Grande. Al menos, así lo ha entendido la crítica. Para Vanity Fair, Bridgerton representa una “chispeante y banal vía de escape, perfecto para un año nauseabundo”. Chapeau.

¿En qué época está basada?

La serie explica las aventuras amorosas de Daphne Bridgerton (Phoebe Dynervor) y Simon Basset, duque de Hastings (Regé-Jean Page) en el Londres de 1813, es decir, en plena Regencia inglesa. La década entre 1810 y 1820 se conoce en Inglaterra como The Regency, la Regencia, debido a que en 1810 el rey Jorge III fue declarado incapacitado para gobernar debido a su locura y el príncipe de Gales fue proclamado regente hasta la muerte de su padre (Jorge III murió el 29 de enero de 1820 y su hijo ascendió al trono como Jorge IV).

Si alguien quiere disfrutar con una buena película el tal Jorge III y las difíciles relaciones con su hijo, La locura del rey Jorge, de 1994, es extraordinaria. El guión era de Alan Bennett y los actores —Nigel Hawthorne como rey Jorge y Helen Mirren como reina Carlota– están en estado de gracia. La película se puede ver en Filmin (pulsar aquí).

El período de Regencia estuvo marcado por la guerra y los problemas económicos. Inglaterra llevaba desde 1793 en plena guerra contra la Francia de Napoleón y la deuda del país era tan astronómica que durante lo que los ingleses llamaron “The Peninsular War” (la guerra de España y Portugal contra los ejércitos franceses) no pudieron siquiera pagar a los soldados.

Más allá de las penurias económicas, sin embargo, la Regencia fue una época de excesos, de escándalos y pura decadencia, con una estética muy determinada, con trajes de línea imperio, duelos pasionales y la construcción de lugares que luego se volverían icónicos, como Regent Street. Un arquitecto en particular, John Nash, fue responsable de este nuevo estilo (fue él quien diseñó una parte del palacio de Buckingham y el Regent’s Park de Londres).

Regent’s Street en Londres, obra del famoso arquitecto y urbanista John Nash.

También fue uno de los momentos más brillantes de la literatura inglesa. Jane Austen escribió muchas de sus novelas y, en 1818, Mary Shelley dio forma a Frankenstein. En otro estrato totalmente diferente, el desarrollo de la imprenta permitió el auge de novelitas de costumbres y, sobre todo, de romans à clef (algunas escritas anónimamente por damas de alta alcurnia) que permitieron a las clases bajas divertirse con las andanzas, no siempre éticas ni morales, de la aristocracia.

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¿Está basada en hechos reales? ¿Es una adaptación de una novela antigua?

No, Bridgerton está basada en las novelas (contemporáneas) de Julia Quinn, en especial en de The Duke and I, la primera de la saga, publicada en el 2000. Dicha novela tuvo tanto éxito en Estados Unidos que, a pesar de que la autora había previsto inicialmente sólo dos novelas más como continuación (iba a ser una trilogía), tuvo que escribir siete novelas más de la saga, además de unos cuantos epílogos y un par de novelitas sobre Lady Whistledown. Cada una de las ocho novelas que componen la saga de Bridgerton están dedicados a uno de los hijos del difunto vizconde Bridgerton (Anthony, Benedict, Colin, Daphne, Eloise, Francesca, Gregory y Hyacinth). Los libros han vendido más de diez millones de copias sólo en Estados Unidos y han sido traducidas a 32 lenguas.

Hace cuatro años, Julia Quinn supo que la productora Shondaland, propiedad de Shonda Rhimes y responsable de éxitos como Anatomía de Grey o Scandal, estaba interesada en transformar la primera novela en una serie (la productora también era responsable de la película Crossroads, protagonizada por Britney Spears, pero ¿quién es perfecto?). Por aquel entonces, la productora acababa de firmar un contrato millonario con Netflix (se rumorean 150 millones de dólares) para hacer dos series propias. La idea era adaptar la saga de Bridgerton en una historia romántica, pero con tintes contemporáneos, muy en la línea de la fabulosa La Favorita o de las series The Great (sobre Catalina la Grande) o Dickinson (sobre la famosa poeta americana). Shondaland también tiene planes para desarrollar la serie Inventing Anna próximamente.

Según explicó Chris Van Dusen, el creador de la serie, la idea para Bridgerton surgió cuando estaba buscando algo totalmente diferente. “Yo era guionista y productor de Scandal”, dijo Van Dusen en una entrevista a Town & Country, “y cuando el show se estaba acabando, comencé a pensar en mi próximo proyecto. Sabía que quería hacer algo completamente diferente a las intrigas políticas modernas de Capitol Hill, y fue entonces cuando Shonda me habló de los libros de Bridgerton. Quería que les echara un vistazo y que le dijera lo que pensaba. Me llevé todos los libros a mi casa aquella misma noche y me leí el primero –a la noche siguiente me leí el siguiente y así sucesivamente. Los devoré. Era puro escapismo y era exactamente lo que la gente está buscando ahora mismo, por razones obvias”.

¿Es realista desde el punto de vista histórico?

