Courbett Magazine Revista de Arte, Cultura y Diseño

Muchas veces creemos que necesitamos la fantasía para evadirnos de la realidad cuando, en verdad, el mundo que nos rodea nos ofrece especímenes tan fascinantes y sorprendentes como los que encontraríamos en las páginas de un cuento. Tan sólo hay que mirar alrededor con los ojos bien abiertos y la mente despejada, libre de clichés sobreimpuestos. Y, así, en los pequeños detalles y nimios gestos, nos percataremos de un nuevo recital para los sentidos: la majestuosidad de los colores aleatorios de una ropa colgada en un tenderete roído, la belleza de una pared olvidada en un rincón perdido, la hermosura de una melodía cazada al viento.

Al menos, así lo entiende una magnífica ilustradora, Montse Rubio, que considera que lo extraordinario se encuentra en lo ordinario y que el mundo que nos rodea nos aguarda con sorpresas si somos capaces de dejar a un lado los prejuicios y mirar a nuestro alrededor con mucha curiosidad. Y para prueba, toda la obra de esta creadora de mundos mágicos que están esperando a ser descubiertos.

 

 

He descubierto el excelente trabajo de esta ilustradora con “Guía de monstruos, bestias y seres extraordinarios” (editorial Edelvives), un libro que sólo tiene un fallo: no existía cuando yo era pequeña. Como tampoco existía otra joya de esta ilustradora, “Compendio de Herbas Máxicas” (2012, Baía Editores), que es un auténtico manual del trabajo bien hecho: increíblemente bien editado, con ilustraciones de ensueño y una historia inteligente, imaginativa y fantástica.

He de reconocer que he disfrutado como una enana con “Guía de monstruos, bestias y seres extraordinarios”, la deliciosa historia de las criaturas que pueblan Villaespina, una casa muy peculiar situada en un punto secreto para todos los humanos de la región de “Enunlugarremoto”. El libro recopila los trabajos de tres peculiares naturalistas para documentarlos. Tenemos a Severina Malespina, una eriza exploradora que es miembro de la sociedad Malaespina; es un ser intrépido que va a todos los sitios con sus pinceles y lápices de colores. También tenemos a Pimpinela Dosplumas, una ardilla sabionda que tienen una obsesión por contar todo lo que le rodea y que está continuamente catalogando sus descubrimientos. Y tenemos, por último, a Odila Libella, una marta inventora, una auténtico genio que es tan despistada que a menudo no se acuerda de lo brillante que es.

Entre las tres recopilaran, documentaran y estudiaran a curiosas criaturas con nombres simpáticos: pelizancos, trotacaminos, calabacinos, hurtogatos, por ejemplo. Esta es una guía de bestias varias: bestias domésticas, seres hortícolas, bestias jardineras, seres acuáticos y monstruos boscosos. Además, descubriremos frutas como las frambusinas y las frésidas, y a animales curiosos, como los abejardos, que “enseñan a cada tipo de insecto a zumbar su particular melodía”. También conoceremos a Autumnus, una bestia que lleva el otoño en su interior y que hace caer las hojas allá por donde pasa. También está Rita Saltacaminos, una cabra que se aburría como una ostra y decidió un buen día escaparse para vestirse como una bandolera y desde entonces asalta caminos. Por no hablar de “Ignatius Mistos”, que mantiene encendido el fuego de Villa Espina y odia y el agua; o el “verdejo”, que surfea en las olas de la taza del váter.

Es este “verdejo”, precisamente, uno de los personajes favoritos de Montse Rubio. La ilustradora se puede ver en algunos personajes: Montse es muy despistada como Odila, organizada como Pimpinela y amante de los dibujos como Severina. Las cuatro, de hecho, forman una especie de hermandad que reivindica el papel de la mujer en el mundo; las cuatro son mujeres valientes, brillantes, creativas y fabulosas que encima tienen un gran sentido del humor.

Entre las cuatro, además, crean (o, más bien, descubren) un mundo fabuloso, onírico y sumamente entrañable que te encantaría hallar un buen día. Y aquí hay que destacar la maravillosa imaginación y capacidad creativa de Montse Rubio: lo fácil hubiese sido apoyarse en viejas historias o en fábulas ya contadas y darles un nuevo enfoque. Es lo que hizo, por ejemplo, J. K. Rowling en “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”. Y lo que hacen tantos otros autores. Sin embargo, Rubio opta por el camino más difícil pero también más gratificante: dar rienda suelta a su inmensa imaginación y crear desde la nada criaturas que nos hubiesen encantado que existiesen de verdad.

Y luego, claro está, está el increíble nivel de las ilustraciones. Beatrix Potter es la primera persona que a mí me vino a la cabeza, por el estilo tierno de dibujos para cuentos infantiles; pero lo justo es citar a Norman Rockwell, el icónico ilustrador estadounidense de técnica depurada y detallista.

 

Si Norman Rockwell se hubiese dedicado a crear libros infantiles, hubiese creado algo parecido a “Guía de monstruos, bestias y seres extraordinarios”. Así de buena Montse Rubio es. Aunque puntualizo: éste no es sólo un libro para niños, sino para todo aquel con una imaginación desbordada y pasión por las ilustraciones de extrema calidad.

 

Se dice que el verdadero genio de Norman Rockwell no es su técnica, por fabulosa que sea, sino su capacidad para transformar lo ordinario en extraordinario. Y Montse Rubio hace lo mismo: una pequeña criaturita mágica de repente toma vida propia y adquiere en nuestras imaginaciones una biografía propia, e historias por su cuenta.

La técnica empleada sin duda ayuda. Montse Rubio no ha sucumbido al ordenador y todavía usa la acuarela como medio básico. La acuarela le otorga más libertad para aplicar color y le permite una maniobra de movimiento que ninguna otra técnica le facilita. La “Guía de monstruos, bestias y seres extraordinarios” está hecha íntegramente en acuarela y lápiz. Incluso para las etiquetas ha usado recortes de papeles antiguos que luego ha organizado como si fuera un collage al que añadió las ilustraciones y el texto.

El resultado, desde luego, es un festín para los sentidos desde la misma portada. En una entrevista, le preguntaron a esta excelente ilustradora qué grupo sonaría si su arte fuera música. Ella contestó que “ojalá sonara algo entre Ludovico Einaudi, jazz y Chopin”. Es una bonita selección, dulce, tranquila y relajante.

Pero, Montse, como Odila Libella, olvida lo buena que es. Si su obra fuese música, la verdad es que sonaría Johan Sebastian Bach o Gustav Mahler: delicada y profunda, tocando notas del alma, con una calidad difícilmente superable.

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