Todos los mundos de Gabrielle Bell

Gabrielle Bell
Autora
Ana Polo Alonso
Courbett Magazine

Cuando Gabrielle Bell comenzó a hacer cómics, pensó que podía centrarse en temas estrictamente autobiográficos —“piezas serias, literarias” reconocería—, pero luego se dio cuenta que necesitaba hacer algo más. 

Cuando creaba, surgía un mundo propio donde lo biográfico o semibiográfico se mezclaba con elementos surrealistas, incluso sorpresivos. A partir de cosas que le habían pasado, Gabrielle Bell era capaz de crear un mundo rico conceptualmente, profundo, analítico, reflexivo y muy original. Un mundo donde se exponían verdades emocionales, donde se exploraba la precariedad y la duda, se trataba la vulnerabilidad y la angustia, la soledad, la ansiedad o la sensación de no pertenecer a ningún lugar. Todo en sus cómics es impredecible y, sin embargo, todo resultaba increíblemente familiar. Y, encima, es capaz de retratar temas tan serios con un humor seco y ácido que resulta adictivo.

"Afortunada" de Gabrielle Bell (La Cúpula)

El primer cómic que leí de ella fue «Afortunada» (publicado en castellano por La Cúpula en el 2008). En él se retrataba como la protagonista de su propia obra, narrando así las peripecias, aventuras y desventuras de una dibujante de cómics veinteañera en Brooklyn. Es un libro aparentemente sencillo (dibujos limpios, trazo firme y refinado), pero la narración es absorbente: desde anécdotas sobre dificultades para encontrar apartamento, hasta primeros trabajos para ir sobreviviendo (fue modelo artística, una ocupación que odiaba y dio clases de dibujo a chavales franceses), pasando por el hecho que tenía que vender cómics por las calles.

Y, entremedio, todo lo que pasa debajo de la superficie: el macho que le echa en cara que las mujeres no pertenecen al mundo del cómic, los amigos que se la encuentran por la calle, no le compran nada y luego la esquivan, peleas con su novio, compañeros de pisos (minúsculos) que se comunican por post-its. Todo eso, y una carta a Gerard Depardieu sobre cómo besar.

Afortunada de Gabrielle Bell (La Cúpula)

«Afortunada» (Lucky en inglés) es un gran ejemplo de su obra. En todas sus creaciones hay una inteligencia lúcida y refrescante, un dominio técnico sobrio y firme y una capacidad indiscutible para tejer historias donde lo íntimo y lo público se entremezclan, donde las dudas y miedos emergen y las contradicciones se exponen en toda su complejidad.

En «Afortunada» concretamente narra la desesperación, la frustración y el aburrimiento vital, y también las ansias, los sueños lejanos, de convertirse en lo que siempre ha querido ser: una artista consolidada y respetada. En otra de sus obras más interesantes, «Voyeurs» (publicado en castellano por La Cúpula), volverá a estos temas. Aquí ya es dibujante de cómic y ha de viajar por todo el mundo para visitar convenciones e impartir clases de arte. Pero, en el fondo, se siente sola, vacía y estúpida. En las páginas de «Voyeurs», Gabrielle reflexiona sobre su propia existencia: narrará sus episodios de ansiedad, las interioridades de sus relaciones sentimentales y pasajes de su cotidianidad, supuestamente anodinos, que desvelan un entorno complejo y asombroso.

Gabrielle Bell -- Voyeurs -- la Cúpula
Gabrielle Bell -- Voyeurs -- La Cúpula

Hay otras dos obras que creo que son imprescindibles: «Everything is Flammable», donde relata su experiencia después de que un incendio destrozara la casa de su madre en California (y unas cuantas historias más entrelazadas) y «Cecil y Jordan en Nueva York», que La Cúpula vuelve a editar con una portada extraordinaria y que recoge algunos de los mejores trabajos (sin diferentes historias cortas) en donde Gabrielle Bell da rienda suelta a su imaginación más surrealista.

En todas ellas tenemos un ejemplo de la habilidad de Bell para contar historias, para conectar diferentes narrativas y crear un todo complejo, claramente rocambolesco, aunque de alguna manera coherente.

Porque lo suyo, desde luego, no es simplificar conceptos o hacerlos más livianos y llevaderos. La obra de Gabrielle Bell es densa, saturada de texto e imágenes. «Intento que mis cómics sean lo más complejos posible, que las páginas estén cargadas al máximo», reconoce. «Quiero que el ojo tenga mucho en lo que fijarse. Creo que, si lo que tienes delante es bonito de contemplar, entonces haces un esfuerzo extra de mirar, de reparar en todos los detalles».

Una rana psicodélica

Courbett Magazine

Gabrielle Bell nació en Inglaterra, pero creció en California. En el 2011 se mudó a Nueva York. Ahora vive en Brooklyn, en un ambiente increíblemente creativo. Sus vecinos de arriba son también dos creadores de cómics: Jon Lewis y Karen Sneider. Cerca también viven Lauren Weinstein, Ariel Schrag y Julia Wertz, con los que queda a menudo.

Como a todos los críos, a Gabrielle le encantaba dibujar y, sobre todo, pintar. Un día pintó una rana un tanto extraña –«una rana con colores psicodélicos», recuerda— y con ella ganó un premio en el colegio. Un niño de su clase se encaró con ella («ni siquiera la has pintado con los colores que toca», le dijo), a lo que ella respondió con una sonrisa de orgullo. «Fue cuando pensé: bueno, pues debo tener talento», ríe pasados los años.