Ni de lejos, comenzando porque en los bailes de sociedad suenan versiones instrumentales de Ariana Grande. “El show es para una audiencia moderna”, explicó Chris Van Dusen, el creador de la serie, “y todo en el show está pensado y filtrado por lentes modernas. Los protagonistas hablan rápido, el ritmo es ágil, es divertida y es realmente sexy, lo que no siempre es sinónimo de serie histórica. Estamos re-imaginando ese mundo; no es una lección de historia y no es un documental”. Aparte, hay una diversidad racial impensable en la Inglaterra de principios del siglo XIX.

¿Existía de verdad esa obsesión por el matrimonio durante “The Season”?

Sí, y la competencia era feroz. El objetivo de toda dama de alta alcurnia de la Inglaterra del siglo XIX era casarse con el mejor partido posible. De ahí que sus madres organizasen su “puesta de largo” y fomentasen contactos con los solteros más codiciados con verdadera eficiencia militar. Dado que en un año determinado a lo mejor sólo había un par de solteros realmente apetecibles, la competencia era intensa y cualquier método, por cruel y rastrero que pareciera, era perfectamente aceptado.

Por cierto, “The Season” era la época del año en que las familias más pudientes abandonaban sus mansiones campestres y se trasladaban a Londres para participar en un sinfín de actos sociales, de bailes a tés a picnics. La Season comenzaba cuando las damas que se iban a poner de largo, las famosas debutantes, eran presentadas en la Corte. No había una edad fija para ser “presentada en sociedad”, aunque lo normal era hacerlo con una edad entre dieciséis y diecinueve años. La reina Carlota de verdad celebró el primer acto de presentación de debuntantes en 1780 y la tradición se mantuvo hasta 1958, cuando la actual reina Isabel II abolió la ceremonia por considerarla demasiado elitista.

En cuanto a los hombres, la edad de entrada en sociedad era más tardía. La tradición dictaba que los caballeros más pudientes hicieran un “Grand Tour“, un viaje por las principales ciudades europeas, sobre todo las italianas y las griegas. La idea era viajar, adquirir una esmerada educación cosmopolita, comprar arte y visitar burdeles lejos de las curiosas miradas de la sociedad inglesa.

¿Cuándo duraba un cortejo?

Aunque en Bridgerton los cortejos son espectacularmente cortos, en realidad eran bastante largos. En las novelas de Jane Austen, por ejemplo, normalmente requieren un año entero, aunque tampoco era deseable que durasen más, porque cualquier cortejo que pasase de doce meses podía levantar dudas sobre la reputación de una dama.

¿Podían estar un hombre y una mujer solos mientras duraba el cortejo?

No, bajo ningún concepto. Las damas siempre debían llevar chaperones, es decir, alguien que vigilase su integridad, castidad y su reputación. Dejarse ver con un hombre fuera de la familia más cercana era un error a ser evitado a toda costa, porque destrozaba la reputación de una dama inmediatamente.

¿Qué sabían exactamente sobre sexo las damiselas solteras de aquella época?

En las clases altas, absolutamente nada o, como mucho, muy muy poco. Antes del día de la boda, las novias podían recibir alguna indicación de sus madres (muy someras y siempre con metáforas poco explícitas). Las hermanas o las amigas casadas podían aportar algo más de información práctica, pero era muy poco frecuente que una mujer supiera con detalle lo que iba a pasar en su noche de bodas. De hecho, no fue hasta finales del siglo XIX que este oscurantismo en temas sexuales comenzó a ser debatido y criticado.

En las clases obreras, sin embargo, la situación era mucho menos encorsetada. Según Amanda Vickery, una historiadora del período histórico, el sexo antes del matrimonio era bastante frecuente en las capas más bajas de la sociedad, por lo que muchas novias llegaban embarazadas al altar. Por no decir que muchas criadas sufrían abusos sexuales por sus patrones, incluso eran violadas.

¿Existió de verdad una reina negra?

No, pero sí hubo una reina mestiza. Se cree que la reina Charlotte de Mecklenburg-Strelitz, esposa del rey Jorge III de Inglaterra, era birracial. Descendía de Margarita de Castro y Sousa, una mujer negra que formó parte de la familia real portuguesa.

¿Existían de verdad tabloides como el de Lady Whistledown?

Sí. A los ingleses de la época de la Regencia les encantaba el chismorreo y, aunque detestaban ser los protagonistas de cualquier escándalo, se regodeaban en los detalles de cualquier historia que pusieran en duda la reputación de los demás. Y no sólo encontraban información en los tabloides, sino en los mismísimos periódicos. También había publicaciones bastante rudimentarias que documentaban la vida social y sus escándalos, como el “Tête-à-Tête“, aunque no se solía nombrar a los protagonistas por sus nombres y se solían emplear iniciales. Por cierto, la voz en off en inglés de la famosa Lady Whistledown la pone Julie Andrews.

¿Qué nos puedes decir de los trajes?

Una especial atención de Bridgerton fue puesta en el vestuario. Según reconoció Phoebe Dynevor, la actriz que da vida a Daphne Bridgerton, “tenía 104 trajes, todos hechos a manos desde la primera puntada. Cuando no estaba filmando, me estaba probando trajes para que los pudieran coser”.

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