Migrantes Issa Watanabe

Ver a los refugiados con ojos de niño

Courbett Magazine

Hace unos años, al inicio de la crisis de refugiados, la ilustradora peruana Issa Watanabe vio unas imágenes muy impactantes de unos niños en un campo de refugiados y comenzó a dibujar. No tenía una historia determinada en la cabeza, ni había pensado en ningún guión, pero sentía que de algún modo tenía que explicar la historia de aquellos niños y de tantos otros que han de dejar sus hogares y familias atrás y embarcarse en un viaje incierto lleno de riesgos y peligros. 

Así fue como nació “Migrantes”, un álbum ilustrado sin texto que cuenta la historia de unos animales que han de dejarlo todo y partir sin mirar atrás. Del león al rinoceronte, del elefante al ratón, el búfalo, el tucán, el cerdo, el cocodrilo y el flamenco. Todos habrán de cargar con sus pocas posesiones, abrigarse con mantas y emprender un largo viaje en el que saben que no volverán jamás a su hogar. 

Migrantes de Issa Watanabe -- Libros del Zorro Rojo

Sin una sola palabra, Issa Watanabe es capaz de explicarnos con una extraordinaria fuerza visual el periplo de unos animales que dejan atrás un bosque nocturno que carece de hojas y que se embarcan en una travesía donde les esperan no pocos obstáculos, donde la muerte siempre estará presente, pero donde también habrá lugar para la esperanza. 

Ésta es la historia de una travesía única, de una gran migración. Sin duda es un álbum duro, con una historia difícil y cruel, pero también es una obra llena de gestos de ternura, de compañerismo y de solidaridad. Una obra para acercar a los más pequeños a la realidad de los millones de refugiados que, como estos animales, han de abandonar toda su vida y comenzar desde cero. «El libro no lleva texto, así que cada uno tiene que pensar qué ha podido ocurrir», comentó la ilustradora.

«Migrantes» de Issa Watanabe es una poderosa obra –emotiva, conmovedora, impactante– sobre una realidad a la que damos la espalda y no queremos ver.

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Desde luego, la ilustradora peruana Issa Watanabe no escoge una temática fácil, y menos teniendo en cuenta que es un álbum infantil. Pero precisamente por ello esta obra es tan valiosa. Porque no esconde una realidad, sino que la contextualiza para que un niño o una niña pequeños la puedan conocer. Porque no emplea eufemismos, ni edulcora una situación dura, peligrosa y compleja.

Por las páginas de este libro transcurrirán campos de refugiados y pateras que habrán de sortear una mala mar. Desde imágenes de lo cotidiano (el cocinar, el abrigarse, el dormir un rato, el ayudarse los unos a los otros) se explica la tragedia de los millones de refugiados. Son imágenes para la reflexión, la empatía y también la solidaridad.

«Estoy convencida de que es importante hablar de estos temas con los niños, se puede hablar de todo con ellos si se utiliza un lenguaje apropiado. Los solemos proteger demasiado y son parte de nuestra sociedad; ellos también viven experiencias que no son agradables y los libros son catalizadores de estas cosas», comentó Watanabe en una entrevista.

Issa Watanabe es una defensora de una ilustración infantil que mantenga la ternura y la inocencia de las edades más pequeñas, pero que exponga a los niños y niñas a realidades complejas. Tratar con sinceridad cuestiones como las guerras, el racismo, el clasismo, la homofobia y el machismo. «El mundo está lleno de complejidades, de cosas dolorosas», explica esta ilustradora peruana. «No todo es felicidad, evidentemente. Primero, es importante que el lenguaje sea apropiado, y si lo es, creo que se puede hablar a los niños de cualquier cosa. No hay un tema prohibido para los niños, el tema está en cómo se les cuenta, cómo se explica».

Watanabe también defiende una ilustración pensada para niños, no para adultos. «Hay muchos ilustradores que hacen libros para niños que no están pensando en ellos», reconoce. «Tienen algo mucho más estético, más artístico. De repente abres la hoja y solo hay una línea y un muñequito… Yo creo que mirar eso puede ser placentero para un adulto, pero a un niño no le dice nada, no le comunica cosas, no lo está entreteniendo, no lo está mirando, no está usando su lenguaje. Yo creo que los libros que hago sí intentan hacer eso. Digamos que no soy muy técnica, pero trato de hacer al detalle la sonrisita, la cara triste del monito».

"Migraciones" de Issa Watanabe -- Libros del Zorro Rojo.
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Lo suyo, desde luego, es pura artesanía. Le gusta el trabajo lento, manual, delicado. Construir, moldear, recortar, pintar. «Si hay una ilustración mía que tiene un árbol con ramitas de cartón, las recorto, las armo, les tomo fotos…». No trabaja apenas con herramientas digitales y, de hecho, su libro «Migrantes» está hecho prácticamente a base de lápices de color. «De todas las técnicas, es la que más disfruto. Los lápices te obligan a ir despacio, a cambiar el ritmo, a ser paciente, a cuidar los detalles. Todo el libro lo he hecho con los lápices acuarelables Albecht Dürer profesionales de Faber-Castell«.

A Issa (su nombre en japonés significa «algo sencillo») le gusta reírse y le divierte lo absurdo. Es familiar y le gusta estar rodeada de personas a las que quiere. Pero para trabajar necesita estar completamente sola. «No puedo trabajar en una oficina ni en casa. Necesito encerrarme». En Lima trabaja en un taller, una suerte de refugio, en donde no tiene Internet ni teléfono.

«Soy una caótica», reconoce con humor. «Convencionalmente, uno hace un storyboard y hay una estructura muy clara. Yo no. Empiezo a dibujar al personaje, luego sigo con la escena que más me ha atrapado –es algo intuitivo, muy rápido–y, quizás, ese episodio está al final del libro. Muchas veces he tenido problemas por eso. Me ha llegado a pasar, incluso, que leí un texto y en la primera lectura había una mujer que estaba tendiendo una camisa y salía volando. Hice un montón de dibujos de la mujer volando, pero, como yo tuve en la mente la primera imagen de ella con una mancha blanca por los aires, terminó siendo una sábana. Luego me di cuenta de que debía ser una camisa, pero había avanzado tanto que le tuvieron que preguntar al autor si podía cambiarse por una sábana. Al final quedó como la dibujé».

Ilustraciones de Issa Watanabe para "Las pequeñas aventuras de Juanito y su bicicleta amarilla".
Ilustraciones de Issa Watanabe para «Las pequeñas aventuras de Juanito y su bicicleta amarilla».
Ilustraciones de Issa Watanabe para "Las pequeñas aventuras de Juanito y su bicicleta amarilla".
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Issa Watanabe nació en Lima y creció en Barranco. En su casa estaba rodeada de arte: veía dibujar a su madre, la ilustradora Gredna Landolt, mientras su padre, el poeta José Watanabe Varas, componía poemas. «Tuve suerte porque mis papás eran lo menos cuadriculado que había. Los dos eran muy cariñosos». Con semejante ecosistema, no es de extrañar que Issa se acostumbrase desde pequeña a crear mundos, a inventarse personajes que le contaban historias, que conversaban «y tomaban café». De hecho, cuándo le preguntan cuando comenzó a dibujar ella siempre responde con una frase del artista brasileño Vik Muñiz: «no recuerdo cuándo empecé a dibujar, no tengo ni idea, pero sí recuerdo cuándo los demás dejaron de hacerlo».

Isse se diplomó en Letras en la PUCP, la Pontificia Universidad Católica de Lima. A los diecinueve años se fue del Perú porque estaba triste. Viajó a Mallorca un verano, donde vivió en una casa sobre el mar, y al regresar a su ciudad natal no lo soportó mucho tiempo y volvió pronto a hacer las maletas. Volvió a las Baleares: «el mar lo cura todo», reconoce. Allí comenzó cursos de Ilustración e Historia del Arte en la Escuela de Diseño, aunque no llegó a acabar la carrera de Bellas Artes.

El pájaro pintado de José Watanabe. Ilustraciones de Issa Watanabe.

Su carrera se centró en la fotografía y en las instalaciones artísticas y no volvió a dibujar hasta que no regresó a Perú. Fue entonces cuando le encargaron ilustrar un cuento de su padre, «El pájaro pintado«. «Fue difícil. Era la primera vez, después de años, que volvía a dibujar». Pero el proceso, a pesar de la carga emotiva, fue fácil porque su padre había dejado especificaciones de las imágenes. «Como si fueran escenas, porque además él era guionista y trabajaba en el cine. Lo había escrito como una especie de película y te decía cosas como: «y en la siguiente imagen el pájaro está volando en picado, y en la esquina superior izquierda asoma…» En otro contexto lo hubiera tomado como un aporte del autor. Pero en este caso era «¿cómo no vas a hacerle caso a las últimas palabras de tu papá?». Fue muy duro, pero a la vez fue mi manera bonita de despedirme de él».

A partir de ese momento comenzó una carrera como ilustradora que le ha valido unos cuantos premios. Sus ilustraciones para «Mas te vale, mastodonte«, por ejemplo, recibieron el premio internacional al mejor álbum ilustrado del año del Fondo de Cultura Económica de México. También ilustró «Las pequeñas aventuras de Juanito y su bicicleta amarilla«. «Migrantes«, no obstante, es un salto hacia adelante en su carrera: es su primer libro en solitario.

En todas sus obras a una calidad gráfica innegable, pero también, y sobre todo, una invitación a una lectura más pausada y serena. A hablar y conversar sobre detalles y anécdotas. «Me parece que ahora hay demasiada información», comenta. «Todo es muy rápido, estamos acostumbrados a una velocidad de locura. Los dibujos animados que ve Mae [su hija] son todos violentos, rapidísimos, no termino de entender. Hay mucha bulla por todas partes. Y ella está viendo eso y de pronto cambia de canal y todo es igual. Antes, los dibujitos se hacían en 2D, todo era más lento. Leer (como ver un cuadro maravilloso o una escultura) te lleva a otro ritmo, a otro tiempo, a una pausa importante. Una pausa en la que el niño imagina, cierra cosas en su cabeza. Si no hay imágenes, las construye; y si las hay, las completa. Eso no pasa en la televisión o con los vídeos, los niños no interactúan como sí lo hacen con la lectura».

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