In memoriam de Toni Morrison, la gran cronista de la América negra

La famosa escritora estadounidense Toni Morrison murió ayer a los 88 años de edad. Atrás quedaba una carrera de casi seis décadas en las que escribió once novelas, cinco libros infantiles, dos obras de teatro, varias canciones y una ópera. Y, a pesar de que en la década de los setenta fue ignorada como escritora, llegó a ganar el Premio Pulitzer y en 1993 le concedieron el Premio Nobel de Literatura: fue la primera mujer negra en recibirlo. 

Fue, sin duda, la gran cronista de la América negra. Morrison dio voz a historias silenciadas, marginalizadas y difíciles en que hombres y mujeres negros eran protagonistas. Con un estilo literario exquisito, donde incorporó expresiones típicas del habla de los negros estadounidenses, creó personajes inolvidables y poliédricos e inmortalizó historias que, de no haber sido por ella, hubiesen acabado en el olvido. 

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Toni Morrison detestaba que la llamasen “una escritora poética”. 

Todo comenzó cuando en 1970 Toni Morrison publicó su primer libro, “The Bluest Eye”, y John Leonard, un crítico del New York Times, en un tono elogioso, aseguró que su prosa era “tan sencilla, tan verídica y cercana al habla real y tan cargada de dolor y asombro que la novela se convierte en “poesía”. Y a partir de ahí, cualquier crónica sobre Toni Morrison y cualquier crítica literaria de cualquiera de sus once novelas siempre ha subrayado la “cualidad poética” de su obra. Incluso cuando le concedieron en Nobel de Literatura en 1993 el jurado reconoció que “sus novelas se caracterizan por una fuerza visionaria y un gran dominio poético”. 

Pero ella lo odiaba. 

Centrarse en la “poesía” le robaba atención al poder y resonancia de las historias que contaba. Ella quería que la atención la tuviesen sus protagonistas y sus avatares. Quería que se leyese sobre sus experiencias: sobre las vivencias de negros estadounidenses, sobre el racismo permanente y letal que sufrían. 

“No quiero que mis libros sean solo, o meramente, literarios”, reconoció Toni Morrison en una entrevista a “New Republic” en 1981. “Por eso no me gusta que se llame a mis libros “poéticos”. Porque tiene la connotación de riqueza exuberante. Quiero restituir el lenguaje que los negros hablaban a su poder original. Y ello implica un vocabulario que es rico pero no ornamental”. 

La queja era perfectamente legítima. Porque aunque su estilo narrativo era brillante y con un lirismo magistral, sus libros no son ejercicios estilísticos sino, ante todo y sobre todo, un desgarrador testimonio de lo que significa ser negro en la América de las últimas décadas. O, mejor dicho, lo que significa ser una mujer negra.

"Ojos azules" de Toni Morrison

Nunca escatimó detalles, ni dulcificó ningún aspecto. Son libros duros y contundentes con los que Toni Morrison trató de dar voz a historias silenciadas. En su primer libro, “The Bluest Eye”, la protagonista, Pecola Breedlove, una niña negra de once años, es violada por su padre. En “Beloved” (publicada en 1987 y por la que ganó el Pulitzer) una mujer esclava mata a su hija para que no sufra la opresión que ella ha tenido que soportar. 

No eran historias fáciles de contar y ella, además, se regodeaba en la complejidad de las tramas. Le gustaba añadir capas narrativas, escribía con grandes saltos temporales, superponía voces de diferentes personajes y mezclaba lo mítico, lo mágico y lo supersticioso (por lo que muchos la comparaban con el realismo mágico de Gabriel García Márquez, comparación que ella nunca entendió del todo). 

En todas sus obras había un denominador común: la esclavitud y su legado. El pasado siempre se manifestaba en un presente angustioso y horrendo: un mundo de violencia, asesinato, alcoholismo, violaciones e incesto narrados al detalle. Pero también un presente donde las familias y las comunidades tejen fuertes lazos de apoyo y supervivencia. 

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Su padres la llamaron Chloe Ardelia Wofford. Nació en 1931 en Lorain, un pueblito de Ohio que vivía del acero. O, más bien, malvivía, porque en aquella época el país sufría los peores años de la Gran Depresión. Su padre, George Wofford, era soldador de barcos; su madre, Ramah Willis, era ama de casa. Ambos provenían de estados del Sur, donde sus abuelos habían sido esclavos. 

La familia (los padres, cuatro hijos y una abuela, Ardelia Willis) vivían en un pequeño apartamento y allí la pequeña vio cómo su padre tenía que encadenar varios turnos seguidos para llegar a fin de mes. Incluso para poder enviarla a la Universidad tuvo que incrementar la jornada y sumar otro trabajo. 

Seguramente a ella quien más le marcó fuera su madre, una mujer con una gran imaginación y talento musical, que le trasmitió su gusto por contar historias. Sobre todo, historias tradicionales, del folklore afroamericano, y también historias de fantasmas y fenómenos paranormales. 

A esto se le sumó su pasión por la lectura (de muy joven ya leía a Austen, Richard Wright, Mark Twain y Tolstoy) y una gran determinación a temprana edad. Con doce años, de hecho, tomó la decisión de convertirse al Catolicismo y adoptó el nombre de “Anthony”, por San Antonio, como su nombre bautismal.

Comenzó a ser conocida como Chloe Anthony Wofford. O, para abreviar, como “Toni”. 

El racismo estaba presente todos los días de su vida. Una vez, conversó con otra niña negra sobre si Dios existía. Toni defendía que sí y la otra decía que no. “Y tengo la prueba”, aseguró. “He rezado mucho y no me ha dado los ojos azules que pedí”. Aquella niña, de tantas miradas desaprobadoras que había recibido de los blancos, había llegado a odiarse a sí misma y sólo quería parecerse a ellos, “tener los ojos azules”. 

"La canción de Salomón" de Toni Morrison.

Según ella misma reconoció, su madre tenía esperanzas en que, en el futuro, la relación entre blancos y negros mejorara. Pero su padre “desconfiaba de cada palabra y cada gesto de cada hombre blanco del planeta”. De pequeño había visto cómo blancos linchaban a dos hombres negros y de mayor había tenido que sufrir que el casero les incendiase el apartamento cuando no pudieron pagar la renta. Aquello le generó un gran odio. Incluso una vez lanzó a un hombre escaleras abajo y le lanzó un triciclo sólo porque pensó que había querido molestar a sus hijas. “Creo que mi padre se equivocó”, escribió Morrison, “pero considerando lo que he visto desde entonces, creo que fue muy sano para mí que aquel fuera la primera vez que veía a un hombre negro y blanco juntos”. 

De adolescente, Toni comenzó a limpiar casas de familias blancas y trabajó de secretaria en la Biblioteca pública de Lorain. Luego fue a la universidad Howard de Washington, donde estudió Literatura Inglesa y se unió al grupo de teatro (con él fue por primera vez a los estados del Sur, todavía segregados). Más tarde hizo un máster en Literatura Inglesa en la prestigiosa universidad de Cornell. Su tesis final se centraba en la obra de William Faulkner y Virginia Woolf. 

Cuando se graduó, volvió a Howard como profesora, se casó en 1958 con el arquitecto jamaicano Howard Morrison (de quien tomó el apellido) y tuvo dos hijos, Ford y Slade. También se unió a un taller de narrativa de ficción: ahí fue cuando comenzó a escribir en serio. De hecho, comenzó a escribir sobre una niña que quería tener los ojos azules. Años más tarde, sería el germen de su primera novela. 

Pronto su matrimonio se derrumbó. Su marido esperaba que ella fuese más servil y complaciente y ella, tras años de infelicidad, se divorció y se trasladó con sus hijos a Siracusa, en el estado de Nueva York. Trabajaba en la ciudad de Nueva York como editora de textos educativos en la editorial Random House. Con el tiempo, acabó mudándose a la Nueva York. 

El cambio no fue sencillo. “Me sentía muy sola”, reconoció. “Vivía con mis dos hijos en un apartamento muy pequeño. Comencé a escribir para hacer algo por las noches, después de que los niños se hubiesen dormido”. Escribir antes del amanecer se convirtió en un hábito, aunque al principio la escritura fuese simplemente un hobby del que no habló con nadie. 

Y eso que como editora comenzó a despuntar. Toni Morrison trabajó como editora durante veinte años. Ayudó a que escritores negros publicasen obras: “quería desarrollar un cánon de obras escritas por negros”. Así publicó obras de Angela Davis, Gayl Jones, Toni Cade Bambara y Muhammad Ali. También publicó en 1974 “The Black Book”, sobre más de tres siglos de historia afroamericana. 

En medio del trabajo de edición, y cuando ya estaba cerca de cumplir los cuarenta años, Toni Morrison escribió “The Bluest Eye” para contrarrestar el eslogan facilón entonces en voga: “Black is beautiful” (lo negro es bonito). “Por aquel entonces, la gente decía lo negro es bonito y yo pensaba “por supuesto. ¿Quién ha dicho que no lo sea?”, reconoció en una entrevista al británico The Guardian. “Así que lo que intenté expresar fue: un momento, chicos. Hubo un tiempo en que lo negro no era bonito. Y hacíais mucho daño”. 

Se acordó de aquella niña de su infancia que deseaba tener los ojos azules y escribió el libro que ella deseaba leer pero que todavía no había encontrado en ningún otro autor: una historia que profundizaba en la vida de una niña tan infectada de racismo que llega a odiarse a sí misma. En “The Bluest Eye”, el padre de la chiquilla, borracho y salvaje, la viola, según él, para demostrarle que era bonita. La niña se queda embarazada y se vuelve loca, pensando finalmente, en medio de sus desvaríos, que por fin tiene los ojos azules. 

El libro ya aventuraba las señas de identidad de todas sus novelas posteriores: la historia trágica de los protagonistas que se engarza en una historia general de la comunidad negra, la búsqueda de un lugar en el mundo, el poder de la comunidad y la importancia que las mujeres tienen para forjar lazos que mantengan las familias y grupos de amistades. 

"Sula" de Toni Morrison

Las mujeres como elemento de supervivencia. Este tema lo exploró magistralmente en su siguiente libro, “Sula”, publicado en 1893, sobre dos mujeres negras que rompen su amistad después de muchos años. 

Luego vino “Song of Solomon” (1977), una épica familiar centrada en Macon Dead, conocido como “Milkman”, un hombre que busca su identidad a través de su pasado. Es el relato de un viaje a través de la Pennsylvania rural donde, con la excusa de superar un trozo de oro que había pertenecido a su familia, el protagonista se busca a sí mismo. 

El libro, absolutamente magistral, fue comparado con “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez y fue la obra que la catapultó a la fama. 

Después publicó “Tar Baby” (1981) y más tarde “Beloved”, su obra más conocida, probablemente su obra maestra. Estaba inspirada en la historia real de una esclava, Margaret Garner, que fue apresada cuando huía de Kentucky en 1850 y que cortó la garganta de su hija de tres años antes de ser devuelta a su propietario. 

El libro, centrado en el siglo XIX, mira a la protagonista dieciocho años después del terrible suceso, cuando ya liberada, había reasumido su vida en Cincinnati con su otra hija, Denver, de la cual estaba embarazada cuando mató a la otra. Un buen día, una extraña y silenciosa joven, un poco más mayor que Denver, llama a su puerta. “Beloved”, como se llama la chica, se incorpora a sus vidas, como si fuera un fantasma de lo que la difunta hija podría haber sido. 

En total escribió once novelas. Escribía siempre a mano, con un lápiz del número dos y una libreta de hojas amarillas. Una vez que ya tenía un borrador avanzado, lo pasaba a ordenador y ahí empezaba a revisar palabras y párrafos. Una vez intentó emplear una grabadora, pero fue un desastre.

Nunca leía sus obras en voz alta hasta que estuvieran publicadas y el proceso de revisión era minucioso: le quitaba la artificialidad al texto, lo dotaba de lenguaje coloquial, combinando lo conversacional con lo lírico. Muchas veces, cuando releía sus novelas se lamentaba de no haber quitado párrafos enteros. 

Nunca tuvo una gran corazonada: uno de esos momentos de gloria en que toda la idea de una novela, con toda la trama y los personajes, aparece de golpe, perfectamente delineados. Ella comenzaba con una idea al azar y poco a poco le daba forma. Normalmente, transformaba un primer pensamiento en una pregunta. Y, a partir de ahí, buscaba respuestas. 

No quería una explicación rápida y obvia: a Toni Morrison le interesaba la complejidad, los matices. 

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