Gabrielle Bell fue una mala estudiante. «Mi mente simplemente no se centraba, estaba demasiado activa, desconectaba enseguida de lo que estaba intentando estudiar. Ni siquiera en clase de Arte podía prestar atención».

De joven quería ser escritora, pero un buen día leyó un libro que le cambió la vida: «Drawing on the right side of the brain«, de Betty Edwards. «Fue una revolución para mí. Fue entonces cuando comencé a dibujar cómics. Dibujaba todo el rato. Y me di cuenta que si continuaba dibujando iría mejorando con el tiempo. En ninguna otra actividad tenía esa sensación de poder mejorar progresivamente».

«Al principio solía escribir y no dibujar, pero me di cuenta de que mi escritura era más eficiente si dibujaba antes y así fue como me centré en el dibujo y perdí el hábito de escribir. Ahora escribir me intimida bastante. Cuando pienso en una historia, siempre es con imágenes».

Y así como comenzó todo. El problema fue que no tenía quien le enseñase realmente a avanzar. Tuvo que ser autodidacta y buscar a personas que le pudiesen ayudar. La primera en ser reclutada fue una compañera de clase de Arte con la que acabó haciendo un cómic breve que presentaron en una convención. «Allí fue donde, por primera vez en mi vida, conocí a gente que se dedicaba profesionalmente al cómic».

A Gabrielle Bell le encantó la atmósfera que se vivía en aquel mundillo. «La gente era muy amable y entendían por lo que estaba pasando. El mundo del cómic es muy solitario, tienes que pasarte muchas horas solo, trabajando sin parar. Tienes que tener una gran fortaleza interior para aguantarlo. pero encontré una comunidad de gente que me apoyó».

Comenzó a fijarse fechas límites empleando el calendario de convenciones a las que se presentaba religiosamente. En cada una de ellas aportaba un cómic breve que vendía por un precio irrisorio («normalmente, por tres dólares, que es lo que costaba imprimirlos»). Con el tiempo y mucho esfuerzo comenzó a tener seguidores.

Por aquel entonces, también comenzó el hábito de hacer un diario personal en forma de cómic. «Pero hacer un cómic lleva tanto tiempo que le acabé dedicando días enteros. Era compulsivo: quería incluir todos los detalles posibles. De hecho, decidí publicarlos para sentir que no estaba perdiendo el tiempo».

«Usaba estos diarios para buscar el significado de las cosas», explica. «Para mí, los diarios expresan la manera que tengo de entender lo que significa estar viva».

Dibujar y borrar

Courbett Magazine

Al principio, la aproximación de Gabrielle Bell al cómic fue my formal, teórica incluso. Se apuntó a talleres y a clases de arte, estudió y leyó un montón de libros sobre la materia, sobre cómo organizar la información visualmente. «Ahora que ya tengo experiencia, en cambio, el proceso es mucho más intuitivo. Más que en las imágenes, me fijo sobre todo en la historia que quiero contar. Ya no me paso tanto tiempo estudiando teorías sobre cómo hacer cómics».

Lo mismo le pasó con el color. Al principio, su obra era exclusivamente en blanco y negro. Luego optó por llenarla de color: «me di cuenta que el color ayuda a organizar la imagen de tal manera que puede llegar al cerebro más rápido y con más eficiencia. Mis dibujos son bastantes someros, con poca variación entre las líneas, con lo que el color ayuda al ojo a saber dónde comienza una parte y dónde acaba».

Otro elemento clave fue enfrentarse a sus propias emociones. No fue un proceso fácil, ni de lejos. Gabrielle Bell sufrió una depresión y en algunas de sus obras (en «Voyeurs», por ejemplo), transmite esa sensación angustiosa de desazón y vacío absoluto.

El hecho de dibujar, de algún modo, le ayudó. Eso, y una increíble disciplina. Sabe que en cualquier momento puede surgir la inspiración, algo o alguien que le dé pie a escribir una historia. Y ella siempre está preparada: «todo es cuestión de lápiz y borrar, comenzar otra vez; lápiz y borrar y comenzar otra vez. Así todo el rato».

Gabrielle Bell, sobre todo al principio de su carrera, buscó «feedback» de su carrera y no siempre las críticas fueron del todo constructivas. Una persona le comentó que «seguramente tendrás que acabar ilustrando libros para niños». «Muchas de las críticas estaban relacionadas con ser mujer. A las niñas no se nos fomenta a ser autobiográficas. Siempre nos dicen que debemos estar, digamos, avergonzadas de explicar nuestra vidas, de llevar diario, de cosas así».

«Existe una clara mentalidad masculina y blanca en el mundo del cómic», critica. «Hay algunas autoras de cómics muy buenas, como Julie Doucet, Lynda Barry y Carol Tyler. Aline Kominsky-Crumb es todo un referente. Pero como son mujeres no se las aupa al Monte Rushmore de los autores».

Ella también ha tenido que sufrir esta indiferencia: «el sexismo en general se ha vuelto más sutil», reconoce. Cada vez hay más mujeres artistas y escritoras, pero no siempre están representadas. No siempre se las ve.

No os perdáis su obra.

Sobre Courbett

COURBETT es una revista online sobre Libros, Arte, Cultura y Diseño con una mirada muy internacional.

CONTACTO

contacto@courbettmagazine.com

Más artículos
La revolución de Penguin Books: las portadas del pingüino que cambiaron el mundo editorial

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies